Edición Cero

Anyelina Rojas Valdés.- Después de haber sido acusado de una conspiración destinada a asesinar a los oficiales de las FF AA, -lo que sus... Haroldo Quinteros por anulación de consejos de guerra. “No sólo éstos fueron ilegales, sino el estado de guerra declarado por la dictadura de 1973”

Anyelina Rojas Valdés.- Después de haber sido acusado de una conspiración destinada a asesinar a los oficiales de las FF AA, -lo que sus acusadores llamaron “Plan Z”-, el profesor Haroldo Quinteros Bugueño, fue condenado a muerte en un Consejo de Guerra realizado en Pisagua. Por la intervención del mayor Enrique Synn, se le cambió la condena por presidio perpetuo. Así, luego de pasar por Pisagua, de haber sido víctima de brutales torturas, de pasar por la cárcel de Santiago, de partir al exilio y volver a Chile, 45 años después, la Corte Suprema anula el Consejo de Guerra, donde además fueron juzgados otros diez dirigentes del Partido Socialista, entre ellos Renato Jesús Vargas Contreras, que estaba condenado a muerte, Eduardo Espinoza Opazo, que lo estaba a presidio perpetuo, el alcalde Jorge Soria Quiroga y el Intendente Ernesto Burgos Carrasco.

¿Tan Peligroso era Haroldo Quinteros? Formaba parte del Comité Regional del Partido Socialista y se desempeñaba como docente en la Universidad de Chile, sede Iquique. La actividad política que realizaba, principalmente se centraba en la Radio Esmeralda, donde hacía comentarios políticos. Era un intelectual al micrófono. Y seguramente, eso revestía un gran peligro a ojos de los militares.

La Radio Esmeralda, que se ubicaba en Obispo Labbé con Tarapacá, pertenecía a una sucesión que no tenía mucho interés de mantener el medio, así que el Partido Socialista de Iquique, decidió hacer una campaña para adquirir la emisora. Y con el apoyo del PS nacional, finalmente lo lograron. Y ahí Haroldo Quinteros se transformó en una de sus voces.

Tras el golpe militar, en realidad, de inmediato, los militares confiscaron la Radio Esmeralda, apropiándosela y usándola para transmitir sus bandos militares y llamar a las personas que se presentaran porque eran requeridas por la autoimpuesta nueva autoridad. Muchos creyeron en el llamado, confiaron en que no les pasaría nada…. Algunos nunca volvieron.

Siempre en dictadura, la radio fue vendida a un particular y cambio de nombre. Radio Nacional se llamaba. “Nosotros hicimos un gran esfuerzo por adquirir la radio. Realizamos actividades sociales para recolectar los recursos necesarios. Creo que es hora ya de indagar y ver qué paso, porque un particular se benefició aviesamente con esta compra y eso debe aclararse”, señala hoy Haroldo Quinteros.

Y hoy habla como inocente de los graves cargos por los que su vida cambió para siempre. “Pero me mantengo íntegro, digno y con mis ideales intactos”, afirma, actitud que tiene hasta ahora que se enteró del fallo de la Corte Suprema.

-Se ha hecho justicia al anular el juicio que te condenó, pero 45 años después, ¿Qué sientes?

-Que se tardó demasiado, lo que no solamente es una injusticia sino una falla legal. Desde hacía mucho tiempo que los tribunales de Justicia y la propia Corte Suprema sabían que este juicio fue totalmente inválido, no sólo porque las “confesiones” que justificarían sus sentencias, no fueron tales, sino dichos obtenidos bajo tortura, como lo señala la resolución de la Corte, sino – por lo menos- porque el estado de guerra declarado luego del golpe de estado de 1973 fue ilegal. Para rematar, las penas de muerte que se aplicaron a quienes fueron fusilados no fueron objeto de fallo unánime del consejo de guerra, según lo exigía la propia ley en “tiempos de guerra.” El mayor Enrique Synn votó en contra de todas las penas de muerte, entre ellas la mía y la de Renato Vargas. Se nos conmutó la pena de muerte por presidio perpetuo a unas horas que se realizaran las ejecuciones.

-¿En ese proceso de detención, de qué te acusaron y por qué puntos de detención pasaste en el largo periplo?

-La primera decisión tomada por la dictadura luego del golpe de estado de 1973 fue tan criminal como política. Consistía en eliminar físicamente a los dirigentes del Partido Socialista de Chile, del cual fui miembro y dirigente en Iquique, además de ser profesor titular en el departamento de Educación de la Universidad de Chile en su sede de Iquique. A los miembros del Comité Regional del partido se nos acusó de ser parte de una conspiración destinada a asesinar a los oficiales de las FF AA, a la que, como se sabe, se le llamó “Plan Z.” Como ha sido ampliamente probado, tal plan fue un burdo invento tramado por el Departamento de Estado de EE UU y los organizadores del golpe de estado de 1973. Estuve detenido en el regimiento de Telecomunicaciones de Iquique, en el campo de concentración de Pisagua, en la cárcel de Iquique y en la Penitenciaría de Santiago.

-¿Fuiste objeto de torturas en tu cautiverio?
-Sí, y brutalmente, lo que está totalmente acreditado por el Servicio Médico Legal y que consta en la resolución de nulidad del juicio.

-Estuviste exiliado en Alemania, ¿cómo fue tu retorno a Chile?

-Salí de Chile en enero de 1976. De la Penitenciaría fui llevado al aeropuerto de Pudahuel y embarcado a Bélgica, país que ofreció asilo a mí y a mi familia (mi esposa Nora y nuestra hija Leonor de 5 años). La presión internacional y del propio gobierno de EE UU, obligó a la dictadura a decretar una amnistía en favor de algunos exiliados en 1983. Volví apenas pude hacerlo, en 1985, desde Alemania, porque luego de vivir unos meses en Bélgica obtuve una beca doctoral en Alemania, donde residimos una década. Hasta bastante tiempo del fin de la dictadura, no tuve trabajo con arreglo a mis competencias profesionales y académicas. Pude reintergrarme a mi antigua universidad, hoy Universidad Arturo Prat, sólo en 1994.

-Después de todo lo vivido, ¿Cómo lograste reconstruir tu vida, no llenarte de odio y lograr ser feliz?
-Trabajando, siempre trabajando y muy unidos como familia, la que se agrandó en el exilio con nuestra segunda hija, Rosa, que nació en Alemania en 1979. En cuanto a “odio,” sólo puedo decir que éste es una pasión, y como intelectual trato de evitarla. Pero es imposible evitar mi anhelo de justicia hasta las últimas consecuencias. No sólo se trata de mi vivencia personal, sino el martirio de miles de chilenos, entre ellos algunos de los mejores amigos que tuve en mi vida. Obviamente, la ausencia de justicia aún imperante en Chile no puede convertirme en una persona totalmente feliz.

-Más allá de tu caso particular, ¿Cuál es tu análisis de esta justicia tardía, que llega incluso, cuando muchos de los afectados ya murieron? ¿Qué implicó ello para la sociedad chilena?
-Como ya observé anteriormente, la tardanza de la justicia sigue liberando a muchos de los hechores de los atroces crímenes que se cometieron en dictadura, individuos que están totalmente identificados y que transitan impunemente por las calles. Es la falta de justicia, además del injusto orden económico de Estado impuesto en Chile por la fuerza bruta, lo que aún mantiene gravemente herida a nuestra sociedad. Mientras estas dos situaciones persistan, no cesarán en Chile las rebeliones populares; por el contrario, se agravarán. Por desgracia, nada indica que la clase política esté realmente interesada de terminar con ellas de raíz.

NOTAS RELACIONADAS

Otro fallo de la Corte Suprema, que 45 años después anula sentencia de Consejo de Guerra realizado en Pisagua, por el que fueron condenados tres prisioneros políticos

Senador Jorge Soria, Haroldo Quinteros y otros políticos también fueron procesados en Consejo de Guerra que condenó a muerte a cuatro personas y cuya nulidad fue ratificada por la Corte Suprema

 

Una respuesta a “Haroldo Quinteros por anulación de consejos de guerra. “No sólo éstos fueron ilegales, sino el estado de guerra declarado por la dictadura de 1973””

  1. Pato Neira dice:

    Impresionante testimonio