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Profesor Haroldo Quinteros Bugueño.-  El golpe de estado de 1973 fue en términos técnicos una acción militar llevada a cabo por las Fuerzas Armadas... A 53 años del golpe

Profesor Haroldo Quinteros Bugueño.- 

El golpe de estado de 1973 fue en términos técnicos una acción militar llevada a cabo por las Fuerzas Armadas de Chile (FF AA), conformadas por el Ejército, la Armada y la Fuerza Aérea. Las FF AA sumaron al golpe a la policía uniformada y civil, que también tiene características militares, tanto en el plano logístico como profesional. Fue una acción que recuerda la famosa frase de Carl von Clausewitz: “la guerra es la continuidad de la política por otros medios”. Por cierto, von Clausewitz tenía indiscutiblemente razón; por lo tanto, «sancta simplicitas,» el golpe de estado del 11 de septiembre de 1973 fue un acto intrínsecamente político que puso fin por la vía de la fuerza a un enfrentamiento entre chilenos que se desenvolvían exclusivamente en el seno de la civilidad y, muy importante, en los marcos de la constitución política del país entonces vigente.

Los adversarios eran los partidos políticos legales entonces existentes: por una parte, los pertenecientes a la coalición Unidad Popular (UP), la izquierda socialista que había elegido democráticamente a Salvador Allende Gossens como presidente de la república en septiembre de 1970; y por otra, su opositora, la derecha, con su mayor referente, el Partido Nacional (PN), defensor del sistema capitalista (o más exactamente, pre-capitalista) que existía en Chile desde los comienzos de la república. Al PN se sumó el Partido Demócrata Cristiano, o Democracia Cristiana (DC), partido que, en teoría, promovía el establecimiento de un orden social y económico que llamaba “sociedad comunitaria,” contraria al orden existente; contraria a tal punto, que llamó “revolucionario” a su proyecto, al que llamaba la ”revolución en libertad” y la “revolución sin sangre,” con el fin de diferenciarse de la revolución socialista cubana. Sin embargo, la DC formó una coalición con un partido defensor ultrance del sistema que la DC decía impugnar. Eso fue la “Confederación Democrática” (CODE).

¿Qué sucedía? El mundo estaba siendo testigo de algo nuevo:

Por primera vez en la historia, una coalición socialista, compuesta mayoritariamente por partidos políticos marxistas, había llegado al poder del gobierno de manera legal, democrática y pacíficamente, i.e., respetando la constitución política existente. Las mayores corporaciones económicas del país vieron amenazados sus intereses luego que el gobierno de Allende empezó a cumplir sus promesas hechas en la campaña presidencial. Inició una reforma tributaria que se profundizaría en el futuro mientras, a la vez, negociaba con el gran empresariado nacional la estatización de las empresas estratégicas, a través de un sistema de indemnizaciones pactadas. No obstante, más que eso, la mayor potencia capitalista del mundo, Estados Unidos (EE UU), veía cómo un pequeño país, integrante del sub-continente americano, se desprendía de su control.

Este pequeño país, a partir de los inicios del gobierno de Allende, se declaró sin ambages anti-imperialista -voz dirigida directamente a EE UU- y constructor de un sistema socialista por la vía pacífica y democrática. El gobierno de EE UU, obviamente, estaba conmocionado. Temía que el ejemplo de Chile pudiera ser seguido por otros tantos de su “patio trasero.” Este apelativo no es una simple metáfora. “América” es el nombre común que los estadounidenses dan a su país; por lo tanto, no puede sorprender que el territorio más allá del sur de sus fronteras, el resto de América, lo consideren America’s backyard (en inglés), con arreglo a la Doctrina Monroe. En efecto, la atrevida frase “America for Americans”, fue acuñada por el presidente James Monroe, (1917-1925) en un discurso oficial suyo en 1923.

En 1973, las FF AA abandonaron el rol al que las obligaba la Constitución Política de Chile, el de observar una conducta neutral ante las controversias de la civilidad. En lugar de atenerse a las leyes vigentes, hicieron lo contrario. En los hechos, se alzaron contra el gobierno constitucional como el brazo armado de la derecha civil y de los intereses de una potencia extranjera. Las muchas represiones armadas llevadas a cabo por las FF AA y de Carabineros, que terminaron en repetidas ocasiones en horrendas masacres a lo largo de la historia del país, tuvieron una explicación tan simple como veraz: los militares las ejecutaron “obedeciendo órdenes de la autoridad civil.” En 1973, fue distinto. Esta vez, las FF AA se transformaron en un partido político como cualquier otro, ideológicamente de derecha, y tomaron el poder del Estado porque, a diferencia de los demás, era un partido armado hasta los dientes. ¿Y la DC?

La DC se sumó a la organización del golpe, sirviendo de caja de resonancia a la conspiración sediciosa. contra el gobierno. Esperaba, que una vez producido el golpe, la derecha y los militares cumplieran el acuerdo pactado con ella de entregarle de manera transitoria la administración del país hasta un supuesto re-establecimiento de la democracia. Antes del golpe, la DC participó activamente, legal e ilegalmente, en la campaña que había iniciado la derecha y el gobierno estadounidense contra el gobierno. El rol de EE UU fue cerrar sus bancos a los créditos solicitados por Chile, frenar las importaciones de maquinarias y repuestos para el parque industrial y automotriz usados mayoritariamente en el país, financiar secretamente huelgas, apoyar actos terroristas de sabotaje perpetrados por grupos armados de ultra-derecha, y sostener a la prensa opositora.

Al falso clima de escasez de alimentos y otros productos, estallaron algunas huelgas contra el gobierno, en su mayoría ilegales. El PN carecía de influencia entre los trabajadores manuales, de modo que cupo a su socio, la DC, la organización de huelgas donde le fuera posible, como la del mineral de cobre de El Teniente y la de los camioneros en octubre de 1972, que fueron financiadas por la Central de Inteligencia de EE UU (CIA), según lo han revelado explícitamente documentos desclasificados de ella.

Finalmente, luego del golpe de estado, connotados dirigentes, militantes y profesionales de la DC colaboraron con la dictadura ocupando cargos en ministerios, subsecretarías, reparticiones burocráticas del Estado y universidades. Lo peor fue que la DC no solo justificó el cuartelazo ante todo el mundo y colaboró con la dictadura en sus inicios, sino que calló ante las atrocidades que la dictadura llevó a cabo mientras era parte del gobierno.

El idilio duró poco, A poco más de un año del golpe, la DC, como partido, fue expulsada del gobierno dictatorial. ¿Qué fue lo que ocurrió realmente, y qué había ocurrido antes? Veamos:
La derecha política, agrupada en el PN, era ostensiblemente minoritaria. En las elecciones del Parlamento de marzo de 1973, las últimas realizadas en democracia antes del golpe de estado, la ciudadanía superó en participación a todas las elecciones antes realizadas en el país, alcanzando el 81% de los chilenos mayores de 21 años de edad. El PN, obtuvo menos de la quinta parte del total de los votos.

El partido mayoritario en Chile era la DC, que obtuvo alrededor del 40% de la votación. La UP obtuvo alrededor del 44% de los votos, a pesar del agudo clima social en Chile creado por el desabastecimiento y el sistemático sabotaje económico al gobierno que le infligió el gobierno estadounidense. Además de asesinar al Presidente de la República, a los más importantes dirigentes de los partidos de la UP y lanzar a la cárcel y el exilio a miles de sus dirigentes de base y militantes, el siguiente paso de la dictadura fue deshacerse de la DC. Conviene, sobre todo para que lo sepan bien las generaciones jóvenes de hoy, detallar bien qué fue lo que facilitó la alianza que la DC acordó con la derecha. Fundamentalmente, fueron dos situaciones:

Primero, siempre hubo en la testera de la DC una corriente anti-izquierdista, que alcanzó la dirección del partido aprovechando el descontento de la población, sobre todo en sus sectores sociales medios, debido al estado de desabastecimiento que se vivía.

Segundo, el asesinato de Edmundo Pérez Zujovic, ministro del Interior del ex-presidente demócrata-cristiano Eduardo Frei Montalva. Pérez fue acribillado en un atentado terrorista ejecutado por un comando de una agrupación de ultra-izquierda, la Vanguardia Organizada del Pueblo (VOP), extra-parlamentaria y clandestina.

Aunque el gobierno de la UP, por orden de Allende, acabó con la VOP (sus líderes principales fueron muertos en enfrentamientos con la policía regular y los demás fueron encarcelados) la minúscula secta terrorista había hecho un espectacular favor a la derecha, tanto del PN, como la de la DC. En efecto, el asesinato de Pérez facilitó la victoria del sector conservador de la DC en su pugna contra el bando progresista, que en las elecciones presidenciales de 1970 había conseguido imponer como candidato oficial del partido a Radomiro Tomic, un antiguo político progresista y unos de sus fundadores. Tomic había llegado a plantear durante el gobierno de la UP la necesidad de iniciar conversaciones con la UP y llegar a un acuerdo con ella. En fin, aunque la VOP fue aniquilada por el gobierno, la DC, con Eduardo Frei Montalva, Andrés Zaldívar y Patricio Aylwin a la cabeza, se alió con la derecha hasta finalmente derrocarlo.

Luego de las elecciones parlamentarias de marzo de 1973, la coalición derecha-DC, alegaba que Allende debía renunciar porque tenía a su favor la mayoría ciudadana del país. Después del 11 de septiembre de 1973, repitió el mismo argumento agregando, además, otro: el golpe fue legítimo porque la Corte Suprema también lo avaló. Ambos argumentos son falaces. El golpe se produjo en la mitad del período presidencial de Allende y, como cualesquiera políticos lo saben, en todos los países democráticos del mundo la democracia se basa en el principio de la realización de elecciones de Parlamento en la mitad de una administración presidencial y que, sin importar su resultado, el Presidente debe terminar su mandato. En todas las democracias, un presidente de la república solo puede ser destituido si la oposición lo acusa constitucionalmente con el respaldo de una votación de dos tercios en el Parlamento.

La dupla derecha-Democracia Cristiana no los obtuvo en las elecciones parlamentarias de marzo de 1973. Llegó al 56%. En consecuencia, el segundo argumento (el apoyo de la Corte Suprema al golpe) no tiene base alguna, y solo desvirtuó su rol constitucional de obligada neutralidad y sujeción a las leyes establecidas en la Carta constitucional país. Desde entonces, la Corte Suprema carga sobre sí el estigma de no solo haber justificado el golpe, sino en la realidad no haber existido cuando en Chile se violaban flagrante y sistemáticamente los Derechos Humanos (DD HH). En materia de DD HH, Chile era signatario de leyes internacionales que no fueron revocadas por la dictadura; de manera que la Corte Suprema debía impetrar su cumplimiento. Tampoco exigió, como debía hacerlo, el fin de la larga suspensión de las garantías constitucionales decretadas por una dictadura que alcanzó el poder del Estado y del gobierno bajo el régimen de un ilegal “estado de guerra”.
A la pregunta ¿qué hizo el gobierno de la UP para ser derrocado de modo tan cruento? Veamos:

Empecemos por el imperio estadounidense. La mayor riqueza de Chile ha sido, desde el fin de la era del salitre, la minería cuprífera. Su dueña era la empresa Andes Copper Mining, estadounidense y, además, controlaba íntegramente su comercialización. El gobierno de Salvador Allende nacionalizó el cobre y su comercialización a través de una ley referida al principio de las «ganancias excesivas,» fórmula que, por su originalidad y sentido nacional, fue aplicada en otras latitudes. Además, apoyó a Cuba ante el embargo y las agresiones del gobierno de EE UU contra la isla caribeña.

La conspiración estadounidense contra Chile se había iniciado antes de la asunción de Allende. Agentes de la empresa estadounidense ITT viajaron a Chile en 1969 y sostuvieron reuniones secretas con el presidente Frei Montalva, al que le pidieron colaborar en su plan de impedir el triunfo de la izquierda en septiembre del año siguiente. Frei no aceptó la propuesta, pero tampoco denunció esta grave injerencia extranjera en nuestros asuntos internos.

En cuanto a la derecha nacional, la estatización de las mayores industrias estratégicas y la reforma tributaria, además de reformas al sistema bancario, a las leyes laborales y al empleo, eran demasiado. Se sumó a ello, el hecho que el gobierno de la UP aplicó a fondo la reforma agraria, que había sido aprobada bajo el gobierno demócrata-cristiano de Frei Montalva (1964-1970). La reforma había sido interrumpida en abril de 1970 luego del asesinato de Hernán Mery, militante de la DC y funcionario de gobierno de la Corporación de Reforma Agraria (CORA), fundada en 1965, cuyo fin, según el programa oficial en materia de agricultura del gobierno de Frei, era la expropiación de algunos territorios cultivables que históricamente no habían sido jamás cultivados. El homicidio de Mery, perpetrado por sicarios ligados a la ultra-derecha y a terratenientes de la región en que él se desempeñaba, no impidió al mismo ex-presidente Frei y a la DC, unirse a la derecha en el derrocamiento de Allende.

Antes del triunfo de Allende, militares ligados ideológicamente a la derecha ya habían empezado a actuar: En 1969, ejecutaron el asalto al regimiento “Tacna” en Santiago (el “Tacnazo”), para evitar el posible triunfo de la izquierda en 1970. El 29 de junio de 1973, un grupo de oficiales del Ejército intentó adelantar lo que vendría el 11 de septiembre de ese año. Aun más, luego del triunfo de la UP, antes de la asunción de Allende, un comando terrorista de derecha asesinó al Comandante en Jefe del Ejército René Schneider Chereau.

La dictadura aventó en el país el “Plan Z,” inmediatamente después del golpe.” Su falsedad, incluso durante la dictadura, fue acreditada por la CIA, en archivos que fueron desclasificados. Fue, en efecto, la propia CIA, su autora. Según este falso plan, había en Chile 14.000 guerrilleros cubanos; como también planes del gobierno para matar a los altos oficiales de las FF AA y perpetrar un auto-golpe. También, en virtud de la desclasificación de muchos otros archivos de la CIA, se acreditaron los continuos encuentros secretos de conspicuos derechistas chilenos, como Sergio Onofre Jarpa, Sergio Diez y Agustín Edwards con el Departamento de Estado de EE UU en Washington. Edwards era dueño de “El Mercurio”, el mayor diario de la derecha, que, según la documentación de la CIA fue apoyado financieramente por el gobierno de EE UU. Se agrega a ello, el hecho que varias flotas estadounidenses, terminada la tradicional “Operación Unitas,” (ensayo bélico de EE UU y algunos países del cono sur americano) permanecieron alertas frente a Valparaíso en caso que el golpe fracasara.

Hasta aquí, es preciso detenerse en la figura jurídica “traición a la Patria”, contemplada en todas las legislaciones nacionales del mundo. Esta figura, en su grado mayor, se da en situación de guerra, tanto externa como civil. En el caso de un conflicto nacional, este delito se configura cuando uno de los bandos en pugna pide -la obtenga o no- la intervención de un país extranjero en su favor. Si nos atenemos al propio decreto de la junta militar que declaró a Chile en “estado de guerra”, este delito fue cometido. Es de todo punto indiscutible que los militares golpistas no solo traicionaron la constitución y su propio rol de observar neutralidad en materia política, sino tuvieron el apoyo de una potencia extranjera en su alzamiento contra el gobierno y sus adherentes.

Por lo tanto, repitiendo las palabras de Salvador Allende momentos antes de morir acribillado en el palacio presidencial, el golpe de estado fue una flagrante traición a la patria. Los golpistas tuvieron un formidable aliado extranjero, el gobierno estadounidense de Richard Nixon. El jefe del Departamento de Estado, Henry Kissinger, declaró meses antes del golpe que EE UU no toleraría un gobierno socialista más en América Latina, como el de Cuba, incluso aunque hubiese sido elegido democráticamente.

Terminada la dictadura, en un acto de celebración del triunfo presidencial del ex – presidente Aylwin, éste, con lágrimas en los ojos, pidió perdón al país por las violaciones a los DD HH que se cometieron durante el gobierno dictatorial. Sí, así lo hizo, pero debió también pedir perdón al país como demócrata-cristiano, porque su partido fue uno de los tres ejecutores del golpe y luego de realizado, colaborador de la dictadura y calló mientras en el país se perpetraban sistemáticamente violaciones a esos derechos. La salida forzada de la DC del gobierno militar es un fiasco que quedará grabado en nuestra historia como un capítulo grotesco y bochornoso. La dictadura, además de no entregarle el gobierno como había sido secretamente acordado, expulsó del país a algunos de sus dirigentes y persiguió a otros, tanto dentro como fuera del país.

Bernardo Leighton, uno de sus más importantes líderes, por no sumarse al golpe sufrió un atentado terrorista en Italia perpetrado por agentes de la dictadura. Este atentado le causó poco después la muerte, tanto a él como a su esposa. Para rematar, la dictadura no solamente faltó a su promesa de entregar el poder del gobierno al presidente del Senado Eduardo Frei Montalva, sino que lo asesinó cuando éste inició una campaña contra la dictadura por ponerle fin y convocar a una Asamblea Constituyente para la redacción de una nueva Constitución que remplazaría la de 1980, impuesta al país en un escandaloso fraude electoral. Quienes todavía no creen que Frei Montalva fue asesinado por orden la dictadura, lean el libro de su hija Carmen, ex-presidenta de la DC, aparecido hace unos años con el título “Magnicidio. La Historia del Crimen de mi Padre” (Editorial Aguilar, 2017).

Cabe solo agregar que es un serio riesgo para la estabilidad y preservación de nuestra democracia lo conocido al interior de las FF AA como la “obediencia al superior.” Si bien es un principio universal, rodeado de solemnes juramentos, todo militar digno y que tiene la capacidad de discernir, como es propio de todo ser humano, debe preguntarse siempre si su superior está cumpliéndolo. El superior de las FF AA es el presidente constitucional de la república, según un principio aun más importante, “arma sub civilian imperium,” (los militares están bajo el poder civil), vigente en todas las naciones democráticas del orbe. En 1973, los cuatros oficiales mayores de las FF AA y de orden, no cumplieron con este principio. Además, lo hicieron de manera de una vileza nunca antes vista en la historia de Chile. Tres días antes del golpe, visitaron al presidente Salvador Allende en el palacio presidencial para jurarle lealtad.

La derecha política civil hasta hoy reclama su inocencia ante las atrocidades que se cometieron tanto en la ejecución del golpe como en el gobierno dictatorial. Por cierto, fue ella la que realmente gobernó en todas las esferas de la vida social, puesto que los militares no han sido profesionalmente entrenados para ello. Por lo tanto, hoy en día, en Punta Peuco debería también haber civiles presos. No fueron los militares, sino civiles, los que crearon las condiciones para que se produjera el golpe de estado boicoteando nuestra economía durante el gobierno de la UP; fueron civiles los que acapararon y ocultaron nuestros productos industriales básicos para hacer creer al pueblo que el país no producía.

Tampoco fueron los militares los que sacaron los productos y bienes diarios de consumo hacia fuera del país en calidad de contrabando, ni los que viajaron a diario a Washington para planear con el Departamento de Estado norteamericano el derrocamiento del gobierno constitucional del país. No fueron militares, sino civiles, los magistrados de la Corte Suprema que callaron ante la ilegalidad del golpe de estado, y antes las violaciones a los DD HH que se cometieron en dictadura; tampoco fueron militares los fiscales de los “consejos de guerra” en los juicios-farsas que enviaron a miles de chilenos a la muerte, la cárcel, y el exilio. También fueron civiles los soplones que delataron a funcionarios de gobierno, dirigentes y militantes de la UP, los encubridores de miles de crímenes, los médicos que participaron en las torturas que en muchos casos causaron la muerte a sus víctimas, los periodistas que ocultaron las atrocidades que se vivían en Chile., etc., etc.

Wikipedia es un ente informativo estadounidense que, obviamente, no tiene nada de comunista ni socialista. Así define las cosas:

Chile, que en 1973 se mantenía como una de las democracias más estables en América Latina, entró en una dictadura cívico-militar que se extendió hasta 1990. Durante este período, fueron cometidas sistemáticas violaciones a los derechos humanos.

Más que eso. El 11 de septiembre es una fecha que terminó con la línea socio-cultural y política que el pueblo de Chile venía dándose desde los inicios de la República. Se marchaba en democracia hacia una economía independiente y mixta, en la que progresivamente se hacía más ostensible la intervención del Estado, en esencia siempre libre, igualitario y democrático.

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