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La festividad de La Tirana ya concluyó, y una familia antofagastina, que participó acompañando por tercer año a su hijo Emiliano, de 10 años,... Niño con diagnóstico de autismo, danzó a  la Virgen como diablo suelto por tercer año, abriendo espacios para la integración de las niñeces neurodivergentes

La festividad de La Tirana ya concluyó, y una familia antofagastina, que participó acompañando por tercer año a su hijo Emiliano, de 10 años, que danza a La Chinita como diablo suelto, está feliz y agradecida. Es que la devoción del pequeño, diagnosticado con Condición del Espectro Autista, CEA, le ayuda cada día a seguir adelante.

La Psicóloga Yisel Zarricueta Rojas, con especialización en Diagnóstico e Intervención en autismo, y que se desempeña en el Programa de Integración Escolar, (PIE) del Liceo Bicentenario Domingo Santa María, conoció el caso, valorando la experiencia de Emiliano.

La profesional, que además también baila como diabla suelta, dijo que era fundamental. Que “haya más espacios de acompañamiento, inclusión y contención para cada niño, niña, adolescente o adulto como Emiliano”.

EL CASO

La madre de Emiliano, Gloria Araya, fue quien difundió el caso de su hijo Emiliano. Recordó que hace ya un tiempo, un diablo rojo le regaló un pañuelo al niño y le dice que quiere verlo vestido de rojo, para la próxima festividad de La Tirana. Y así ocurrió al siguiente año.

“Fue así como empezó hace tres años, vestido de rojo, ingresando a las filas de los bailes”, recuerda.  Dice que el primer año que Emiliano bailó, fue complejo, porque no entendía nada de la ritualidad, así que bailaba y saludaba a todo el mundo. “Las personas lo miraban de forma extraña, incluso le hacían desprecio”, dijo Gloria.

Más aún, en un baile “un caporal lo tironeó, porque Emiliano siguió a otro diablo suelto, generando problemas al baile. El diablo grande bailó y luego salió, pero mi hijo siguió bailando, incomodando a los bailarines, por eso el Caporal lo empujó. Fue muy desagradable y doloroso para nosotros como familia”.

Emiliano, no entendía nada de la ritualidad, por eso pensó que iba a estampar su capa para dar señales que el niño devoto posee una condición que no es limitante para danzar y demostrar su fe. “Esperaba que así fueran amable con él”.  Ese mismo día encontró un lugar en La Tirana donde estampar el mensaje y así salió a bailar en la noche.

La capa de Emiliano señala «Tengo autismo», una forma original de dar a conocer su condición.

Muy clara de lo que quería, esta madre le sacó una foto a su hijo con su capa y el mensaje y contactó a un grupo de diablos sueltos para que la apoyaran.  “Les pedí que fueran amables con Emiliano, como empezó a ocurrir porque el mensaje se hizo viral. Ahora varios diablos lo invitan a bailar y se sacan fotos con Emiliano y su capa”.

Señala que fue una hermosa experiencia  porque logró la inclusión de su hijo, recibiendo “muchos mensajes lindos, de papas que bailan y son familia CEA, fue muy lindo eso”.

 Después que terminó la fiesta de La Tirana, lo seguían invitando a bailar en Antofagasta, la ciudad de residencia de la familia.

La experiencia de este 2025, fue mucho mejor, porque en el círculo de los diablos rojos, ya conocían a Emiliano. “Lo saludaban algunos, sin embargo, creo que falta mucha cultura y conocimiento de lo que es el CEA. Me di cuenta de que las personas que lo saludan y  que le seguían el juego contestando su saludo, eran familias CEA; porque tenían un hijo, un sobrino, un nieto o un familiar  CEA.  Pero la mayoría de los devotos, no entendían la actitud de Emiliano. “Para mí son personas que no conocen ni tienen empatía de la diversidad que hay hoy, que se conoce hoy”.

Sin embargo, como conclusión, esta madre se siente feliz, por el logro de su hijo, al bailar, al interactuar con otras personas.  Todo eso le sirve mucho, lo regula, lo hace expresarse a través de la danza y disfruta mucho. “Me siento feliz por Emiliano y sólo espero que las personas sepan entender que hay personas diferentes y que deben ser integradas, pero, sobre todo, respetadas, más aún  si se trata de un niño”, concluyó Gloria Araya.

 

MIRADA ESPECIALISTA

La Piscóloga Yisel Zarricueta Rojas hizo una reflexión sobre este caso, señalando que es importante y necesario “visibilizar la situación de Emiliano como algo más allá de la devoción”, considerando que la danza devocional, se torna también como terapéutica.

“El simple hecho de danzar impacta directamente de manera positiva en el bienestar del niño, me refiero al bienestar global y en diversas esferas de su desarrollo. Por ejemplo, podemos tomar en cuenta que, el hecho de lograr relacionarse con otros bailarines, ha potenciado sus habilidades sociales, la interacción con su entorno y su proceso a la socialización”.

Aunque Emiliano tuvo una mala experiencia en sus inicios, como relató su madre, a juicio de la Psicóloga Yisel Zarricueta “podemos mirar la otra cara de este hecho y tomarlo como una experiencia que potenció tanto su tolerancia a la frustración como su resiliencia y la capacidad para afrontar y enfrentar situaciones adversas y/o de estrés”.

Concluye  que “esta experiencia tan significativa para el niño, reafirma su identidad y su sentido de pertenencia al grupo, el de los diablos sueltos, lo que impacta de manera considerable en su autoestima y bienestar personal”.

“Finalmente, no debemos olvidar, que la danza es un medio de expresión y de canalización de impulsos lo cual logra reforzar la autorregulación emocional”, reforzó la profesional, que, como danzante suelta en la festividad de La Tirana, cierra señalando: ¡Que viva la reina del Tamarugal!

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