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Este 11 de septiembre se cumplen 47 años de aquel fatídico día, cuando las Fuerzas Armadas de Chile, decidieron a romper la institucionalidad, inaugurando... Destacadas mujeres recuerdan cómo vivieron el 11 de septiembre de 1973. Siguen luchando por una sociedad mejor

Este 11 de septiembre se cumplen 47 años de aquel fatídico día, cuando las Fuerzas Armadas de Chile, decidieron a romper la institucionalidad, inaugurando una dictadura que se prolongó por 17 años. ¿Cómo se vivió ese día?  le consultamos a 6 mujeres, quienes nos compartieron su relato.

Todas ellas activan sus recuerdos desde una mirada crítica de ese proceso cruel y sangriento, mantienen sus convicciones y siguen luchando por alcanzar sus sueños de una sociedad más justa.

“Sin memoria no hay historia”, dice la consigna, algo que cada una de las mujeres que compartió sus recuerdos, cree firmemente. Sabe que su experiencia es una de las tantas que se tejieron en Chile tras el golpe.

Ximena Brain: “Recuerdo que para el 11, con mi abuela, quemamos libros y banderas, mientras se escuchan los bandos militares”.

Ximena y su guitarra, en la Gruta de Lourdes.

Pese a que era aún muy pequeña para el 11 de septiembre de 1973, Ximena Brain, cantora popular, iquiqueña y ahora radicada en Santiago, por tradición familiar tenía un fuerte sentimiento de izquierda, por eso, lograba comprender lo que estaba pasando. En su memoria tiene clavado un momento.

Y es que ya, desatado el golpe, junto a su abuela, quemaron en un tambor, documentos, tambor y todo aquello que antes era válido y natural y que ahora representaba un “peligro”. Recuerda: “Lo más triste era quemar los libros quimantú, que eran mi tesoro.

“Escuchábamos quietas y en silencio escuchábamos los bandos militares que se emitían por la radio y que nombraba a los amigos, vecinos, tíos… Y los fusilamientos ahí mismo. Dice que “era chica pero entendía lo que pasaba”

A los 13 años   Ximena ingresó al Liceo de Niñas de Iquique, a su primer año medio. “Ahí conocí a la profe de Historia Ailin del Campo; y empezamos paso, a paso con el trabajo político, primero con un grupo de teatro, luego empezamos a difundir el discurso de los derechos humanos. También recuerdo que repartimos panfletos y tengo el triste recuerdo de ver cómo se llevaban detenidos a mis profes”.

Ximena Brain se destacó en esos años de enseñanza media por participar junto a un grupo de jóvenes católicos que se reunían en la iglesia Gruta de Lourdes. Su profesora Ailin la invitó a participar. “En la Gruta nace la resistencia en Iquique. Participaba junto a mis tíos y otros jóvenes cantores, también conocí al cura Ángel Fernández”.

Otras personas que participaban en la Grura eran, sus tíos, los hermanos Álvarez: Ghislainne y su hermano; Jimy Millar, Leo Saavedra, Lucho Saavedra, Lucho Córdova…. Luciano, Juanito, Claudio, entre otros. Además, los curas Argimiro Aláes y Javier. Hoy atesora una foto de aquella época.

Así, la Gruta “se convirtió en la resistencia al punto que se comenzaron acercar a nosotros expresos de todos los partidos. Trabajamos para atender a los presos que llegaban… en fin, mi historia de resistencia es muy larga”.

“Sólo sé que lucharé por cambiar este sistema capitalista de muerte y abusivo hasta que me  muera… El eslogan es Patria o muerte”.

Roxana Vigueras: “Tenía 12 años y recuerdo que hubo vecinos detenidos y uno que nunca volvió”.

Roxana Vigueras, en una imagen reciente.

A pesar de los años, Roxana Vigueras, de profesión médica traimatóloga, no puede dejar de sentir una profunda pena por lo que vivimos en nuestro país aquel 11 de septiembre de 1983.

“El golpe Estado, la muerte de Salvador Allende, un político ejemplar, consecuente hasta dar la vida por sus convicciones, por sus sueños e ideales. Perder la oportunidad de tener un Gobierno que trabaje con la gente y para la gente. Las esperanzas de un País mejor para todos.   Todo se esfumó”, señala con dolor y nostalgia.

Recuerda que ocurrido el golpe fue muy impactante ese momento, y junto a su familia, siguieron los acontecimientos por la radio. “Tenía 12 años y no sabía exactamente todo lo que estaba sucediendo en otras ciudades y especialmente en Santiago. En nuestro caso estuvimos encerrados con toque de queda desde muy temprano;  mis padres, ambos profesores, recién llegaban de celebrar el día del profesor”, recuerda Roxana.

El hogar familiar se ubicaba en una casa esquina, por lo que quedó grabado en su memoría que había un militar armado de punto fijo fuera de la casa. “Toda la población estaba llena de militares. Con mis hermanos, la mayoría más pequeños, tratábamos de mirar por la ventana para ver qué sucedía, ya que escuchábamos vehículos militares y mucho personal que llegaba y luego se iban”

También tiene que grabado que siendo chiscos, sentían mucho temnor porque “cada vez que nos asomábamos a la ventana nos apuntaban con su fusil”, hecho que hoy parece inverosímil, pero esos días, mirar por la ventana era peligro.

En su barrio pasaban cosas. “por ejemplo, supimos que se llevaron a mi vecino casa por medio y a varias personas de la población. No los vimos regresar hasta mucho tiempo después. Estuvieron en presos en Pisagua la mayoría de ellos. Otro vecino nunca volvió, y hasta ahora nunca apareció. Muy terrible eso”, relata.

“Vivir la Dictadura fue muy duro. La mayor parte del tiempo lo pasé en la Universidad de Concepción, desde allí, con una fuerte organización los estudiantes comenzamos a movilizarnos y a realizar muchas acciones para terminar con la Dictadura”.

Señala que cuando recuerda esos tiempos “no puedo dejar de sentirme culpable, porque no hice nada. Claro, tenía 12 años y como la mayoría de la gente no supimos hasta después de los asesinatos de los presos políticos, las torturas y los terribles vejámenes que sufrieron. Sólo puede entenderse que fueron ejecutadas por gente sicópata y enferma”.

Los presos políticos que pudieron retornar a sus casas, después de mucho tiempo de detención, aún sufren las graves secuelas sicológicas y físicas por lo vivido.

¿Qué siente hoy? Que es memorable ese 18 de octubre de 2019. “Sentimos una inyección de energía, había por fin una esperanza de cambio. Nos fuimos sumando todos. Mi generación y chilenos de todas las edades, con nuevos bríos, y convencidos de que sólo Unidos podremos cambiar  el futuro de Chile  y los Chienos. Porque queremos un país con más justicia social, con menos desigualdades, con respeto de los derechos Humanos y del Medio Ambiente. Donde el desarrollo y la felicidad llegue para todos”.

Olivia Carvajal: “La pesadilla que se inició ese 11 de septiembre,  no puso fin a nuestro sueño de justicia social”

Olivia Rayén Carvajal, académica de la UNAP.

La destacada académica   de la Facultad de Ciencias Humanas de la Universidad Arturo Prat , Olivia Rayén Carvajal Lorca, se encontraba en Antofagasta para el golpe del 11 de septiembre de 1973. Le resulta inevitable que en estos días, su mente y sus recuerdos se trasladen 47 años atrás.

Así, habla como si estuviese en ese días, 11 de septiembre de 1973: “Las emociones que acompañan mi reciente maternidad son angustia, miedo y desesperanza. Tengo 18 años, un pequeño hijo de 1 año y un bebé de 11 días”.

“Puedo sentir de nuevo el ruido de los helicópteros invadiendo la obligada calma nocturna. Bengalas caen desde el cielo, buscando a los rebeldes amotinados en el Cementerio de Antofagasta, que disparan “a mansalva”, según comentará el diario El Mercurio al otro día”.

De vuelta a la actualidad dice “no obstante, el comienzo de la pesadilla no pone fin a nuestro sueño de justicia social. Nuestra utopía no sólo permanece incólume y tenaz, sino que se acrecienta; toma fuerza y transforma el miedo y angustia en esperanza y renovada voz”.

Toma un respiro y señala: “Aquí vamos con todo”.

Engracia Palominos: “Fue el comienzo de una historia llena de dolor y tristeza”.

Engracia Palominos, cuando supo que el Consejo de Guerra de su hermano Germán, asesinad en Pisagua, quedó nulo.

Engracia Palominos Lamas, hoy de 74 años, tenía 27 años para el golpe de estado. Era una mujer llena de sueños que compartía con su familia,  y con su hermano Germán, ejecutado en Pisagua.  Por eso, aquella fatídica fecha marcó el resto de su vida para siempre: Buscar la verdad y la justicia.

“El 11 de septiembre de 1973 fue el comienzo de una historia llena de dolor y tristeza. En ese tiempo yo tenía 27 años, mi vida era bastante tradicional; dedicada a la familia, mis hijas pequeñas y al trabajo, nada sabía de la figura de un “Golpe de Estado”. Sin embargo, mis padres tenían claro lo que se venía para el país”, recuerda.

Ese día caminaba a casa junto a su padre. “Me di cuenta que Iquique era un caos; la gente corría de un lugar a otro, se podía ver en espanto y el terror en sus caras”, relata, reviviendo el nerviosismo de ese día.

Con estupor, en ese caminar, vio que “había adultos llorando, mientras que la radio anunciaba toque de queda. Había militares armados por las calles junto a sus vehículos blindados. Esa imagen del 11 de septiembre quedó grabada en mi memoria”, dice, recuerdo que tiene hasta ahora.

Sin embargo, Engracia dio un vuelco a su vida y se ha dedicado a luchar por los derechos humanos hasta hoy, siendo parte fundamental de la Agrupación de Familiares y Ejecutados Políticos, AFEPI.

¿Qué siete? Que no se ha hecho justicia, que si llegó fue tardía y que espera que las nuevas generaciones, tomen conciencia para que Nunca Más en Chile, ocurra este genocidio.

Roxana Luzzi: “Después del 11 en mi escuela nombraron como director a un ex Carabinero”

La pequeña Roxana, cuando en primero básico le cambiaron a su director por un ex carabinero.

Roxana Luzzi Saavedra es diseñadora gráfica. Santiaguina, llegó a Iquique en los 90 para formar parte del staff del Diario El Nortino. Y como muchos que vienen por un tiempo, se quedó y se hizo iquiqueña.

Hoy se dedica a la confección de muñecas de trapos, una verdadera joya, por el detalle y la calidad de su obra. Le pedimos que hiciera un alto, y recordara cómo vivió, aunque pequeña, ese 11 de septiembre de 1973.

“El 11 de septiembre de 1973 estaba en la escuelita básica DN 57 Carlos Condell de la Haza, en Santiago, comuna de Estación Central. Cursaba el primero básico. Ese día, formaron a todos los cursos en el patio como en el acto de los lunes.  (era martes). Los militares estaban al frente de todos los niños de primero a octavo básico”.

Pero lo que la impresionó es que “dispararon al aire, se rieron y nos dijeron claramente: “Ahora mandamos nosotros”.  Al regreso a clases, después de unos días, teníamos director nuevo, un ex carabinero. Era alto, moreno y enojón. Su apellido era Toro pero en el colegio le decíamos “el vaca”.

¿Qué siente hoy? “Me da nostalgia esta fecha, porque recuerdo a mis papás que sufrieron harto en ese periodo. Tuve vecinos que tuvieron que salir del país, amigas con las que jugaba en mi barrio. Todo fue muy triste”, concluye.

Bertha Álvarez: “Vivía en Santiago cerca de la UTE y sentía las balas y los gritos”

Bertha Alvarez volvió de Santiago a su Iquique natal, y luchó contra la dictadura.

Bherta Alvarez Guzmán es una mujer cristiana, muy comprometida, pero lo suyo, su fe, da cuenta de esa iglesia popular con los pies en la tierra. Hoy forma parte de la Comunidad de Laicos y Laicas de Iquique y en los años ochenta, participó en la comunidad de la Gruta de Lourdes, que, sin duda, marcó su vida

Recuerda que el 11 de septiembre de 1973 tenía 26 años y vivía en Santiago, en el Parque Residencial Alameda. “Fue un día que jamás olvidaré. Ya el día anterior partí con una mala experiencia, porque como era dirigenta de la JAP, justo el día anterior me hicieron esa acusación en una reunión en la plaza del Condominio que era un Parque residencial, habitado por puros ferroviarios”.

“Al día siguiente fue el golpe y yo estuve como un mes encerrada por miedo y viendo todo lo que pasaba. Como a las 7 de la mañana me avisaron del golpe y como vivía cerca de la Universidad Técnica, se se sentían los disparos y muchos gritos. Yo estaba aterrada”, recuerda Bertha.

“En los días posteriores pasaban personas extrañas que le tomaban fotos, en una actitud intimidadora. Pensé que cualquier día nos pasaría algo. En 1979 regresamos a Iquique y de inmediato comencé a trabajar con la comunidad de La Gruta de Cavancha.”

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