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Haroldo Quinteros Bugueño/ Profesor universitario. Doctor en Educación   La muerte del líder sudafricano Nelson Mandela le ha traído una ola de panegíricos que en... El verdadero Mandela

haroldo qHaroldo Quinteros BugueñoProfesor universitario. Doctor en Educación

 

La muerte del líder sudafricano Nelson Mandela le ha traído una ola de panegíricos que en muchos casos sorprende por su origen. El colonialismo, el anacrónico sistema de explotación de los pueblos débiles por las naciones más fuertes, ha terminado recientemente sólo en virtud de un largo y cruento proceso de lucha, en el que Mandela, en África, se destacó especialmente.

El peor de los últimos enclaves coloniales fue, sin duda, Sud-África. Si bien dejó de ser colonia inglesa en 1961, el poder total del Estado, de las fuerzas armadas y del gobierno no sólo fue heredado exclusivamente por su minoría blanca, sino que esa minoría tuvo la tupé de imponer el “apartheid,” un régimen de segregación racial que privó de todo tipo de derechos al 80% de la población, los negros.

Mandela ingresó al clandestino Congreso Nacional Africano (CNA), partido político que desde su fundación en 1912 se había definido como independentista. Desde el mismo día de su establecimiento, el CNA organizó continuos actos de resistencia contra el apartheid. La lucha llegó a su apogeo en 1960, cuando el gobierno blanco ordenó disparar contra una multitud de manifestantes en Sharpeville, donde murieron hombres,  mujeres y muchos niños.

Fue entonces cuando Mandela, elegido el jefe mayor del CNA, declaró la guerra revolucionaria al gobierno del apartheid. La guerrilla organizada por Mandela realizó ataques a posiciones militares y actos de sabotaje a instalaciones de importancia económica. Paralelamente, recorrió diversos países del mundo en busca de ayuda económica y logística para sostener la lucha armada. Las potencias occidentales, encabezadas por Estados Unidos, se preocuparon porque Mandela hablaba de independencia política y económica, y, además, comandaba un ejército guerrillero.

Pasó, entonces, a integrar la lista negra de la CIA y fue oficialmente calificado de “terrorista.” En 1962, una violenta ofensiva militar del gobierno segregacionista terminó con la muerte de cientos de dirigentes del CNA, y Mandela, capturado y salvajemente torturado, fue condenado a prisión perpetua con trabajos forzados. Durante los 27 años de su encarcelamiento, absolutamente ningún gobierno ni político de derecha del mundo habló de su grandeza y heroísmo, menos aun de la legitimidad de su lucha, sin mover un dedo por su libertad.

Durante décadas, el CNA no dejó de pelear, a la par que otros pueblos y partidos congéneres en Angola, Namibia, Botsuana, Zimbabue, Mozambique, Suazilandia y Lesoto se sumaban a las guerras de liberación. La lucha culminó cuando en los 80, la guerra civil en Angola, ex – colonia portuguesa, llegó a su clímax. Tropas sudafricanas y congolesas intervinieron en ese país en favor del régimen aliado gobernante. Fue entonces cuando Cuba intervino en Angola, cumpliendo la promesa hecha al CNA y al propio Mandela unos años antes.

El triunfo de los cubanos y los ejércitos rebeldes angoleños se produjo en la batalla de Cuito Cuanavale, el 23 de Marzo de 1988. Mandela escribió desde la cárcel que esa victoria era “el punto de inflexión para la liberación de Sud-África y el fin del  flagelo del apartheid.” Así fue, porque el gobierno segregacionista había perdido sus aliados militares africanos y, además, la gran mayoría del país, los negros, se habían puesto de pie. El CNA había triunfado. En 1994, Mandela, ya libre, conformó con la minoría blanca un gobierno de transición que convocó a elecciones generales, que ganó él, y supo establecer en su patria un ejemplo de Estado multiétnico democrático.

En 1995, Mandela declaró que la victoria de Cuito Cuanavale había sido el “Stalingrado” del apartheid, agregando sobre la decisiva intervención cubana en ella: “Jamás olvidaremos este incomparable ejemplo de desinteresado internacionalismo. Admiramos los sacrificios del pueblo cubano en el mantenimiento de su independencia y soberanía ante la cara de la viciosa y orquestada campaña imperialista por destruir la impresionante fuerza de su revolución. ¡Viva el camarada Fidel Castro!” Buen recordatorio para muchos.

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