Edición Cero

¿Se puede encapsular el pasado? ¿Puede quedar atrás o es un presente constante? ¿Cómo los relatos del pasado coinciden con la configuración de la... Realizan taller de memoriografía de la dictadura para reconocer sitios y lugares de la memoria en Iquique y Pisagua

¿Se puede encapsular el pasado? ¿Puede quedar atrás o es un presente constante? ¿Cómo los relatos del pasado coinciden con la configuración de la ciudad, la región o el territorio? Esas fueron algunas de las preguntas que se plantearon un equipo de 4 jóvenes investigadores para abordar el trabajo de la memoria, y que a partir de la elaboración de un mapeo de los relatos de las personas que sufrieron prisión política y tortura, durante la dictadura, se creara una cartografía que trazara los testimonios en carta espacial específica sobre los hechos de violencia vividos entre los años de 1973 hasta el año 1989.

Bajo la metodología de investigación-acción, el proyecto se viene desarrollando desde hace varios meses. Recientemente, se ejecutó un taller de socialización participativa de los hechos, ya en la etapa final de la investigación. Mediante un diálogo y un pre – mapeo colectivo en función de los recuerdos vividos durante la dictadura se determinan conceptos espaciales como lugares de resistencia, sitios de represión y tortura, puntos de organización o futuros sitios de memoria y derechos humanos.

Todo ello forma parte del proyecto “Memoriografía de la Dictadura, para Reconocer Sitios y Lugares de memoria en Iquique y Pisagua” que ejecuta la Corporación de Derechos Humanos y Sitios de Memoria de Tarapacá, a través del equipo de la Mesa Técnica de la de la Comisión de Sitios de esa organización. El financiamiento corresponde al Ministerio de las Culturas, las Artes y el patrimonio.

Los profesionales son Jaime Coronil, profesor de Arte; Rodolfo Rojas, arquitecto y los arquéologos Karina y Sebastián Olmos, quienes realizando una aproximación desde cada una d

e sus disciplinas, pretenden, a partir del diálogo de cada testimonio realizar un cruce de datos sobre las transformaciones vividas en el periodo de la dictadura, definiendo una estructura territorial del poder que hoy en día se ha denominado académicamente como el “paisaje de la violencia”.

De allí que un pilar fundamental de esta investigación-acción, sea el registrar los relatos asociados no sólo en el ámbito individual sino en la experiencia colectiva relacionada directamente a los espacios donde ocurrieron los hechos de violencia política, que son identificados por los mismos sujetos de dicho levantamiento investigativo como potenciales sitios de memoria a recuperar.

CARTOGRAFIA DE LA MEMORIA

El arquitecto Rodolfo Rojas que es parte del equipo de la mesa técnica de trabajo, explicó que cuando se planteó realizar el proyecto, se propuso generar un mapeo preliminar donde se graficara todo lo descrito o recopilado hasta la fecha, partiendo de las historias que son relatadas por los afectados por la represión política. Esto derivó en un ejercicio testimonial grafico específico es decir, una cartografía social con una memoria temática.

Señaló que, si bien hay información oficial como los contenidos en el Informe Rettig o la Comisión Valech, donde se consignas relatos individuales “no se ha hecho hincapié en la coincidencia de estos relatos para construir el hecho mayor, que es la violencia de Estado; y esto, asociado a lugares urbanos específicos. Estos hechos históricos no lo vivieron solo algunos, sino afecto a toda nuestra sociedad”.

El equipo investigativo habla del “paisaje de la violencia”, como uno de los conceptos ejes para construir “un hecho mayor como lo es la violencia ejercida desde la estructura del estado, en el entendido que se da un contexto que fue pensado y determinado, que fue organizado, para infligir violencia contra los propios ciudadanos”. Añade que cuando se hacen coincidir los datos duros con los testimoniales, con la experiencia y los distintos levantamiento de información, “entonces se empieza a mostrar otra estructura, es decir, el orden de la violencia ejercida por el opresor, explica el joven arquitecto.

Por ejemplo, se refiere a cómo se logra identificar cuáles fueron las rutas, cómo se ubican en la ciudad. “La memoria -dice-, siempre se estructura como un pasado. Pero no. La memoria es un presente, porque todo lo que uno vive hoy, está condicionado por todos los hechos anteriores. Entonces, cuando esto se visibiliza, empiezas a encontrar que lo que sucede en el presente, tanto a nivel urbano, de ciudad, tiene un porqué mucho más profundo”.

A modo de reflexión explica que “la memoria es un espejo obscuro, que hasta el día de hoy se plantea como una región de olvido, donde está lleno de lugares que alguna vez fuimos o soñamos, un lugar donde se encuentra el país que perdimos, incluso señala los fundamentos de los porqués del supuesto crecimiento espontáneo de la ciudad”.

A modo de ejemplo señala que por el mismo hecho, el crecimiento urbano está siempre condicionado. “Muchos de los espacios físicos que tenía destinado la ciudad para el deporte hace 40 años, después (de la dictadura) fueron destinados a inmobiliarias privadas al transformarse esos tramos de la ciudad; entonces de algún modo ésta pierde identidad, generando una herida indeleble en el ciudadano con su pasado, por tanto afectando su presente”.

Explica que eso no es un tema contra quienes compraron o son los actuales dueños de los terrenos. “Hablamos de algo mucho más profundo. ¿Cuál es lo que está pendiente? Una ciudad que se pensó, que estaba en torno al deporte como uno de sus tantos ejes de desarrollo, a la sensibilidad de cada ciudadano por el deporte…  eso  por dar una arista.  Hay una ciudad que fue soñada, un paisaje urbano que fue construido por una geografía humana que fue quebrada por la violencia, por tanto hay una ciudad pendiente”.

En efecto, Iquique hoy tiene un borde costero donde se pueden practicar todo tipo de actividades, “sin embargo antes se pensó en una villa olímpica, o en un espacio de entrenamiento en donde está el ex hotel Chucumata, por dar un ejemplo. Es decir, había un sentido. Había una infraestructura pensada en el ciudadano, que se perdió. Y ese sentido hoy está encapsulado en el borde costero y no en una infraestructura que se pensó en el pasado, para toda la ciudad”.

Insiste en esa noción, sobre cómo lugares que fueron pensadas para una cosa, que después fueron privatizados e incluso, utilizados como lugares de tortura. “Ello da cuenta de una ciudad que pierde parte de su identidad, de algo que era muy nuestro y que fue muy potente y que venía desde el tiempo de la historia del salitre… esto de percibirnos como una ciudad deportiva. Por algo los iquiqueños llamamos a nuestra ciudad como “tierra de campeones”.

ENCAPSULAR EL PASADO

Para el arquitecto de la Mesa Técnica de los trabajos sobre memoria, entender que un episodio de la historia del país quede encapsulado en el pasado, es un sesgo tremendo. “Es no entender que los hechos del presente, en gran medida están condicionados por el pasado. Nosotros somos personas producto de una memoria. Fuimos parte de una familia, criados por nuestros padres; tenemos como contexto el barrio y el colegio, que también nos forma. Entonces lo que somos y lo que pensamos, no es tan gratuito, somos parte de una formación como individuos y eso también se traslada a nuestra sociedad”.

Refuerza que hacer explicita la narración de nuestra memoria, “con sus conflictos y márgenes oscuros, es encontramos con los relatos de nuestros exilios más íntimos como ciudadanos, encontrarnos con la temporalidad de los vencidos, de los otros, de los testimonios desplazados de la historia oficial”.

Así entonces, entiende que nuestra sociedad actual “no es un tema espontáneo, es producto de nuestra historia política, por lo que pretender que los hechos queden en el pasado, es no reconocernos nosotros como individuo social; es no reconocernos nosotros como individuo histórico, como ciudadano, en cuanto  participación de derechos y deberes”.

Concluye el arquitecto que encapsular la memoria es desconocer la identidad, desconocer los temas pendientes. “La memoria no es pasado, en un presente constante porque hemos dejado temas pendientes como las luchas de derecho, las luchas de igualdad, accesibilidad”.

Y más aún, esos temas hoy en día, transversalmente, de izquierda o de derecha, son temas de interés común. “A los ciudadanos les interesa vivir en ciudades más accesibles, más equitativas y más democráticas. Y eso fue abordado en un momento histórico. No solamente en tiempos de la Unidad Popular con la creación de la empresa KPD en 1972 o la vivienda económica prefabricada (VEP); también fue pensado por el gobierno de Frei Montalva en 1965 cuando se promulga la ley que crea el Ministerio de Vivienda y Urbanismo (MINVU) y después la creación de la Corporación de Mejoramiento Urbano (CORMU) en 1966, la creación de la Corporación de Obras Urbanas (COU) en 1967”.

También fue pensado por Alessandri “con su plan de expansión de 80.000 viviendas, o muy anteriormente con la creación de la CORVI bajo Carlos Ibáñez del Campo en 1953, y así es rastreable hasta el periodo del Frente Popular con los radicales, pero viene la dictadura militar y hace un corte con ese desarrollo histórico progresivo, lo cual es completamente identificable dentro de la ciudad de Iquique”.

El equipo de trabajo hace una reflexión final,, explica Rodolfo Rojas. “¿Cómo vamos a convertir estos antecedentes de memoria, de huellas, de testimonios, en un nuevo material de apropiación ciudadana?, ¿cómo refundar la projimidad, la solidaridad de la resistencia del prójimo?, ¿cómo recoger los testimonios con la suficiente claridad para que no sean materia del pasado sino del presente?”

De ahí que elaborar un mapeo colectivo que construya una cartografía de la memoria es un gesto para decir: “Aquí estamos somos la memoria, esto es lo que se hizo con nosotros, con todos y también con ustedes. Esto es parte de nuestra historia, de nuestra identidad, nuestras sombras y silencios, nuestros testimonios y desafíos son parte de los recuerdos que nos constituyen”, reflexionan.

En definitiva, construir cultura desde la memoria “es hacernos cargo de lo pendiente, es volvernos hacer responsables de un texto mayor que somos el nosotros, debemos reescribir nuestro relato para re-imaginar el futuro, sino para diseñar y pensar nuevos ejercicios de participación y respeto entre las personas. Transformar desde el ejercicio de la cultura los sitios que fueron destinados para ejercer la violencia por parte del estado, o la recuperación del sentido que tenían los espacios perdidos en los tiempos de dictadura, es tomar los testimonios como un antecedente perenne para crear los fundamentos de un nunca más.”