Edición Cero

Pedro Oróstica Codoceo.-        Es difícil encontrar encuestas imparciales, casi todas obedecen a intereses partidistas o comerciales. Frente a esto, no tiene... Encuestas a gusto del cliente

Pedro Oróstica Codoceo.-       

Es difícil encontrar encuestas imparciales, casi todas obedecen a intereses partidistas o comerciales. Frente a esto, no tiene mayor relevancia la justificación técnica con que las fabrican.  Lo que interesa en el fondo a sus elaboradores y difusores,   es colocar información que determinen tendencias o movimientos, manipulando la opinión pública.

Lo que les importa es hacer creer tales  o cuales características o resultados, sean de un candidato o de un producto; que vienen a ser casi lo mismo. De ahí el objetivo final de establecer posicionamiento, es decir: instalar en  la mente de las personas el producto para inducirlas  al voto  o a la adquisición mercantil..

De ahí, que una encuesta al decir de los expertos, “tiene efectos de marketing y el marketing es una de las principales y más efectivas herramienta de orientación o desorientación pública, una suerte de canto de sirena que pervierte la democracia.”   De ahí la inconveniencia  de   creerlas  o aceptarlas a  ojos cerrados,

Por cuanto lo más decente, en el caso de pretender entregar información fidedigna al público,  en relación a elecciones presidenciales – por ejemplo –   es “alentar debates entre los candidatos  y que cada persona saque sus propias conclusiones.” Es lo más respetuoso. Pero es un hecho,  que en muchos casos – como sabemos –  el fin justifica los medios.

Es por consiguiente que los ciudadanos, a la hora de definir sus preferencias, lo ideal es que cada cual obtenga las suyas propias escuchando debates y no puramente aceptarlas sin mayor análisis. Éstas, como se ha señalado, no aportan a mejorar el nivel democrático de un  país.  Lo que si  importa es saber cuales son los mejores candidatos  valorados por uno mismo. Pero, ¿tenemos la cultura necesaria y suficiente?

Históricamente podemos definirnos como personas influenciables. Y siempre manejadas por los inefables  titiriteros que a la hora de elecciones (cada cuatro años) presentan encuestas cuyo objetivo es la manipulación del voto de los ciudadanos, de acuerdo a  intereses ocultos o desembozados.

Por cuanto y  consecuente con la democracia, no hay nada mejor que discernirlas,  y que cada cual escoja  a conciencia por quien  defina  como el mejor candidato o candidata. Si es que sufraga.  Pero lo que si es un hecho, de acuerdo a   Thoreau  que “las matemáticas no mienten, lo que hay son muchos matemáticos mentirosos.”

La verdad se esconde minuciosamente. Y como dijo Abraham  Lincoln, “puedes engañar a todo el mundo algún tiempo, puedes engañar a algunos  todo el tiempo, pero no puedes engañar a todo el mundo todo el tiempo.”

 Nos encontramos el próximo  21 de noviembre con la papeleta en mano.

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