Esta es mi tierra
Opinión y Comentarios 23 agosto, 2026 Edición Cero 0
Sonia Pereira Torrico, escritora iquiqueña.-
Dueles Iquique, porque te dejaron en medio del temporal, aluviones y lluvias sin cesar. Dueles de una manera que solamente sentimos quienes llevamos tu memoria y la chusca en una maleta. Dueles en el abandono, en esas imágenes de calles convertidas en ríos, quebradas que bajan con fuerza, casas con el agua hasta el cuello y familias tratando de salvar sus cosas.
Milena clama por un techo, un portón, necesita volver a dormir, sin escuchar el llanto desgarrado golpeando la puerta. Sin preguntarse si entrará otra vez el agua a su casa. ¿Cómo puede el desierto terminar peleando contra el agua? Quizás porque Iquique tiene memoria y sabe de calamidades como las lluvias de 1940.
¡Porque no son solamente milímetros!, ¡no!, son familias, casas, calles, caminos, negocios y sueños. Son noches sin dormir y el miedo de escuchar el torrente acercándose y no saber hasta dónde llegará. Es Milena mirando cómo el cauce se desborda, una madre levantando sus cosas para que no se las lleve el agua, un vecino ayudando a otro para que no pierda su negocio.
Porque la lluvia puede ser poesía cuando la contemplas detrás de una ventana, pero cuando entra por tu puerta, cuando moja tu cama, cuando amenaza tu casa, deja de ser un paisaje y se convierte en una pesadilla. ¡Alegría para muchos!, ¡tristeza para otros!, ¡así es de contradictoria la vida!
Las quebradas vienen con fuerza, los caminos desaparecen bajo el agua y la ciudad vuelve a preguntarse… ¿Cuánto tendrá que resistir?
De repente… como si la Pachamama quisiera dejarnos un pequeño mensaje después del temporal… aparece un arcoíris. ¡Ahí está!… quietecito. Y aparece el Iquique solidario, de la olla común, del vecino que presta una pala, una frazada, un techo y un plato de comida.
Quiero creer que el arcoíris nos está diciendo algo… que después de la tormenta sale el sol, que después del miedo podemos volver a levantarnos.
Porque si algo aprendimos los iquiqueños de nuestros abuelos, de los pampinos, de aquellos hombres y mujeres que levantaron esta ciudad con esfuerzo y sacrificio, es que aquí nadie se rinde fácilmente. Iquique podrá inundarse, podrá doler otra vez, pero siempre, siempre encuentra la manera de ponerse de pie y quizás por eso sigo mirando el arcoíris.
Porque debajo del cielo nacido tras la lluvia, la tierra susurra… como lo hicieron nuestros viejos, nuestros abuelos, como se lo decimos hoy a Milena y a cada familia que está sufriendo: no estás sola. Iquique no se rinde… Iquiqueños, arriba la frente.

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