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Estudiantes de la Facultad de Recursos Naturales Renovables de la Universidad Arturo Prat (UNAP) están abriendo camino en la aracnología, un área casi inexplorada... Jóvenes que miran donde nadie mira: La apuesta de la UNAP por formar científicos en el ámbito de la aracnología desde el pregrado

Estudiantes de la Facultad de Recursos Naturales Renovables de la Universidad Arturo Prat (UNAP) están abriendo camino en la aracnología, un área casi inexplorada en el norte de Chile, guiados por el Dr. Andrés Taucare y motivados por una curiosidad que hoy se traduce en ciencia de impacto.

En medio del paisaje árido del norte chileno, donde la vida parece resistir al límite, un grupo de estudiantes decidió mirar más de cerca. No al horizonte, sino al suelo, a los rincones, a los árboles de tamarugo y a esos pequeños organismos que muchos prefieren evitar. Ahí, donde otros ven peligro o desinterés, ellos encontraron preguntas. Y en esas preguntas, una vocación.

Lo que comenzó como curiosidad, a veces incluso como miedo, hoy se ha transformado en una apuesta científica concreta. Una generación de jóvenes de la Universidad Arturo Prat (UNAP) está incursionando en la aracnología, el estudio de las arañas, un campo escasamente desarrollado en Chile y prácticamente inexplorado en la macrozona norte.

La escena no es casual. Detrás de este impulso está el trabajo sostenido del doctor Andrés Taucare, biólogo, académico e investigador de la Facultad de Ciencias, reconocido por sus estudios de las arañas del norte , a nivel nacional e internacional,  quien ha logrado algo poco común: formar, desde el pregrado, un semillero de investigadores en un área de nicho, con proyección científica real.

“Contar con jóvenes más proactivos, que se interesan por temas nuevos y poco explorados, como el mundo de las arañas, es tremendamente motivador. Es un grupo de especies desconocidas, con mala fama, pero muy interesantes para estudiar”, afirma el académico, destacando el entusiasmo de sus estudiantes.

DE LA CURIOSIDAD AL PAPER

En ciencia, muchas veces todo comienza con una pregunta simple ¿por qué viven ahí?, ¿Cómo sobreviven?, ¿Qué efectos tienen en su entorno? En la UNAP, esas preguntas no se quedan en la sala de clases.

Jesús Zegarra, estudiante de Biología Marina, es un ejemplo claro. Su interés inicial por los organismos marinos se expandió inesperadamente hacia el mundo terrestre. Hoy, no solo investiga arañas, sino que ya es coautor de un hallazgo relevante, el registro de una nueva especie de araña para Chile.

“Siempre me gustaron los artrópodos, pero conocer al profesor Taucare me abrió una oportunidad real de aprender más. Este campo es enorme, sobre todo en el norte, donde queda mucho por hacer”, comenta. Su trabajo no se queda en la identificación, sino que también analiza el impacto ecológico de especies como Steatoda nobilis, conocida como la “falsa viuda negra”, una araña invasora que podría afectar a polinizadores claves del tamarugo.

Y es que la investigación de estos jóvenes no ocurre en abstracto. Tiene territorio, contexto y consecuencias. El posible impacto sobre abejas nativas, mariposas y otros polinizadores abre preguntas relevantes para la conservación de ecosistemas locales.

Asimismo, Safeerah Hasan, estudiante de segundo año de Ingeniería en Biotecnología, explica que su trabajo se ha centrado en el estudio del veneno de arañas nativas del norte de Chile.

“Comenzamos investigando Sicarius thomisoides, una especie bastante común en las costas del norte, y ahora avanzamos con Sicarius yurensis, que habita en zonas de mayor altura y está estrechamente emparentada. A partir de lo que ya sabíamos, pensamos que también podría tener un grado importante de toxicidad, similar a lo que ocurre con la araña de rincón”.

En esa línea, detalla que el objetivo ha sido profundizar en la composición del veneno, “La idea fue aprender técnicas de extracción y luego analizar sus componentes, especialmente enzimas que podrían provocar daño en tejidos. Creemos que estas especies, aunque nativas, deberían ser consideradas de importancia toxicológica”.

Safeerah agrega que este tipo de investigaciones también permite derribar mitos. “Existe la idea de que en Chile no hay muchas arañas peligrosas, pero no es tan así. Hay otras especies que también pueden tener efectos relevantes, aunque la diferencia es que no suelen vivir en ambientes urbanos, sino en zonas más naturales, como sectores con arena y roca”.

Sobre su motivación, reconoce que este interés nació en la universidad. “Yo no conocía este mundo antes de entrar a la carrera, pero al involucrarme en el laboratorio y en los proyectos, me empezó a gustar cada vez más. Es un campo amplio, con mucho por descubrir”.

La joven investigadora , destaca el impacto formativo de la experiencia “Haber aprendido estas técnicas junto a otros investigadores y poder proyectarme en esta línea es una oportunidad enorme. Me gustaría seguir investigando, porque el veneno de estas arañas aún no está completamente estudiado y tiene mucho potencial”.

DESCUBRIR LA VOCACIÓN

No todos llegaron por interés previo. Para algunos, el camino partió desde el temor.

Meylin Martínez, estudiante de Ingeniería en Biotecnología, lo reconoce sin rodeos,  “Yo les tenía miedo a las arañas. Nunca pensé trabajar con ellas. Pero quise desafiarme, tomé el tema para un seminario y descubrí un mundo maravilloso”.

Hoy, su investigación se centra en el estudio del veneno de arañas nativas y su potencial biotecnológico. Un giro total que refleja cómo la motivación, bien canalizada, puede redefinir trayectorias.

“Uno siente que puede descubrir cosas nuevas, y eso te impulsa a seguir. Además, el profesor te da seguridad y te motiva a hacer cosas que no pensabas posibles”.

Una experiencia similar relata Catalina Berríos, también de Ingeniería en Biotecnología, quien participó en investigaciones sobre la resistencia de ciertas arañas a condiciones extremas de temperatura. Sus resultados son sorprendentes, especies capaces de resistir hasta 40 grados sin perder agua significativamente, una adaptación clave para sobrevivir en el desierto.

“Al principio daba miedo, pero el aprendizaje en terreno, capturarlas, entender su fisiología, cambia completamente la percepción. Es un proceso muy formativo”.

A los logros ya alcanzados por estos jóvenes se suma, este 2026, una nueva publicación en la Revista Chilena de Entomología, donde Catalina y Meylin, junto al profesor Taucare, publicaron el artículo “Resistencia a la desecación de la araña Sicarius thomisoides (Walckenaer, 1847) (Araneae: Sicariidae) a diferentes temperaturas”, que evidencia cómo estas especies han desarrollado adaptaciones para sobrevivir a condiciones extremas.

CIENCIA DESDE REGIONES

Lo que ocurre en la UNAP no es solo una experiencia formativa. Es también una señal potente que demuestra que desde regiones, y con recursos acotados, se puede hacer ciencia de calidad.

“Estamos generando conocimiento nuevo, publicando y aportando en un área donde prácticamente no había investigación en el norte. Eso demuestra que una universidad regional también puede hacer ciencia de alto nivel”, enfatiza el Dr. Taucare.

Actualmente, el equipo reúne a estudiantes de distintas carreras, principalmente Biotecnología y Biología Marina, quienes desde etapas tempranas participan en proyectos, seminarios e incluso publicaciones científicas. Un proceso que fortalece no solo sus competencias, sino también su identidad como futuros investigadores.

En un país donde la ciencia suele concentrarse en la zona central, lo que está ocurriendo en Tarapacá abre una nueva ruta. No solo por los descubrimientos, sino por las personas detrás de ellos. Jóvenes que transformaron la curiosidad en conocimiento. El miedo en interés. Y una oportunidad académica en una vocación de vida.

“Queremos que más estudiantes se sumen. Este es un campo difícil, porque somos pocos, pero cada vez hay más interés. Y eso es clave para el desarrollo científico del país”, proyecta Taucare.

Así en el silencio del desierto, donde casi nadie mira, esta generación ya comenzó a descubrir un mundo. Uno que, hasta hace poco, permanecía oculto. Y que hoy, gracias a estos jóvenes estudiantes de pregrado y su profesor, empieza a tejer nuevas redes de conocimiento.

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