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Ghis Reyes Gazzo, Activista Social.- El 8 de marzo no es un día de felicitaciones ni de celebraciones superficiales. Es una fecha para conmemorar... 8 de marzo: Memoria, conciencia y dignidad en la lucha de las mujeres

Ghis Reyes Gazzo, Activista Social.-

El 8 de marzo no es un día de felicitaciones ni de celebraciones superficiales. Es una fecha para conmemorar la lucha histórica de las mujeres por la dignidad, la justicia y la igualdad de derechos. Cada avance alcanzado en materia laboral, social, política o cultural ha sido fruto de largos procesos de organización, conciencia colectiva y resistencia frente a estructuras que durante siglos han sostenido desigualdades profundas.

Recordar el 8 de marzo implica también mirar nuestra propia historia latinoamericana. En Sudamérica, las mujeres han sido protagonistas silenciosas de muchas de las luchas sociales que han permitido mejorar las condiciones de vida de pueblos enteros. Muchas veces sus nombres no aparecen en los relatos oficiales, pero su acción cotidiana ha sido decisiva para sostener y movilizar procesos de transformación social.

En el norte de Chile, y particularmente en la historia social de Tarapacá, emerge con fuerza la figura de Teresa Flores, una mujer iquiqueña cuyo rol fue fundamental en las luchas del mundo salitrero. En tiempos en que la vida en las oficinas salitreras estaba marcada por la precariedad, el abuso laboral y las duras condiciones de vida, las mujeres comenzaron a organizarse desde el espacio que la sociedad les había asignado: el hogar y la cocina.

Ante la imposibilidad de que los trabajadores —agotados por jornadas extensas y condiciones laborales abusivas— pudieran organizarse para reclamar por sus derechos, las mujeres tomaron una decisión profundamente simbólica y política: detener las cocinas. Aquella acción, conocida como el tiempo de las “ollas apagadas” o “cocinas apagadas”, fue una forma de protesta que buscaba interrumpir la normalidad cotidiana para visibilizar la injusticia. Si no existían condiciones dignas para vivir, tampoco habría condiciones para continuar sosteniendo la vida doméstica que permitía que ese sistema productivo siguiera funcionando.

Este gesto, aparentemente simple, tuvo un enorme significado social y político. Al detener las cocinas, las mujeres interpelaron directamente la estructura económica que descansaba tanto en la explotación del trabajador como en el trabajo invisible de las mujeres. De esta forma, contribuyeron a abrir espacios de organización que luego fortalecerían los movimientos obreros y sindicales en la región.

El dirigente social Luis Emilio Recabarren, quien comprendió tempranamente la importancia de la participación femenina en las luchas sociales, se refería a Teresa Flores con afecto como “la compañerita”, reconociendo en ella a una mujer profundamente comprometida con la dignidad del pueblo trabajador.

Recordar a Teresa Flores es reconocer que las luchas sociales no nacen únicamente en los sindicatos, en las huelgas o en los discursos públicos. Muchas veces surgen en los espacios cotidianos, en la vida doméstica, en la organización silenciosa de quienes sostienen la vida y la comunidad. Las mujeres latinoamericanas han acompañado históricamente el trabajo de los hombres, muchas veces en condiciones de enorme precariedad. Han sostenido hogares, han criado generaciones y han acompañado los procesos de organización social, convirtiéndose en pilares invisibles de la vida colectiva.

Por ello, comprender la historia de las luchas sociales implica también reconocer que la construcción de una sociedad más justa no puede pensarse desde la separación entre hombres y mujeres. La vida social se construye desde la interdependencia. Somos parte de una trama común donde el trabajo productivo, el trabajo de cuidado, la organización social y la vida comunitaria se entrelazan profundamente.

Sin embargo, la historia también muestra que las mujeres han debido sostener, muchas veces en silencio, gran parte de las consecuencias de la violencia estructural del patriarcado: la invisibilización de su trabajo, la desigualdad laboral, la precarización económica y múltiples formas de exclusión. A pesar de ello, han sido capaces de organizarse, resistir y construir caminos de transformación.

El 8 de marzo es, entonces, memoria y compromiso. Memoria de quienes lucharon antes que nosotros, como Teresa Flores y tantas otras mujeres anónimas que sostuvieron la dignidad de sus comunidades desde la vida cotidiana. Y compromiso con seguir avanzando hacia una sociedad donde la igualdad deje de ser una aspiración y se transforme en una realidad concreta.

Hoy también es necesario recordar que los derechos conquistados no son irreversibles. En un día como este, cuando recordamos las luchas por la dignidad y la vida de las mujeres, resulta profundamente preocupante observar iniciativas que buscan abrir la puerta a beneficios penitenciarios para responsables de crímenes gravísimos. Proponer siquiera que criminales de lesa humanidad, femicidas u otros agresores puedan conmutar sus penas constituye un grave ultraje a la memoria histórica de nuestro país y a las luchas que durante décadas han sostenido las víctimas y sus familias.

Liberar o favorecer con beneficios a responsables de graves violaciones a los derechos humanos —como Miguel Krassnoff, Julio Pérez Silva o Hugo Bustamante— enviaría una señal devastadora para la democracia, para la memoria colectiva y para el compromiso que Chile ha construido en torno a la verdad, la justicia y la defensa irrestricta de los derechos humanos.

La historia ha demostrado que la impunidad no cierra las heridas: las profundiza. Debilita la democracia y relativiza el valor de la dignidad humana.

Por eso, en un día como hoy, reafirmamos con convicción que la memoria, la justicia y la dignidad no pueden ser negociadas.

El 8 de marzo no es una celebración. Es memoria. Es conciencia.  Y es también un compromiso permanente con la justicia.

Nuevamente decimos con claridad: ¡NO a la impunidad!

2 respuestas a “8 de marzo: Memoria, conciencia y dignidad en la lucha de las mujeres”

  1. Orlando Wong General dice:

    Gran reflexión. Muchas gracias

  2. Ghislaine Reyes Gazzo dice:

    Y falta tanto por deconstruir que es de esperar que así como hemos avanzado lento , en este caminar las conciencias han despertado del letargo machista, es así como esperamos no retroceder en estos cuatro años en los avances que hemos ganado con marchas , sudor y sangre para nuestras reivindicaciones

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