El destino turístico Rapanui, la bella isla polinésica
Opinión y Comentarios 15 noviembre, 2025 Edición Cero 0
Dr. Bernardo Muñoz Aguilar, Antropólogo social, Universidad de Tübingen, Alemania.-
Mi llegada la isla y la típica recepción en el aeropuerto con un collar de flores al cuello auguraba una buena estadía. Luego de dejar mis pertenencias en el hotel me dediqué a dar mis primeros paseos por sus limpias calles después de una fuerte lluvia.
La coordinación académica y docencia en un diplomado en gestión del destino turístico Rapanui me llevó a desembarcar en sus tierras y el haber llevado todo mi modulo terminado, me permitió dedicarme también a turistear y lo más lindo de todo, a bucear casi todas las mañanas de esa semana que estuve en el ombligo del mundo, Te pito o Te Henua.
En la Polinesia chilena, Rapanui sin dudas se constituye en el ombligo del mundo polinésico para todos los efectos, una pequeña porción de territorio que convive con el mar y en donde sus habitantes cada día más conviven desde su etnodesarrollo con el turismo sostenible y con su creciente desarrollo humano que avanza no solo a través de esta industria, sino que también a través de sus instituciones locales originarias como los clanes y otras que han aparecido a la luz del creciente etnodesarrollo.
Sus principales problemas están dados por la contaminación ambiental ya que deben manejar sus residuos provenientes de la basura, reciclarlos y enviarlos al continente. De otro lado y producto de las corrientes marinas reciben desechos plásticos y otros provenientes del continente, lo cual ha llevado a sus autoridades a demandar al Estado chileno en tribunales internacionales.
En relación con el mar y al buceo no me puedo dejar de referir a esta bella actividad en Rapanui, ya que si bien es cierto llegué a la bella isla para realizar mis clases, el primer día les dije a mis alumnos que yo buceaba. Al día siguiente a las 8 de la mañana me pasó a buscar Petero en su todoterreno y con todos los implementos para bucear. Nos fuimos unos dos kilómetros arriba de Anakena y nos lanzamos al mar.
Al ser mi primera vez lo hice con mucha ansiedad dentro de mi tranquilidad ya que el mar estaba muy tranquilo y las aguas diáfanas. Ya puestos a la tarea de avanzar cazando, Petero se hizo cargo del bollerín y yo comencé a inspeccionar las aguas separándome un poco de Petero. Luego comenzaron a aparecer unos extraños peces que nunca había visto o solo los había conocido por fotos y me dio julepe dispararles ya que pensé que podían traerme una maldición.
Estaba en la superficie cuando pasó una larga agujilla frente a mi mascara, más allá divisé un pez globo. Debía haber unos siete metros de profundidad, el mar era diáfano y se podía distinguir todo en el fondo desde la superficie.
Me acerqué más a Petero y comencé a cazar los mismos peces que cazaba él. Luego llegábamos a un costado de la playa Anakena, habíamos buceado unos dos kilómetros. Salíamos en las rocas y los hijos de Petero, a los cuales no les gustaba hablar ni español ni Rapanui, sino que lo hacían en una lengua polinésica al vivir en Papeete, en la Polinesia francesa. Estos al llegar nosotros con nuestra caza se comían la pana y otras vísceras de los frescos pescados.
Nosotros nos sacábamos el traje de hombre rana y nos comíamos una empanada de atún con un café en un chiringuito existente al lado de la playa. Luego tirábamos a las brasas nuestra caza y la degustábamos con las manos. Diversos turistas se acercaron durante los días que buceamos a probar la fresca delicia.
Un día no sé cuál de todos los que buceamos y siempre al lado de Petero, bajé en aguas claras y cálidas y a unos cuatro metros de profundidad me agarré de una gran roca, no sé si al divisar un gran pez de unos 40 centímetros de longitud o lo hice antes creo que llamado papua nua, la cuestión es que me puse en posición de tiro, me afirmé de la roca y disparé tranquilo. No sé porque motivo fallé e inmediatamente sentí los rugidos furiosos de Petero en el agua.
Había fallado inexplicablemente. Subí muy decepcionado y molesto conmigo mismo, hiperventilé y volví a bajar nuevamente. Llegué al fondo donde ya había divisado un cardumen de pequeños peces y disparé al montón. Clavé dos de estos y subí con mis presas. En la tarde cuando comenzaba la clase ya todo el curso lo sabía y me preguntaban ¿profe que pasó con el papua nua? Y se burlaban de mí.
Mi respuesta defensiva era, -pero ¿quién caza dos de un disparo?- En definitiva, buceé todos los días en la mañana y los alumnos se peleaban para que usara sus trajes. El día de mi despedida me hicieron un lindo tatuaje en la cara y presos del consumo de alcohol varios se acercaron a mí para relatar sus aventuras marinas y nada menos que con tiburones. Le habían dado de patadas, les habían disparado, en fin, fue una noche en que hablamos mucho de buceo, una actividad que siempre te depara nuevas sorpresas en el bondadoso pero peligroso mar.
También después de clases asistía a locales invitado por mis alumnos y podía ver el respeto con que trataban a un profesor en la isla, me ubicaban en un buen lugar y me ofrecían un jugo de frutas de bienvenida. Otra vez asistí a una discoteca en compañía de algunas personas y vimos a una pareja bailar una especie de tango muy sensual e interesante, su comprensión en el baile hizo que la mayoría de los asistentes aplaudiésemos el elegante ritmo.
Los paseos nocturnos en las ferias artesanales, la alegría en el ambiente, también se sentía en el día, donde conocimos a la reina rapanui, una mujer ataviada con ropas y plumas blancas y su cara y cuerpo con tatuajes y que vendía Poe, un bizcocho dulce y húmedo a base de plátano maduro y se consume en muchos otros alimentos como el cebiche y el curanto pascuense.
Las controversias históricas con el Estado chileno cada cierto tiempo se agudizan, ya sea por la propiedad colectiva de la tierra, la administración de los parques y finalmente por la autonomía del territorio. Las que se producen con las empresas privadas como la del rubro aéreo por la poca disponibilidad de pasajes para los isleños y la frecuencia de los vuelos, debido a la alta demanda de estos, especialmente en temporada alta.
También con el Ministerio de Bienes Nacionales la tensión es alta debido al usufructo de algunas propiedades consideradas por los isleños como propias, y que han significado el fortalecimiento, sin estar exentas de conflictos interpares, de asociaciones indígenas tradicionales, como el consejo de ancianos de los clanes ancestrales que ya mencionamos y otras surgidas al calor de las reivindicaciones actuales.
Un destino único, como San Pedro de Atacama y Torres del Paine tan complejo como el caso del norte de Chile, por sus connotaciones históricas, políticas, de administración y convivencia de dos sistemas culturales en una pequeña y maravillosa isla.
En el año 1960 y después de haber investigado con precisión y delicadeza un sombrero atacameño prehispánico desembarcó en la isla el antropólogo alemán Thomas Barthel, para estudiar ahí las tabletas parlantes de Rapanui y quien el año 1989 me recibiría con un apretón de manos en el instituto de antropología de la Universidad de Tübingen, con la frase, “yo amo a los chilenos” y que se convertiría desde ese momento en mi mentor en esa universidad. Quiero rendir aquí un homenaje póstumo para quien me dirigiera no solo mi tesis, sino que en la época era el director del Instituto de Antropología de dicha universidad, fundada por el príncipe Karl Eberhard en el siglo XVI.
Mi salida de la isla con un collar de conchas marinas en mi cuello señalaba un nuevo camino en mi aprendizaje sobre el turismo sostenible.

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