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Un interesante artículo académico, que da cuenta de cómo surge y se desarrolla Alto Hospicio, desde que era un territorio donde se asentaban parcelas,... Estudio: “Territorios para el castigo y el padecimiento. Ser indio y migrante en los campamentos del desierto de Atacama”

Un interesante artículo académico, que da cuenta de cómo surge y se desarrolla Alto Hospicio, desde que era un territorio donde se asentaban parcelas, hasta su constitución como ciudad y su condición de ser un territorio dispar, con alta población de migrantes y en campamentos, realizó el Dr. Bosco González Jiménez, docente, y Diego Jiménez Rocha, estudiante;  ambos de la Escuela de Sociología de la Universidad Arturo Prat.

El estudio permite tener una aproximación a un fenómeno, relacionado con el explosivo crecimiento de Alto Hospicio que pasó de tener 173 habitantes en 1970, a los 20.00 en 1995, antes, incluso, de ser formalmente una ciudad. Según el censo de 2017, la comuna tenía una población de 108.375, con una proyección al 2020 de 130.003 habitantes.

A continuación, presentamos el estudio señalado

“Territorios para el castigo y el padecimiento. Ser indio y migrante en los campamentos del desierto de Atacama”

Alto Hospicio es una joven comuna emplazada en la Cordillera de la Costa de la provincia de Iquique, a 600 metros sobre el nivel del mar, la cual fue  fundada  formalmente  el año 2004, luego de décadas de poblamiento espontáneo por parte de por poblaciones marginalizadas del desarrollo urbano  de la capital regional.

Su estructura demográfica ha experimentado un crecimiento acelerado históricamente (tabla Nº 1. CREAR,1992) superando, en dos décadas, a los cien mil habitantes. Cuestión proyectada por Guerrero, V (1995)  en su trabajo  De parcela a comuna. La producción de Espacio social en Alto Hospicio. Sin lugar a dudas, Alto Hospicio, el patio trasero de la capital regional de Tarapacá, a más de mil ochocientos Kms. de Santiago constituye uno de los territorios donde se aprecia  de forma nítida una política inconfesable orientada al castigo social (Tijoux, 2020) de pobres, indígenas y migrantes.

Luego de años, las zonas céntricas de la ciudad han logrado acceder a mejores condiciones educativas, sanitarias y de habitabilidad, pero de forma paralela a esta relativa mejora en las condiciones de vida de un grupo de la población,  se han ido configurando territorios  periféricos sostenidos en la  exclusión como verdaderos territorios de castigo para indígenas y población migrante.

El mismo origen sociológico de la comuna de Alto Hospicio se asocia a dinámicas de apropiación espacial  caracterizadas por tomas de terrenos que con el tiempo devinieron en poblaciones y barrios de hogares auto-construidos como resultado de luchas reivindicativas de los pobladores sin techo. De una u otra forma esta comuna  se constituye como un espacio donde operan estrategias de sobrevivencia asociadas a un largo proceso de jibarización de un  estado que simplemente “no es capaz de llegar”

Se trata de  territorios donde  día a día sin pausa y con un ritmo macabro cientos de niños, jóvenes y ancianos, muchos de ellos indígenas y migrantes, deben “aprender” a vivir  con la falta de agua potable, electricidad, micro-basurales y una alta precariedad habitacional sin precedentes.

Se normaliza  un cierto modo de existir  en las fronteras de la sociedad, en un espacio donde se juega la asepsia del orden social.

Todos quienes viven “del otro lado”, tal como  principio de inteligibilidad de todas las formas de la anomalía (Foucault, 2000: 62) son y deben ser sometidos a la mirada desconfiada y puestos bajo sospecha.

Se trata de territorios de castigo (Tijoux, 2020) donde opera una pedagogía de facto que muestra el lugar asignado a los que no se integran a los preceptos productivos y éticos del capitalismo, son estos territorios donde opera una social que  hace retornar de manera majestuosa  el discurso colonial de  la civilización y la barbarie.

En este sentido se trata de espacios socialmente modelados en el marco de dinámicas de apropiación selectivas y estrategias muy precisas, entendiendo que el  espacio, tal como lo propone Lefebre (1985) es  productivo y productor, el espacio entre las relaciones de producción y las fuerzas productivas.

El rostro humano de los campamentos y tomas de Alto Hospicio

Los campamentos y tomas de  terreno en Tarapacá, especialmente en Alto Hospicio, han experimentado  un aumento acelerado en la última década, situación que coincide con un crecimiento sistemático de la población migrante a nivel regional. Entre los años 2011 y  2017 se aprecia una variación ascendente de un 240% en el número de familias que viven en campamentos (Techo, 2018) en este contexto es importante señalar que el 80% de la población que vive en tomas, pertenece a la comuna de Alto Hospicio, encontrando que de los 38 campamentos contabilizados en la región, 27 de ellos se ubican en esta comuna.

Este aumento de campamentos se  inicia a comienzos de la década de los 80’, mostrando un  incremento sostenido considerablemente desde el año 2011 en adelante, como se aprecia en el gráfico N° 1. Del mismo modo, es relevante señalar que en Alto Hospicio los campamentos poseen una magnitud considerable. En general se trata de asentamientos de  un tamaño poblacional significativo  (gráfico N° 2) donde el 58% de ellos son considerados como ‘campamentos grandes’ o ‘macro-campamentos’.

Datos elaborados por González, B. (2018) exhiben que solo el 3,8% de las viviendas de estos asentamientos humanos “irregulares” están conectadas a la red de alcantarillado, mientras que los pisos son de tierra en el 64% de los casos, mientras que un 25% posee agua y luz de origen irregular.

Entre el año 2018 y 2019, el Centro de Estudios Camanchaca con IMAHO llevó adelante un levantamiento de datos sobre la población migrante que habita en tomas de terreno distribuidas en la comuna de Alto Hospicio. Los datos reportados por este estudio permiten sostener algunas cuestiones interesantes, entre las que destaca el hecho de que en las  tomas de terreno de Alto Hospicio en promedio viven tres personas por hogar, sin embargo en un  38% de las viviendas habitan más de 4 personas, en muchos casos (16%) las viviendas son compartidas con dos, tres, cuatro o más familias.

Desde el punto de vista de la nacionalidad de la población migrante de los campamentos y tomas de Alto Hospicio es posible indicar que existen familias Aymaras y Quechuas de Perú,  Bolivia, Ecuador y el Noroeste argentino. De igual manera se aprecia la existencia de población afrodescendiente de Colombia, Perú y el Caribe. De la misma manera es posible sostener la presencia de hombres y mujeres Guaraníes provenientes de Argentina y  Paraguay.

Esta presencia de población indígena y migrante coincide con los datos del INE que exhiben una   presencia significativa de población indígena y migrante en campamentos y tomas de  Tarapacá, en específico en  los  campamentos de el Boro y la Pampa (Comuna de Alto Hospicio)

En el estudio se puede apreciar que un 68,8% de las familias migrantes de los campamentos indica haber tenido a sus hijos en  Chile, sin embargo más del 19% de los niños no han logrado regularizar sus estudios, lo que en el caso de los adultos llega al 82,7%. Desde el punto de vista laboral un 34% de la población indígena y migrante no ha podido encontrar un trabajo y quienes lo han hecho, trabajan en ámbitos de baja calificación, con empleos precarios y altamente flexibles. Tal como se aprecia en el  gráfico N° 3

En cuanto al estado de salud de esta población, un 59.3% señala que sus afecciones físicas no fueron cubiertas por el AUGE-GES, y casi la mitad de la población reconoció en el estudio no haberse realizado control médico en más de un año. Así, aunque gran parte  de los pobladores señala que han sido atendidos, es importante mencionar  que un  23% de niños no están al día con   “control de niño sano” por el hecho de  no estar registrados o no poseer RUT, etc. (Camanchaca, 2019)

La Toma del Boro: Migrantes e Indígenas en castigo y abandono institucional

Al ingresar a Alto Hospicio desde la costa, es posible observar una gran Whipala que flamea en el acceso principal junto la bandera municipal y nacional, como un símbolo imponente de algo así como “una comuna multicultural” Pero seria bueno fijarse si esta declaración dialoga con  la situación de  vida de todos los habitantes indígenas y población migrante de Alto Hospicio.

Más allá del símbolo oficial andino que se emplaza en el ingreso a la ciudad, un análisis comparado de los indicadores micro-censales exhibe la discriminación y precariedad en la cual se encuentran algunas poblaciones de la comuna, como es el caso de La Pampa y aún más el caso del sector El Boro, compuesto por un conjunto de tomas de terrenos donde convive una amplia población de migrantes e indígenas del territorio.

En base los últimos datos micro censales podemos dar cuenta de que el sector del Boro comprende a unas 17.000 personas (INE 2017), de las cuales el 30% son pobladores indígenas, que más allá de simbolismos institucionales, hoy son recluidos a la ilegalidad habitacional y a quienes se les niega el derecho al agua potable y un conjunto de otros recursos básicos para el buen vivir.

En este sector, coinciden también la presencia de más de un 15% de población migrante, volviendo insistentemente aquella dinámica en la cual indígenas y migrantes coinciden en territorios de castigo social con fuertes índices de vulnerabilidad y exclusión social.

De acuerdo con el Plan de Desarrollo Comunal de Alto Hospicio (2017), el Boro comprende una superficie de 2,6 km2, con una densidad poblacional de 3.767 habitantes por km2. Este mismo documento señala los problemas de integración vial urbana que deben superar estos pobladores, debido a un limitado acceso a vías que conecten al sector con la zona de servicios de la comuna.

Desde el punto de vista de la vulnerabilidad habitacional, se observa que mientras la región exhibe un 3% de viviendas tipo mediaguas , en Alto Hospicio estas llegan al 5,32%, situación que es abruptamente más crítica en el sector de el Boro, donde más del 20% de las viviendas son mediaguas o chozas, según la clasificación de INE. Así de abismal es la segregación social en Tarapacá.

Mientras en la región las viviendas de materialidad no aceptable, ascienden a un  39.7%, sorprende que en el caso del boro están alcanzan el 50% de las viviendas, siendo cerca de 2.700 hogares que habitan en viviendas de materialidad inaceptable, entre ellos, destacan las familias migrantes e indígenas.

Esto ha afectado reiteradamente a la población, entre otras cosas, a raíz de incendios domésticos que dañan un gran número de viviendas y han sido largamente reportados en la prensa local.

En medio de un desierto árido, una de las situaciones adversas que deben enfrentar los habitantes indígenas y migrantes de las tomas de terreno de alto hospicio es la carencia de agua; un  33% de sus  hogares no está integrada a la red pública de agua potable.

La ocupación irregula un problema estructural

Datos de la Convención Regional (2017) señalan que de la población perteneciente a Pueblos Originarios, solo un 15% habita zonas rurales, y un 85% de ellos vive en zonas urbanas de la región. Ahora, la inflación inmobiliaria y la incapacidad de pago de la ciudadanía en la provincia de Iquique y la comuna de Alto Hospicio, posibilita que se perpetúen formas clandestinas de ocupación espacial, la cual en el marco de un abandono social y político, se ha vuelto poco gestionable por los entes municipales y regionales, como puede apreciarse en lo declarado por la Municipalidad de Alto Hospicio:

“Se trata de las tomas ubicadas en el sector del ex vertedero (La Pampa) (…), en las cuales los ocupantes ilegales han levantado hasta radieres de cemento y casetas sanitarias. A estos se suman, más de cincuentena de familias que están en un loteo clandestino en la ruta 616, sector el Boro, cierres ilegales y ocupación de terrenos en la calle Santa Rosa de Huara en Santa Rosa, ex la Negra y, por último, unos microempresarios que se instalaron en la ruta 616 con la intersección de la vía 618, donde se han construido dependencias, como por ejemplo, techumbres, galpones, entre otros.”

El Plan de Desarrollo Comunal de Alto Hospicio (2017) vislumbra problemáticas relevantes de rectificar, como la necesidad de reconvertir el exvertedero actual de El Boro. En este mismo sentido y dada la necesidad de mejorar las condiciones de salubridad de este sector habitacional, se señala la planificación de un “Programa de Saneamiento y Control de Plagas para el sector El Boro”, debido a la urgencia de controlar y eliminar vectores biológico que ponen en riesgo la salud de la población.

Con todo, se hace relevante dar cuenta de la cruda realidad que viven socialmente estas poblaciones migrantes e indígenas en campamentos recluidos de facto en  una  ilegalidad impuesta por una violencia estructural sobre los territorios donde habita la fuerza de trabajo de menor calificación.

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