Edición Cero

Pedro Oróstica Codoceo.-  Primera Parte Los contenidos e ideas del presente artículo se encuentran  – justamente en internet. Y en realidad cualquier información  requerida... La otra cara de internet

Pedro Oróstica Codoceo.- 

Primera Parte

Los contenidos e ideas del presente artículo se encuentran  – justamente en internet. Y en realidad cualquier información  requerida puede hallarse allí. Es como un oráculo moderno. Solo hay que separar el trigo de la paja. Y no menos cierto es que, la modernidad ha traído numerosos avances, pero también  puede llegarse a  lo opuesto. No se trataría de no usar internet, sino hacerlo  en forma moderada y de acuerdo a un uso específico. Sin sumergirse para andar saltando de contenido  en contenido, en la forma  profusa con que llega a hacerse. Y esto se acrecienta por el considerable tiempo que se le dedica diariamente. Internet entrega una cantidad enorme de información, pero también se ha convertido en un serio problema, aunque no se tenga una conciencia clara de ello: además que  no se  busca que este hecho sea mayormente apreciado.

Frente a esta problemática, se señala que la situación no es menor y es digna de considerarse en los análisis públicos.   No es solo la cantidad de tiempo que se usa, sino el hecho crucial “que se está digitando el cerebro de una manera silenciosa y constante. Esto,  causa cambios en la manera de pensar, de recordar y de actuar.”  A través del mundo, numerosas personas se están convirtiendo “en tecno adictos a la tecnología y al Internet. Y  les cuesta funcionar sin su dosis de dopamina digital.”   El epicentro de todo este quehacer es el cerebro, que como un motor magistral  impulsa la totalidad de lo que concebimos y hacemos. El  cerebro constituye  una parte  del cuerpo físico humano que no deja de asombrarnos.

Es por ello que,  primeramente, resulta interesante comprender cómo afecta el uso intensivo de internet;  y luego, cada cual puede decidir acerca de lo que más le conviene.  Para adentrarse un poco más sobre esto, habría  “que comenzar con la idea de la plasticidad cerebral; y que se refiere a la capacidad que tiene este  órgano, para adaptarse y cambiar, según  las cosas que se  hagan y a los estímulos a que la persona se ve expuesta  día a día. Es decir, el cerebro se adecua a  cambios de la conducta, para actuar o funcionar más optimizado, adaptándose  maravillosamente a lo que se realiza  para si y para el entorno.

Hasta la llegada de internet, los elementos  utilizados eran los libros. Estos permitían que las personas  hiciesen algo concentrados en  una sola cosa, en este caso leer. “Esto hizo posible que una parte de la población, llevase a cabo un aprendizaje profundo, un pensar concentrado durante largo rato, manejar ideas complejas, y gracias a esto, se aceleró como nunca antes el progreso de la humanidad.”  La lectura facilitaba la concentración  durante un buen tiempo, favoreciendo “el pensamiento, el aprendizaje, la memoria, la creatividad y la inventiva.” Esto, como digo,  hasta la llegada de internet. Hoy poco se lee.

Desde que hizo su aparición, “en forma imparable está acaparando toda  nuestra atención y sobre todo,  la está dispersando en múltiples fuentes de información.  Notificaciones, mensajes, contenidos, videos, noticias, imágenes, etc.. Éstas informaciones y estímulos están compitiendo por nuestra atención y la están dispersando. Con ello, sin que nos demos cuenta, se está reconfigurando nuestro cerebro de una forma acelerada, pasando de un cerebro concentrado a uno distraído; de un cerebro profundo a uno superficial. Las  nuevas condiciones tecnológicas, que son también sociales y culturales, se abren paso en una sociedad neoliberal donde algunos de sus valores están siendo puestos en tela de juicio, dados los resultados que se aprecian sobre las personas.

¿Cuesta leer un libro sin distraerse; estudiar y recordar las cosas que se aprenden? ¿Cuesta terminar lo que se  empieza?  ¿Hay problema en  ver una película  completa sin mirar el teléfono móvil. ¿Todo se da fluido al  trabajar en proyectos o tareas que requieren dedicación y constancia?  ¿Falta   motivación y se ha perdido el interés en cosas que antes gustaban? Estas pueden ser resultantes de un cerebro distraído. El uso desmedido de internet llega a modificar el cerebro,  – recordemos lo de su  plasticidad –  y lo encuadra en  la multitarea y la distracción continua. Se le induce y relega a un actuar puramente  superficial y disgregado. Pero en esto hay una pillería.

“Su uso genera niveles muy altos de dopamina, haciendo sentir placer al momento de usarlo.  Cuando lo dejamos, ya no tenemos ganas de hacer nada más y volvemos a el y a su fuente inagotable de  contenidos novedosos y entretenidos.”  Está claro que al igual que cualquier droga placentera, de no ponerle  atajo continuará creciendo hasta el desarrollo de la adicción. Quienes operan las plataformas de contenidos,  se aprovechan de la vulnerabilidad del cerebro humano para generar adicción, aunque signifique perjuicio para millones. Debe darse una política pública de instrucción al respecto, donde la educación cívica o educación ciudadana, se encargue al menos de entregar este conocimiento.

“El internet y la dopamina que su uso genera en nosotros,  se ha convertido en una droga digital, una cocaína invisible que está creando una generación de tecno adictos. Esta adicción no es cuestión de bromas, presenta consecuencias empíricas  en el cerebro, en la salud, en la productividad, en la vida. Se ha comprobado que esta adicción lleva al deterioro del Cortex Prefrontal.”  Interesante los estudios al respecto.

Estas, son las ideas más generales, que dan forma a este artículo y,  a objeto  de  complementar  lo señalado, se  agrega que   la “dopamina es una sustancia producida por nuestro propio cuerpo y conocida como la hormona de la felicidad. Se trata de un neurotransmisor, liberado por el  hipotálamo, que influye directamente en el comportamiento, la actividad motora y la motivación” de las personas.

Respecto a “la corteza prefrontal o Cortex Prefrontal, ésta es la parte anterior de los lóbulos frontales  del cerebro y se ubica por delante de las áreas motora y premotora. Esta región cerebral,   está involucrada  en la planificación de  comportamientos cognitivos complejos, en la expresión de la personalidad, en los procesos de tomas de decisiones y en el comportamiento social adecuado.”  Es decir, una  función extraordinaria sobre la cual no se tiene mayor información.

 (Continuará)

 

 

 

 

 

 

 

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