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Iván Vera-Pinto Soto/ Antropólogo, Magíster en Educación Superior, Dramaturgo Con motivo de cumplirse 107 años de la masacre de los obreros en la Escuela... Las Voces de los Callados, en adhesión al 21 de diciembre

Iván-Vera-Pinto-Soto-dramaturgo-ok-comenIván Vera-Pinto Soto/ Antropólogo, Magíster en Educación Superior, Dramaturgo

Con motivo de cumplirse 107 años de la masacre de los obreros en la Escuela Santa María de Iquique, el Teatro Universitario Expresión, dependiente de la Universidad Arturo Prat, presentará el día viernes 19 de este mes, en la Sala Veteranos del 79, en formato de teatro semi-montado, la obra “Las Voces de los Callados”, como parte del programa que realizará un movimientos de gestores culturales y artistas locales en homenaje a los trabajadores pampinos.

 “Las voces de los callados” es obra que navega en las aguas del misterio y de lo inexplicable. Precisamente, el drama describe el trabajo y la vida de un dramaturgo que escribe una obra teatral basada en las desventuras de un anarquista (Antonio Ramón), quien intentó vengar la muerte de su hermano muerto en la masacre de la Escuela Santa María de Iquique; paralelamente, investiga las circunstancias en que fueron asesinados sus progenitores y el paradero de sus propios restos,  en el viejo puerto. Mientras redacta concentradamente su escrito, descubre voces que le hablan. Son las voces de sus antepasados, “las voces de los callados”.

 Bien sabemos que las personas que escuchan voces tienen a menudo la impresión de estar confrontadas a otro mundo, una dimensión que las desborda y acapara toda su atención. Su capacidad de razonar puede verse afectada y trastornada temporalmente, pues es imposible comprender su lenguaje críptico y revelador de ellas. Pero, cuando comienzan a internarse en ese territorio desconocido y negado por la razón de los vivos, entablan una asociación entre los discursos e imágenes que perciben con sus preocupaciones y obsesiones ancestrales. Por ello, Leandro, a lo largo del relato intenta controlar estas experiencias para poner orden a su mundo emocional. En este ejercicio logra la espera comunicación con sus seres queridos desaparecidos cruelmente.

 Al comienzo, para Leandro, el contacto con esas energías que emanan de  los espacios donde ha habido sufrimiento y dolor, le provoca angustia y una sensación desagradable. Posteriormente, estas especiales comunicaciones le permitirán sacarse del cuerpo un pesado fardo de ahogo y tendrá la libertad para solucionar sus intestinos conflictos con su vida real y concreta.

 En ese afán de excavar en los pormenores que desembocaron en tan despiadada masacre de los obreros y en el destino de sus padres, pone al descubierto terribles pasajes anecdóticos de la vida sus antecesores que echan por tierra ciertos sentimientos de amor y gratitud que tiene por un tío que no es tal y que, además, resulta ser uno de los responsables del drama familiar que aún mantiene heridas abiertas en él.

 En definitiva, este drama social se mueve en dos planos: la comunicación de Leandro con las voces de los callados o muertos y el nacimiento de una obra que nace del estudio y las divagaciones del propio autor. Parafraseando al héroe de esta historia dramática: Hay que aprender del ayer, valorar a quienes se sacrificaron por nosotros, pero no debemos empantanarnos o hundirnos en el pasado ignominioso.

 Al respecto, Jeannette Baeza, en el prólogo del texto “Obras de la memoria” (2012), nos explica que: “El autor traspasa las fronteras de la imaginación  y nos detalla en  forma realista el dolor y la angustia que sufre el cuerpo de un ser humano por la muerte de sus padres en una santa escuela.

 En paralelo y yuxtaponiendo las formas de presentar los escenarios teatrales, desnuda dos contraposiciones de pensamientos e ideales y nos permite ver con claridad la que es quizá la más condenable de las conductas: la desmedida ambición por el poder; insuperable condición irracional de que se revisten algunos personajes que no pueden ser confundidos en la masa de la ciudad.

 Con verdad, también aborda el tema político, el laberinto de la esperanza obrera truncada por la ráfaga  de metralletas y el desvalimiento de miles de niños que interrumpieron su despertar o vivieron la soledad,  en un enfrentamiento con la realidad social. Este es un acto de consecuencia del autor hacia sus valores de vida que sustenta en defensa  de los derechos humanos y un canto a la santa escuela que perpetúa la masacre del veintiuno de diciembre de 1907; en donde los latidos de los muertos aún resuenan y las condenas olvidadas son castigadas por el imaginario del autor en ese encuentro que ocurre entre la muerte, el general y el anarquista.

 La muerte es una atrayente figura femenina, enigmática y sarcástica, que devela los oscuros pensamientos y acciones del asesino, en una metamorfosis intencionada del autor. Esta figura  juzga, castiga, lleva a límites de la desesperación. En ese escenario, el autor la deja en libertad de acción, ya que esta imagen está por sobre la ficción, por encima de la historia e, incluso, con el poder de gobernar sus propios escritos.  Y agrega: “la muerte no tortura, el dolor si lo hace”. Entonces concluyo que, Vera-Pinto, en un mensaje claro y directo, establece que las culpas son las que hunden la mente y retuercen las venas del ser humano; es el peso de conciencia el que duele y la muerte es transición.”

 En ese contexto, la misma prologuista reflexiona: “La obra es un canto en la voz de un niño a la muerte, a la santa escuela, en un veintiuno de diciembre; cuando los niños fueron obligados  a permanecer en la soledad y el dolor, en medio de la búsqueda de esos cuerpos mutilados. Solamente las voces de los callados pueden calmar ese llanto perpetuo que testimonia las tragedias ocurridas a lo largo de nuestro país”

 De esta forma, el Teatro Expresión, rinde un sincero tributo a los trabajadores pampinos inmolados en esa trágica tarde de diciembre, cuando sus justas demandas y peticiones fueron abatidas por las balas asesinas del Estado y el ejército chileno, sin mediar ninguna provocación ni intentona de violencia por parte de los manifestantes, quienes pacíficamente se congregaron en esa histórica escuela que terminó convirtiéndose virtualmente en el templo de la muerte.

 “Las voces de los callados”, pertenece a la corriente del  Teatro de la Memoria, cuyo propósito es narrar historias basadas en hechos históricos y reales que ocurrieron en tiempos pretéritos y que muchas veces son desconocidas por los ciudadanos, porque los grupos de poder los ocultan, pues pueden afectar a sus intereses. Narrar historias es reconstruir el pasado, para encontrar significado al presente y proyectarse al futuro. De esta manera, se recurre a historias de personajes y hechos históricos no revelados por las letras oficiales para transformarlos en textos dramáticos. En historias para ser leídas y representadas a través de un ritual, el del teatro. Soy un convencido que para sobrevivir en estos tiempos de globalización, mercantilismo y hedonismo es necesario contar historias para que la memoria perviva en el colectivo de nuestro territorio.