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Cambio 21/ Por Pilar Kovacz.- Una vez más la llamada Ley Monsanto, que autoriza la manipulación genética de los alimentos y permite a quien los... Ley Monsanto: manipulación genética de semillas atenta contra la salud humana y perjudica a pequeños agricultores

monsantoCambio 21/ Por Pilar Kovacz.- Una vez más la llamada Ley Monsanto, que autoriza la manipulación genética de los alimentos y permite a quien los hace comercializar el producto, volvió a la palestra. Si bien la discusión gira en torno a un tema que afecta la salud de los chilenos, este no ocupa los titulares de los medios tradicionales del país. Es por ello que las redes sociales han sido el principal escenario para poder dar a conocer el peligro que conlleva los proyectos que están siendo discutidos en el Congreso: los Transgénicos y Obtentores Vegetales.

Ambas iniciativas tienen directa relación con la calidad, cantidad y costo de productos alimenticios de primera necesidad y de acuerdo a sus detractores, a pesar de la trascendencia de su discusión, existe una campaña de desinformación y un fuerte lobby de empresas privadas para conseguir su aprobación.

Los transgénicos son alimentos genéticamente modificados a los que se les ha introducido uno o más genes de otras especies, para dar a ese producto las características del nuevo gen introducido. Los alimentos transgénicos más difundidos son el maíz, el raps, la soya, la canola y el algodón.

En tanto, la Ley de Obtentores Vegetales, tiene que ver con la protección de los derechos de los productores de semillas y la ratificación del convenio de la Unión Internacional para la Protección de las Obtenciones Vegetales, UPOV.

Si bien ambas normas son distintas, tienen un denominador común: Monsanto, la multinacional agrícola más polémica del mundo. Esta empresa es el mayor vendedor mundial de semillas transgénicas y herbicidas en Latinoamérica, Estados Unidos y Canadá. Sus críticos consideran que sus productos son un riesgo para la salud humana, de animales, plantas y para el medio ambiente en general.

Monsanto y la campaña presidencial

La candidata presidencial Michelle Bachelet, durante una entrevista por TV, confirmó que su eventual gobierno rechazará el proyecto hidroeléctrico Hidroaysén y que, atendiendo las voces de alerta, revisará la denominada Ley Monsanto.

“El proyecto Hidroaysén es inviable y no contará con nuestro apoyo”, dijo Bachelet. Aseguró que en su gobierno habrá una “regulación en materia de transgénicos y conservación y protección de las semillas”, por lo que “nos hemos comprometido a revisar los proyectos de ley que se discuten actualmente”.

“De acuerdo a la evidencia científica actual y atendiendo a las voces de alerta de diversas comunidades, es necesario una nueva mirada, porque de lo que se trata es de evitar el daño a la salud de las personas, pero también de proteger nuestra soberanía alimentaria”, añadió.

El lobby de Monsanto

Para el ex Seremi de agricultura, ex director del Servicio Agrícola y Ganadero (SAG) y del Instituto de Investigaciones Agropecuarias (INIA) y ex diputado Leopoldo Sánchez, existen fundadas dudas respecto al aporte de ambos proyectos.

“El problema es que hay un negocio tremendo que subyace a estas normas y que sino se controla adecuadamente se puede prestar para muchos abusos. Hay que resguardar el derecho de los propietarios de semillas y que estos no terminen siendo obligados a usar material modificado pagando derechos”, afirmó al ser consultado por Cambio21.

El experto declaró que “sin duda detrás de esto hay un negocio” y advirtió respecto a la posibilidad de que “se pueda convertir en una práctica gansteril”.

Tampoco tuvo dudas respecto a que este caso es un ejemplo de cómo opera un lobby amparado en ocultamiento de la información. “Aquí hay toda una nebulosa en torno a los organismos genéticamente modificados”.

En la misma línea, Iván Santandreu, biólogo y cofundador de la organización “Chile sin Transgénicos”, aseguró que la norma de obtentores vegetales “busca darle garantías a grandes compañías multinacionales”, como Monsanto y Semillas Baer, ligada por razones familiares a la senadora electa de la UDI Ena von Baer.

Entrevistado por Cambio21, alertó respecto a que “estos grandes monopolios generan pérdida de agrobiodiversidad y autonomía alimentarias”, y calificó la norma que se tramita como “mala derechamente”, porque entre otras cosas “no tiene contrapeso y los pequeños agricultores están desprotegidos; y por otra parte, prácticas ancestrales como guardar las mejores semillas, serían criminalizadas”

Respecto a la Ley de Transgénicos, recordó que muchos países han prohibido el cultivo y que al contrario de lo que plantea la norma que se discute “nuestro país debería diferenciarse por tener una producción limpia como valor agregado” y citó estudios de la Universidad de Chile y la Universidad Católica, encargados por el ministerio de Agricultura, que “confirman que no tiene beneficios para el país, por lo que la discusión es bastante tonta y no tiene sentido”.

Derechamente, sindicó a Monsanto y otras empresas como semillas Baer de montar un plan comunicacional para desinformar y hacer lobby. “Hay empresas editoriales que simplemente estas materias no las divulgan. Por ejemplo, el Ejecutivo puso urgencia a la Ley de Obtentores Vegetales y a la semana siguiente la Revista del Campo de El Mercurio publicó una columna de opinión sobre la importancia de esta Ley. Ahí uno se da cuenta cómo estos medios están engarzados con los grupos de poder”.

Por su parte, el senador Guido Girardi (PPD) insistió en que es un “error que Chile avance en el camino de los transgénicos, porque no tiene ninguna rentabilidad y no es un negocio”.

Explicó en Cambio21 que “Chile tiene una superficie arable muy pequeña y tendríamos que competir con países que tienen inmensos territorios, como Estados Unidos, Brasil y Argentina, que son grandes productores de semillas transgénicas” y agregó que “al contrario, sería mucho más inteligente que nuestro país compitiera como país libre de transgénicos”.

Atribuyó esto a que “hay una visión cortoplacista, mediocre, que no entiende lo que está pasando en el mundo, y los problemas al daño al patrimonio genético. No hay una mirada estratégica de cómo Chile tiene que competir con el territorio que tiene”.

Los riesgos para la salud y el ecosistema

Quince países de la Unión Europea y en América Latina Perú, Ecuador y Venezuela, han declarado algún tipo de prohibición a los organismos genéticamente modificados. Recientemente, 800 científicos de todo el globo agrupados en el Institute of Science in Society, hicieron pública una carta abierta donde llamaron a los gobiernos a “cesar las cosechas genéticamente manipuladas ahora, antes que los efectos se tornen irreversibles en la salud de las personas y la salud de la Tierra en general”.

Los especialistas destacan que los transgénicos son un grave riesgo para la biodiversidad, puesto que tienen efectos irreversibles e imprevisibles sobre los ecosistemas. Como han sido desarrollados para resistir pesticidas, conllevan un incremento del uso de tóxicos, contaminación genética y desarrollo de resistencias en insectos. Esto implicaría la muerte de los suelos agrícolas y una seria amenaza para especies tan importantes como las abejas.

Además los químicos aplicados a los cultivos transgénicos podrían traspasarse a quienes los consumen, provocando alergias y resistencia a los antibióticos. Entre las últimas investigaciones destaca una realizada en Francia, que mostró que ratas alimentadas con maíz de Monsanto sufrieron cáncer, muerte prematura y daños en hígado y riñones, entre otros.

Cabe destacar que actualmente no existe ninguna normativa que obligue a los productores y distribuidores a identificar los productos como transgénicos, por lo que los usuarios no tienen la libertad de elegir su consumo.

Quién es Monsanto

Con 112 años de existencia, Monsanto es la mayor compañía mundial de semillas. Actualmente produce el 90% de los organismos genéticamente modificados y sus ganancias superaron los 1.480 millones de dólares sólo el primer trimestre de este año.

Uno de sus productos más célebres y repudiados es el Agente Naranja, usado durante la guerra en Vietnam para destruir los cultivos y selvas de ese país y que causó la muerte y cáncer a miles de civiles inocentes. Posteriormente produjo y comercializó el DDT y los PCB o askareles, químicos causantes de graves daños a la salud humana y al ambiente, que actualmente están prohibidos en todo el mundo.

Uno de sus productos más polémico usado actualmente es el glifosato, comercializado con el nombre Roundup y que es el herbicida número uno en todo el mundo. Según estudios publicados en la revista científica Investigación Química en Toxicología “Aún en dosis diluidas mil veces, los herbicidas Roundup estimulan la muerte de las células de embriones humanos, lo que podría provocar malformaciones, abortos, problemas hormonales, genitales o de reproducción, además de distintos tipos de cánceres”.

En este punto destaca que las semillas de soja y maíz genéticamente modificadas por Monsanto están hechas para tolerar el glifosato, a lo que se suma que no se reproducen, por lo que los productores deben comprar a Monsanto cada año las semillas.

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