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Diario Financiero/ Por Blanca Arthur.- 
Era la última cuenta que rendiría al país. Una oportunidad que el presidente Sebastián Piñera no podía desperdiciar, por lo... Sebastián Piñera apuesta por el regreso en 2018

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Era la última cuenta que rendiría al país. Una oportunidad que el presidente Sebastián Piñera no podía desperdiciar, por lo que no ahorró tiempo, ni palabras, ni cifras para destacar los principales logros de su gestión.

En su extenso balance apuntó en forma nítida a comparar los progresos experimentados desde que asumió, contrastando la situación actual con la que existía cuando recibió el gobierno de manos de Michelle Bachelet. Tan categórico fue que, aun cuando no la mencionó explícitamente, ella acusó recibo del golpe al cuestionar que algunos caían en la tentación de creer que el país comenzó el año 2010.

En tiempos de campaña, la decisión de Piñera de focalizarse en aquellas comparaciones en que su gobierno puede exhibir éxitos en relación al anterior -como lo hizo al confrontar los indicadores de crecimiento, empleo, e incluso desigualdad- podría entenderse como parte de un diseño tendiente a fortalecer las candidaturas presidenciales del oficialismo.

Es la conclusión que se desprende de las reacciones tanto del abanderado de la UDI, Pablo Longueira, como el de RN, Andrés Allamand, al aplaudir entusiastas el discurso enfocándose precisamente en marcar la diferencia en cómo está el país ahora, después de estos tres años.

Pero de acuerdo a lo que indican en palacio, el beneficio de la estrategia presidencial para los candidatos podría ser una consecuencia, lo que no significa que responda a su principal interés.

En La Moneda no desconocen que lo que más le importa a Piñera es que los logros de su gestión sean reconocidos, con el primer propósito de terminar su período con el máximo de respaldo posible, pero sobre todo, para que ello le abra la puerta a un posible regreso a La Moneda en 2018.

Indicios de su propósito


Que tiene intenciones de ser candidato en cuatro años más es una idea que ronda desde hace tiempo, al punto que en su propio entorno perciben que está creando las condiciones para conseguirlo. Pese a que nunca lo ha confesado abiertamente, no sólo bromea con la posibilidad, sino que tampoco públicamente la desestima, cuando elude el tema con afirmaciones como que nadie conoce los caminos del futuro.

Pero la sensación se instaló con especial fuerza ahora, después del Mensaje del 21 de mayo. En parte porque, a diferencia de ocasiones anteriores, el planteamiento que ha reiterado el presidente del PS, Osvaldo Andrade, encontró eco en distintos dirigentes de la oposición que asumieron como una realidad que está pensando en una candidatura para 2017, pero también porque desde el oficialismo, no sólo fue prácticamente proclamado por el diputado UDI, Iván Moreira, sino que no descartan que está apostando a eso.

En medio del incipiente debate que se abrió luego de que la opción se comenzara a tratar abiertamente, hasta la ministra vocera, Cecilia Pérez, reconoció que no se podía desestimar, e incluso que ella se lo imaginaba perfectamente postulando en cuatro años más.

No ceder protagonismo


Cuando el ministro del Interior, Andrés Chadwick, salió a enfrentar las críticas de la oposición diciendo que las comparaciones entre el actual gobierno con el anterior era la única forma de constatar los progresos, confirmó el diseño, elaborado a comienzos de año en La Moneda, para enfrentar este año electoral.

En palacio no desconocen que, especialmente después del desembarco de Bachelet en la carrera presidencial, esa estrategia podía ser un aporte a las candidaturas del oficialismo, pero que ello no implica que exista la decisión de jugarse por ellas.

En un comienzo hubo algunos indicios de que el gobierno lo haría, como fue el acto en que se celebraron los tres años desde la llegada a La Moneda, pero tanto entonces como ahora, Piñera no cedió su protagonismo al momento de referirse a las realizaciones, ni tampoco con la decisión de hacer anuncios que pudieran incidir en mejorar su popularidad, como el Bono Marzo o la propuesta para hacer obligatorio el kínder.

En los comandos de los propios candidatos reconocen que no perciben un genuino ánimo ni en el Presidente, ni en La Moneda, para apuntalar la campaña de los abanderados de su coalición.

La tesis es refutada por quienes afirman que no puede hacerlo mientras no se decida cuál de los dos postulantes quede en carrera después de medirse entre ambos, lo que explicaría las razones de Piñera para prácticamente conminar a Longueira a participar en las primarias con Allamand.

En gran parte del oficialismo creen, sin embargo, que la presión al candidato de la UDI se debió, más que al interés de tenerlo definido para respaldarlo sin perjudicar al otro, a que no quería que una de las reformas que pretende exhibir entre sus legados políticos perdiera fuerza al ser desestimada por su propia coalición.

Pero no es lo único, porque paralelamente a ello se apunta a que la competencia hasta el final entre dos de las figuras más potentes de su sector, podría conspirar en contra de los intereses presidenciales.

De acuerdo a cálculos que comentan en La Moneda, si Piñera se juega por candidatos que marcan en las encuestas menos de la aprobación que él alcanza, su figura podría debilitarse, mientras con el protagonismo que podrían alcanzar Longueira o Allamand copando el escenario, éstos -uno o a ambos- queden posicionados como los líderes naturales de los partidos aliancistas para el 2017.

En un escenario en que todo indica que, cual sea el candidato, es improbable que impida el triunfo de Bachelet, la apuesta de Piñera apuntaría a no cederle el primer plano a los presidenciables de su coalición de manera de quedar él como la principal carta para el futuro.

Guiño a la derecha


Con el diseño ideado en palacio, lo que se pretende es impedir que la campaña dé paso al síndrome del “pato cojo” que reduzca el papel protagónico de Piñera, porque en la medida en que termine bien su gestión, crece la esperanza que después de cuatro años con Bachelet en La Moneda, la ciudadanía termine por reconocerle sus méritos.

Calculando que difícilmente la Concertación contará con un liderazgo como el de la actual candidata, pero sobre todo que los más probable es que se produzca un retroceso en indicadores económicos como crecimiento o empleo, se podría llegar a un panorama en que aumenten las posibilidades para un retorno a La Moneda.

En ese contexto, junto con la estrategia de destacar su legado que marcó el reciente discurso del 21 de mayo, se entenderían los guiños que le hizo a la derecha en el mismo mensaje, al retomar planteamientos que identifican a dicho sector, como lo hizo en el tema educacional al oponerse a la gratuidad, al rechazar categóricamente el aborto o poner énfasis en el orden con su defensa a la labor de Carabineros.

El propio Piñera tiene plena 
conciencia de que uno de los problemas que podía enfrentar 
sería el cuestionamiento de su propio mundo político por no haberse identificado durante su gobierno con el ideario tradicional de 
dicho sector. Por eso la decisión de marcar el punto ahora respondería al interés de recuperar la confianza de sus propios partidarios para el momento en que intente buscar ser candidato para otro período presidencial.

Cual sea la dinámica que adquiera el panorama político electoral, lo concreto es que en su intención de mantener el protagonismo en medio a pesar de la campaña, no pocos consideran que el Presidente se anotó un punto con el hecho de que frente a sus planteamientos, Bachelet en esta oportunidad no pasó.