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Sergio González Miranda. Premio Nacional de Historia.  No es ni la más antigua, aunque tiene casi mil años; ni la más barroca, si bien... Nuestra Señora de París

Sergio González Miranda. Premio Nacional de Historia. 

No es ni la más antigua, aunque tiene casi mil años; ni la más barroca, si bien expresa plenamente ese estilo arquitectónico; ni la que guarda más reliquias o secretos medievales; pero es la única. No es posible visitar París sin visitarla, porque es más emblemática que la torre Eiffel o el Louvre, les lleva siglos de ventaja.  Se encuentra en una pequeña isla en medio del Sena, como si fuera el corazón de París latiendo al compás de los corazones de los trece millones de turistas que llegan cada año de todo el planeta solo para verla.

Sin embargo, desde ahora ya no será la misma. Logró por más de novecientos años eludir la destrucción, se salvó de la revolución francesa, soportó dos guerras mundiales, incluso la ocupación nazi de París no dejó huellas en su blanca estructura.

No tengo dudas que será restaurada, pero el daño será permanente.  Esa maravillosa aguja o flecha de noventa y seis metros de altura que apuntaba al cielo, ya no existe. En mi opinión debe quedar notorio frente al ojo no solo del experto sino del público en general, porque debe transformarse en una lección para las generaciones futuras que, incluso aquello que creemos eterno, puede ser destruido, sea producto de la negligencia o de la intención destructora de algo o alguien.  Digo algo y no solo alguien, porque muchos bienes invaluables fueron destruidos en nombre del progreso, del mercado, o, de alguna religión o ideología. Recordemos la destrucción la maravillosa y milenaria ciudad de Palmira por el Estado Islámico en dos mil quince. Los Yihadistas hicieron explosar un arco de triunfo romano, templos, torres funerarias, etc., como lo dijo la UNESCO fue un crimen de guerra.

La catedral de Notre Dame no solo es parisina, francesa o europea, le pertenece al mundo occidental y a toda la civilización del planeta en su conjunto.  Así lo entendió la UNESCO cuando en  la declaró Patrimonio Histórico de la Humanidad en mil novecientos noventa y uno.

Espero que este desastre cultural, como aquel que afectó a la catedral de París, sea una lección también para nosotros. Tenemos un sitio que fue declarado Patrimonio Histórico de la Humanidad en dos mil cinco: las salitreras Humbestone y Santa Laura. ¿Estamos cuidando como es debido esta maravilla del desierto?  He visto neumáticos, autos desechados, etc., en su interior, ¿por qué?

Qué sucede con nuestra aduana antigua, que fue presa de un voraz incendio ese fatídico año dos mil quince. Vemos con asombro que sigue igual como el día después del siniestro: ¿Por qué?  Esa misma suerte tuvieron muchas casonas del casco antiguo del puerto.  El sitio donde estuvieron algunas de ellas han sido transformado en estacionamiento de vehículos: ¿eso es progreso?  Creo que somos mayoría quienes tenemos un temor permanente por la conservación de la calle Baquedano la arteria principal que da vida a Iquique y que la une al pasado más glorioso.

Podríamos hacer una larga lista de sitios patrimoniales en peligro dentro de nuestra región, pero lo importante es sacar lecciones de lo acontecido en París: primero, ¿cómo evitar que este tipo de siniestros no ocurran aquí?; segundo, observemos a los franceses y europeos como están reaccionando frente al desastre; tercero, realicemos una campaña de prevención de nuestro patrimonio local y regional; cuarto, eduquemos a las nuevas generaciones para que adquieran una conciencia patrimonial, que incluya también al medio ambiente.