Edición Cero

Anyelina Rojas Valdés.- Era inevitable sentir profunda la emoción y el latir apresurado del corazón. Así lo vivenciaron quienes acompañaron a Leila Nash para... Michel Nash y su madre Ana Sáez, en simbólica y emotiva ceremonia se unen por toda la eternidad en el mar de Pisagua

Anyelina Rojas Valdés.- Era inevitable sentir profunda la emoción y el latir apresurado del corazón. Así lo vivenciaron quienes acompañaron a Leila Nash para cumplir con un simbólico ritual: esparcir las cenizas de su madre Ana Sáez, fallecida hace 3 meses, para que se reuniera simbólicamente, por siempre, con su amado hijo Michel. El joven soldado que se negó a empuñar su arma en contra de sus compatriotas, fue detenido en septiembre de 1973 y posteriormente ejecutado. Sus restos nunca aparecieron. Su hermana cree que fueron incinerados y arrojados al mar.

Pasadas las 11.00 horas de este sábado 28 de octubre, día en que se recuerda y rinde homenaje a los ejecutados políticos, Leila y dos de sus 3 hijas, embarcaron en la lancha “Arrecife”, mientras que el mar calmo, destellaba colores al recibir los rayos del sol. Los sentimientos eran múltiples, pena, nostalgia, emoción; incluso alegría porque de algún modo, aunque no era el deseado, se cerraría en breve, un ciclo. Un largo ciclo que se prolongó por 45 años.

Leila, había recordado antes, que su familia nuclear, tras la ejecución de Michel, de 19 años, se desintegró; sus padres y ella vivieron apartando el dolor propio de los otros dos integrantes de la familia. Es que ninguno quería causar más dolor al otro. Así vivió hasta que se alejo de su hogar para estudiar, más tarde para formar su familia.

Vivió la vida como todos, con penas y alegrías. E hizo lo que hacen las personas, pero adentro, el dolor, la pena y la necesidad que se hiciera justicia, nunca acabó. El ritual de hoy, sólo aminora en algo es pesar de año tras año, por 45 años. Así han vivido muchísimas familias chilenas, que perdieron a sus seres queridos por tener un pensamiento distinto y que la dictadura no perdonó.

Una de esas personas es Verónica Denegri, madre del joven fotógrafo Rodrigo Rojas Denegri, quien en las jornadas de protestas de los 80 y habiendo retornado a Chile,  fue a tomar fotografías. Junto a Carmen Gloria Quintana fueron detenidos por una patrulla militar y quemados vivos. Carmen Gloria sobrevivió, no así Rodrigo.

Verónica, mujer luchadora, quiso acompañar a Leila. “Sólo quienes hemos perdido a un familiar y de la peor forma, sabemos lo que se siente”, dijo.

LA TRAVESÍA

Unos 15 minutos duró la travesía, surcando el tranquilo mar de Pisagua hasta llegar a las aguas, frente a la fosa clandestina, que se descubrió el 2 de junio de 1990 con 19 cuerpos de ejecutados políticos. El mar estaba más calmo que nunca y su color destellando más hermoso que lo imaginado.

Junto a Leyla y sus hijas, además de Verónica, le acompañaron, entre otros, el diputado Hugo Gutiérrez; los dirigentes del Partido Comunista Rubén Moraga y Juan Ramírez; el Secretario general de la JJCC, Reynaldo Morales y el dirigente del Comunal “Michel Nash”, Matías Elizalde. En otra embarcación menor, recorrieron la bahía, los fotógrafos para registrar tan simbólico momento.

La lancha “Arrecife” se detuvo en el mar, frente a la fosa de Pisagua. Allí Leyla y sus hijas tomaron el ánfora de cobre, con las cenizas de Ana y las arrojaron al mar. Fue un momento de tremenda emoción, mientras el vaivén de las aguas, mecía la embarcación. Absoluto silencio. Todos absortos, viviendo el momento. Estaba hermosa la bahía de Pisagua, tan hermosas que parece inimaginable que allí se vivió tanto dolor… horror.

Leila, emocionada, trémula, se incorpora y mira hacia la fosa. Cientos de personas saludaron desde la orilla del cerro, que cae en corte recto al mar, haciendo imposible, salir o llegar a ese sitio. Pisagua completo está cercado por cerro y mar. Por eso dicen que es verdaderamente, una cárcel natural.

 “Compañero Michel Nash…. Presente…. Ahora y siempre”,  fue el grito que penetró el espacio abierto llegando desde el cerro hasta donde se encontraba  la lancha “Arrecife”, en la bahía de Pisagua. Tres veces se sintió el grito.  Leila, apenas contenía su emoción, pero al fin, hizo lo que creía que era lo mejor. En la realidad o en el imaginario, su madre y su hermano, se estaban uniendo para siempre,  simbólicamente, porque en la inmensidad del no ser, se unieron ya, hace 3 meses.

Leila Nash arroja al mar de Pisagua las cenizas de su madre Ana Sáez fallecida hace 3 meses, para que se reencuentre con su hijo Michel, asesinado por la Dictadura, en Pisagua.

Posted by Edición Cero on Sunday, October 28, 2018

 

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Diputado Hugo Gutiérrez

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Posted by Patrimonio, Memoria y Derechos Humanos de Tarapacá on Sunday, October 28, 2018

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