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José Miguel Canales Rodríguez / Sociólogo UNAP  – Generación 1991 . @jmcanales /  jmcr01@gmail.com Quiero referirme las aspiraciones de la Universidad Arturo Prat, UNAP de contar... Reflexiones ante anuncio de la UNAP de de expansión a nuevo campus en sector costero

José Miguel Canales Rodríguez / Sociólogo UNAP  – Generación 1991 . @jmcanales /  jmcr01@gmail.com

Quiero referirme las aspiraciones de la Universidad Arturo Prat, UNAP de contar con un nuevo Campus en el borde costero de Iquique, específicamente en el sector de Lobito, en el marco de un plan de expansión, pues señalan que la infraestructura que poseen en la ciudad no da abasto para sus proyecciones de matrículas. La Casa de Estudios contaría con terrenos dispuestos por Bienes Nacionales, por lo que exponen este mega proyecto -de 6.500 millones de pesos en primera etapa- a la Comisión de Infraestructura del Consejo Regional de Tarapacá CORE, información difundida ampliamente en los medios locales.

Me parece necesario, prioritario y de toda lógica que los Consejos Regionales, desde una estrategia pertinente al desarrollo integral de sus territorios, inviertan en mejorar las capacidades de trabajo que realizan las universidades regionales de carácter públicas, como es el caso de la UNAP. Ello no está en discusión. Sin embargo, la ciudadanía regional también debe tener la posibilidad de saber cuál ha sido el retorno o los beneficios que la comunidad regional ha obtenido de su Universidad respecto de las inversiones que se han venido desarrollando por años, vía recursos públicos.

Aquí estamos hablando de miles de millones de pesos que la Universidad Arturo Prat, en distintas épocas, con diferentes Rectores y con los/as Intendentes/as de turno, ha percibido del Estado, ya sea por recursos sectoriales o del Fondo Nacional de Desarrollo Regional FNDR. Es cosa de revisar estas inversiones y conocer en detalle cuáles eran los objetivos que se establecían para esos proyectos, los que no me cabe dudas tenía las mejores intenciones.

Sin embargo lo anterior, insisto en la necesaria capacidad que se debe desarrollar en la ciudadanía regional de contar con una objetiva evaluación del impacto alcanzado y los beneficios concretos emanados desde la UNAP a esa ciudadanía regional, a la familia iquiqueña, en el marco de los recursos públicos que se le ha otorgado en el tiempo. Esto, desde el prisma que las universidades, en especial las de carácter público y que ostentan el gran desafío de ser el ente pensante del desarrollo regional, deben cumplir un rol de primera línea en los ámbitos de la investigación, la generación de conocimiento con sentido y valor, para abordar esa diversidad de temáticas propias de nuestra región.

A considerar por ejemplo, la escasez de recursos hídricos; lageneración de un debido ordenamiento territorial; el fortalecimiento de la identidad cultural; el abordaje de ámbitos emergentes y propios de la región, como la de migrantes y asentamientos humanos irregulares; el impacto en el medio ambiente por efecto de actividades productivas;los desafiantes temas asociados a la salud y bienestar de la población;el fortalecimiento del emprendimiento social y productivo; el gigantesco abanico de temáticas que hoy afectan principalmente a la gente conmayor desventaja social en la región;entre tantos otros ámbitos propios de Tarapacá. Alguien podrá decir que esto es pega del Gobierno de turno, del Estado, sin duda, pero las universidades regionales algo tienen que decir, más aún si es el propio Estado el que le está transfiriendo recursos para su sustentabilidad y desarrollo.

En concreto, más allá del legítimo derecho que la UNAP ejerce de ser beneficiaria de proyectos concursables para el desarrollo de diversas áreas del quehacer regional (donde muchas veces los ejecutores y expertos son los académicos de pregrado), o de los recursos que puedan captar con proyectos de infraestructura de orden mayor, es necesario señalar con mayor precisión cómo estos recursos públicos han impactado en el quehacer regional y la calidad universitaria alcanzada, más aún cuando hoy vemos con penalas grandes dificultades que nuestra Casa de Estudios ha tenido para lograr Acreditación sus carreras y además constatar que en todos los ranking de universidades que se han publicado, la UNAP no sale del fondo de la tabla, incluso superada por universidades privadas de dudosa reputación.

El tema de fondo entonces, no es desacreditar o condicionar que la UNAP siga recibiendo recursos públicos regionales para sus diversos proyectos y planes estratégicos, sino más bien establecer los criterios más amplios y consensuados posible que permitan saber cuál es el retorno de esa inversión en la región; cómo han impactado esos recursos en la calidad de su trabajo; qué ha priorizado la universidad respecto del uso de la infraestructura levantada con recursos públicos (¿el pregrado, lo técnico, el postgrado, la investigación?); en qué se ha invertido en éstos últimos años, en el marco que hay un ámbito cubierto con recurso externos a la gestión universitaria; cuál es la conexión de convivencia y “ganancia mutua” entre nuestra universidad con la ciudadanía regional, entre tantos otros temas.

Sin duda que estas reflexiones podrán incomodar a algunos e incentivar a otros, pero se hacen desde la inquietud de un egresado de la UNAP que hoy anda de paso por otras latitudes, de quien quiere a su universidad, pero la quiere ver bien. Que se siente orgulloso se haber sido formado en aquellas viejas pero valiosas salas de madera de antaño, de quien ve con desazón cómo seguimos estancados o cayendo en los ranking de calidad universitaria, en que la familia común y corriente de nuestra región ve en su horizonte el vínculo de sus hijos e hijas con otras universidades que venden legítimamente sus productos en Tarapacá; en que los temas que deben ser propios del desarrollo de la universidad pública de la región, sean solo de interés cuando hay una atractiva licitación.

La Universidad Arturo Prat ha navegado por mares convulsionados, no sólo hoy, sino que desde muchos años. Una universidad pequeña, regional, en el extremos norte de Chile (sin embargo la dudosa decisión de extensión a otra regiones), con asignaciones de recursos más bien limitada, requiere el apoyo del Estado, claro que sí y de eso estamos convencidos, pero también sería muy bueno saber cuántos pasos más (o menos) ha dado con los recursos que hasta el día de hoy ha percibido, en especial del Fondo Regional de Desarrollo Regional FNDR, que son recursos también limitados y que están para dar respuesta a una infinita cantidad de necesidades reales que tiene Tarapacá y su gente. La idea es saber si esto es solo una cuestión de recursos o también hay que hincar el diente en la gestión.

Por una UNAP en puestos de avanzada, podría ser el slogan, pero eso en realidad se diluye si no se tiene la capacidad de mirar con sentido crítico lo que se ha logrado hacer, o no, con recursos que, aunque suene cliché, son de todos y todas las habitantes de la Región de Tarapacá.