El 18 de septiembre no es el Día de la Independencia de Chile
Opinión y Comentarios 18 septiembre, 2026 Edición Cero 0
Prof. Dr. Haroldo Quinteros Bugueño.-
En 1808, el emperador francés Napoleón Bonaparte, que por entonces ya había ocupado toda Europa continental excepto Rusia, procedió a la invasión de España, una de las tres mayores potencias europeas colonialistas de la época, junto a Francia e Inglaterra. La resistencia española fue inútil.
Napoleón ocupó el país y puso en el trono español a su hermano José. El rey absolutista español Carlos IV abdicó ese año, y su lugar lo ocupo su hijo Felipe VII. Felipe, ante el avance de Napoleón, abandonó Madrid y se refugió en Cádiz, el puerto español del sur peninsular que, protegido por la flota inglesa, Napoleón evitó ocupar porque una guerra directa con Inglaterra debilitaría su fuerza militar para su proyecto de invadir y ocupar Rusia.
Al conocerse la derrota de España, los administradores de sus colonias, obviamente españoles o criollos realistas, organizaron juntas de gobierno cuyo fin era asegurar la continuidad de la posesión española de las colonias. Por lo tanto, éstas, mientras España no se liberara de los franceses, serían administradas por fieles súbditos de la corona hispana. Ese fue el propósito que tuvo la junta de realistas que se reunió en Santiago el 18 de septiembre de 1810. Esa fecha fue, por ende, la reafirmación del coloniaje.
La constitución de la junta, sobre cualquier otra consideración, fue lógicamente un acto político. Se trataba de impedir que la derrota y ocupación de España por Napoleón alentara a los patriotas independentistas a tomar el poder, declarar la independencia y fundar una república. En efecto, desde hacía varias décadas “una callada sílaba iba ardiendo”, como escribió Neruda en su “Canto General,” en referencia a las manifestaciones independentistas.
Solo hasta aquí, la conclusión es obvia: no hay ninguna razón que justifique que esta fecha sea el día de la independencia de Chile. En verdad, fue el día en que la colonia comenzó a ser administrada por criollos leales a España. De modo que las explicaciones que se han dado para celebrar el 18 de septiembre como el día de nuestra independencia carecen de todo fundamento, tanto histórico como ideológico.
Se argumenta en favor de declarar el 18 de septiembre como nuestro día patrio el hecho que había entre los convocados a formar la junta algunos personajes de convicciones independentistas; eso es cierto, pero eran una ostensible minoría. Si hubiesen sido mayoría, Chile habría proclamado ese día su independencia porque si España había sido derrotada por la Francia de Napoleón, el imperio hispano iniciaría su fin. Además, no habrían elegido a Mateo de Toro y Zambrano su presidente, un aristócrata ultra-realista posesor del título nobiliario “Conde de la Conquista.” ¡Vaya junta “independentista,” con el “conde de la conquista” como su presidente!. También se argumenta en favor de otorgar al 18 de septiembre la categoría de nuestro Día Nacional, la irrupción del “Motín de Figueroa,” pero ese incidente solo fue expresión de contradicciones entre los propios realistas, no entre realistas y patriotas. Veamos:
El 1° de abril de 1811, poco más de 6 meses después de reunida la Junta, un teniente coronel español ultra-conservador, Tomás de Figueroa, junto a algunos seguidores, intentó un golpe de estado contra la Junta para impedir la constitución de un congreso que la reemplazaría. Figueroa sostenía que este congreso, cuyos miembros serían elegidos aunque fuera bajo el principio de fidelidad y sujeción a la corona, pudiese ser infiltrado por independentistas. Figueroa declaró en su defensa que para gobernar la colonia bastaba la Real Audiencia y un gobernador leal al rey, mientras el monarca continuara refugiado en Cádiz.
Algunos miembros de la Real Audiencia habían apoyado a Figueroa, hecho que sirvió a la minoría patriota para exigir la disolución de la Real Audiencia y la ejecución de Figueroa, quien fue finalmente condenado a muerte y fusilado. Además, consiguieron encarcelar y deportar a los que apoyaron su asonada. Es de destacar que entre aquellos patriotas estaba don Ignacio de la Carrera, el ilustre padre de los cuatro hermanos Carrera. El esfuerzo patriota fue, en verdad, débil porque la disolución de la Real Audiencia y la destitución del corrupto gobernador García Carrasco ya habían sido decididas en España desde hacía tiempo, antes de la invasión francesa. Finalmente, el poder político y la administración de la colonia terminó concentrándose en el congreso que se convocó en 1811 y que sustituyó a la junta nacida el 18 de septiembre de 1810. Detengámonos aquí y volvamos a la junta.
No hubo en ella ninguna resolución de independencia, en absoluto. El texto del acta evacuada ese mismo día, aunque existe, es, en verdad, vergonzoso, tanto que prácticamente es prácticamente desconocido entre los chilenos, porque su texto no está en los manuales de historia de nuestra educación escolar, ni tampoco se ha difundido debidamente. Obsérvese lo que dice en sus líneas centrales:
Procuraremos los medios más ciertos de quedar asegurados, defendidos, y eternamente fieles vasallos del más adorable monarca Fernando.
La junta que se reunió el 18 de septiembre de 1810 no se hizo llamar “Junta Nacional de Gobierno,” como falsamente se enseña aún en nuestras escuelas. Obviamente, no podría ser “nacional” puesto que la nación no existía. La verdad es el nombre que le dieron sus organizadores fue “Junta Provisional Gubernativa del Reino.” Analicemos:
- “Provisional” porque existiría sólo hasta cuando el rey de España volviera al trono.
- «Gubernativa,» no de gobierno, matiz que indica que se proponía solo la administración de la colonia, nada más; y
- “Reino” porque esa palabra era el nombre oficial que se daba en aquella época a las colonias. Dicho en el idioma castellano de hoy, el nombre de esa reunión debería ser:
“Junta de colonos leales a la corona de España para administrar en su nombre la colonia de Chile.”
En suma, esa acta partía por reconocer a Chile como una colonia, y no como un país que se independizaba; ni siquiera como una colonia que iniciaba su camino hacia la independencia.
Hay más falsedades todavía:
La educación oficial de Estado chileno no ha sido veraz sobre el carácter que tuvo esa reunión. La ha llamado “cabildo abierto,” en circunstancias que tuvo lugar en un recinto cerrado, al que asistieron criollos custodiados por el ejército colonial de entonces, un cuerpo armado realista, monárquico y anti-independentista.
A todo esto, los patriotas conspiraban por la libertad e independencia desde hacía mucho tiempo. La primera importante conspiración patriota fue la de los “Tres Antonios,” anterior, incluso, a la Revolución Francesa, a la que demasiado poco se refiere la educación escolar oficial chilena. Esta conspiración, reviste una crucial importancia en el largo proceso de lucha por la independencia de Chile y de todas las colonias españolas. ¿Por qué apenas se la menciona en nuestras escuelas, aunque, como chilenos debiera honrarnos proclamarla y enseñarla puesto que fue uno de los primeros gritos de libertad en todo el continente americano?
La conspiración de los Tres Antonios tuvo lugar en Chile en 1780, poco después del triunfo de la revolución de independencia de Estados Unidos (1776), y solo un año después de la ejecución en Cuzco del patriota indígena peruano Tupac Amaru. Inspirados en los principios del enciclopedismo francés ( liberté, egalité, fraternité, de Rousseau, Voltaire, Diderot, Montesquieu) que dieran origen ideológico a la Revolución Francesa, tres hombres de nombre Antonio, protagonizaron en Chile el primer esfuerzo independentista. Dos de ellos eran nacidos en Francia, Antoine Berney y Antoine Gramusset, aunque, en verdad, eran virtualmente chilenos porque ya vivían muchos años en Chile y tenían esposas e hijos nacidos en Chile; y uno chileno, Antonio de Rojas.
Los Antonios organizaron un grupo independentista clandestino, que tenía varias células en el país. El jefe mayor del grupo era Antoine Berney, profesor de Latín y Matemáticas. Fueron finalmente descubiertos y capturados. Los Antonios franceses no fueron ejecutados porque entonces España no arriesgaría ningún conflicto con la poderosa Francia post-revolucionaria. Además, eran aliadas porque por finales del siglo XVIII, el enemigo común de España y Francia era Inglaterra.
Antonio de Rojas, el Antonio chileno, no fue fusilado solo porque no lo fueron sus dos camaradas franceses. Los tres, sin embargo, fueron desterrados al Perú, para ser juzgados en el virreinato. Allí fueron condenados al exilio. Partieron como desterrados presos políticos a Francia, pero el barco en que viajaban naufragó en el océano. Los Antonios franceses murieron ahogados y Antonio de Rojas, que se salvó, consiguió ser rescatado y llevado finalmente a Francia. Como sucede con los verdaderos revolucionarios, siempre incansables, apenas pudo volvió clandestinamente a Chile, con la intención de seguir luchando. En Chile fue capturado, torturado y murió en prisión a causa de los malos tratos y las torturas sufridas.
Algunas de las proclamas de los Tres Antonios fueron conocidas en toda la región americana colonial española. Varias se han conservado, gracias a las investigaciones y archivos de varios de nuestros historiadores de la República (Amunátegui, Vicuña Mackenna y Barros Arana, especialmente). Una de esas proclamas, que sin duda debió aterrar a la junta del 18 de septiembre de 1810, decía:
Queremos, 1. La sustitución del régimen monárquico por el republicano. 2. Un gobierno establecido en un cuerpo colegiado, repartido entre el Jefe de Estado y el Senado. 3. Elección de las autoridades por voto popular, incluyendo el voto de los indígenas ‘araucanos’ o mapuches. 4. Abolición de la esclavitud y de la pena de muerte. 5. Fin de los títulos de nobleza y las jerarquías sociales. 6. Redistribución de la tierra, repartiéndola entre todos los chilenos en lotes iguales. 7. Exportación de la revolución chilena al resto de América y el mundo.
Que este recuerdo que aquí hago de los Tres Antonios sea un homenaje a su valentía y patriotismo.
Volviendo al tema del mito “independentista” de 1810, la verdad histórica es que los primeros cabildos abiertos de nuestra historia fueron convocados un año después, en 1811, bajo el gobierno del Primer Padre de la Patria y Primer Presidente de Chile, don José Miguel Carrera y Verdugo. Un “cabildo abierto” es una instancia de participación popular y de carácter resolutivo, y la reunión del 18 de septiembre de 1810 convocada por la junta realista congregó, por simple co-optación, solamente a criollos ricos conocidos por su figuración en el ambiente de la aristocracia, por sus títulos nobiliarios y tendencias realistas, condición completamente contraria a los ideales patriotas.
En la junta también se reunieron dignatarios, autoridades y burócratas de la corona, la jerarquía de la Iglesia Católica, monarquista y anti-independentista, como lo consigna el historiador Miguel Luis Amunátegui en varias de sus obras como «La Encíclica del Papa León XII contra la independencia de la América Española» (1874); y finalmente, los oficiales mayores del ejército colonial. Ya presidente del país, Carrera, en un gesto conciliatorio con los aún existentes y activos contra-revolucionarios realistas, aceptó que el 18 de septiembre siguiese siendo recordado como el día nacional, a sabiendas que no era tal. Aunque algunos lo han considerado un gobernante autocrático, Carrera no impuso, aunque podía hacerlo, como día nacional el 4 de septiembre, día en que en 1811 tomó militarmente el control del país, como tampoco el 15 de noviembre ni el 2 de diciembre de ese año, días en que consolidó su mando en Chile, como país libre e independiente.
Como hemos señalado, la figura de Mateo de Toro y Zambrano, aristócrata y noble, elegido presidente de la junta que iba a administrar la colonia de Chile, ilustra bien el tono ajeno a toda intención republicana y de independencia. A pesar de tener 83 años, una edad exageradamente avanzada en aquellos tiempos (murió sólo 5 meses después de constituida la junta), su elección sirvió para enfatizar el carácter conservador, aristocrático, oligarca y pro-colonialista de la junta, opositora al republicanismo, enemiga de la igualdad y de la libertad de pensamiento, opositora al laicismo de Estado, a la democracia y la independencia; exactamente lo contrario absoluto a los principios que propugnaban los 3 Antonios y seguidos décadas después por los más conspicuos padres de la patria.
España recuperó sus colonias cuando fracasó su invasión de Rusia. Su derrota fue letal. Perdió allí, en 1812, la mayor parte de su ejército, muchos de sus mejores oficiales y de su armamento. Una coalición de naciones, finalmente lo derrotó en las llanuras de Waterloo, en la actual Bélgica. En 1814, la patria libre que fundó Carrera, la “Patria Vieja,” fue derrotada en Rancagua. La lucha por la independencia, sin embargo, continuó hasta que se logró en Maipú en 1818.
En cuanto a qué fechas pueden servir para proclamar el nacimiento de nuestro país como nación independiente está, por ejemplo, el 4 de septiembre de 1811. Ese día, José Miguel Carrera seguido por sus hermanos y algunas fuerzas militares y civiles armados patriotas atacaron la guarnición realista de Santiago y desarmaron otros cuerpos armados de la capital. Al día siguiente, Carrera, sin importarle un rábano el “congreso” que sustituyó a la junta, proclamó por primera vez la independencia de Chile. Luego hizo confeccionar los primeros símbolos patrios, la primera bandera nacional que bordó su hermana mayor Javiera, y el escudo nacional, tallado en madera por un artista criollo, que rezaba en latín:
Post tenebras lux aut consilliis aut ense. (Después de las tinieblas, la luz, por el acuerdo, o por la espada.
También está el 12 de febrero, día que recuerda la victoria en Chacabuco en 1817. En aquella jornada, el Ejército Libertador de los Andes, con José de San Martín a la cabeza venció a las huestes realistas, y un año después, ese mismo día Bernardo O’Higgins, director supremo del país, lo proclamó como el día nacional. A pesar de la derrota realista en Chacabuco, la contra-revolución se rearmó y volvió al ataque, adjudicándose un importante triunfo en Cancha Rayada en febrero de 1818. Sin embargo, luego de aquella derrota, San Martín venció en Maipú, acabando definitivamente con la resistencia realista en nuestro país. .
En 1830, en Lircay, se enfrentaron los ejércitos de los bandos conservador (pelucones) y los chilenos (pipiolos) que propugnaba más participación popular en la gestión de gobierno. Venció el primero, y el país fue administrado íntegramente por Diego Portales y Palazuelos, primer ministro del presidente y militar José Joaquín Prieto, comerciante de origen conservador. El poder de Portales fue, en los hechos, omnímodo. Durante su gobierno eliminó el 12 de febrero como nuestro día patrio, e impuso el olvidado 18 de septiembre, fecha que Prieto oficializó en 1837, el mismo año del asesinato de Portales. Volver al 18 de septiembre fue un modo explícito de reafirmar el restablecimiento del poder de la oligarquía en el gobierno del país. No existen razones basadas en la más estricta verdad histórica ni en los principios básicos que rigen la vida y los destinos de cualquiera nación libre e independiente.

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