Edición Cero

Anyelina Rojas Valdés.- Cuando la versión oficial de la dictadura decía que los detenidos desaparecidos, en realidad fueron dejados en libertad y decidieron iniciar... A 36 años que la tierra salobre de Pisagua, gritó la verdad al mundo: No estaban libres ni en Europa; estaban en una fosa clandestina

Imagen captada por Francisco Sibulka.

Anyelina Rojas Valdés.- Cuando la versión oficial de la dictadura decía que los detenidos desaparecidos, en realidad fueron dejados en libertad y decidieron iniciar una nueva vida, dejando atrás a sus familias; o que se fueron a Europa en busca de algo mejor, un 2 de junio de 1990, la tierra habló desde el viejo Puerto de Pisagua cuando tras años de búsqueda y de preguntarse ¿dónde están?, emergieron de la tierra salobre, 19 cuerpos de presos políticos ejecutados.

Los metieron en sacos de arpillera, le vendaron los ojos -no se atrevían a mirarlos de frente-, les amarraron las manos con alambres, les pusieron un blanco para una ejecución precisa, les dispararon y los enterraron. Nunca el mundo sabría la verdad -pensaron los verdugos-.  Al punto no se preocuparon de vaciar sus bolsillos, donde llevaban cartas y fotos de sus seres queridos. Para qué. Desaparecerían para siempre.

La búsqueda empezó apenas llegó la noche oscura. Con miedo, con recelo, sin recursos, casi en solitario, porque era difícil arriesgarse. Con los años fue creciendo esta cruzada, gracias al tesón de los primeros voluntarios que horadaron la tierra. Hubo numerosas salidas, donde estuvieron tres personas esenciales para encontrar la verdad: El arqueólogo Olaf Olmos Figueroa, el radiodifusor Fernando Muñoz Marinkovic y el juez Nelson Muñoz Morales. Los tres ya fallecidos, pero dejaron un inconmensurable legado en materia de verdad y búsqueda de justica.

Este 2 de junio, al cumplirse 36 años del macabro hallazgo, cuando la verdad salió al mundo entero y desbarató la versión de la dictadura, la Agrupación de expresos y expresas políticas de Pisagua, realizó un acto conmemorativo. Y el homenaje, se centro en estos tres grandes personajes, a quienes, no solo los familiares, sino que la sociedad chilena en su conjunto, le debe mucho. De lo contrario, seguiríamos viviendo con la versión oficial, que fue desbaratada.

Los 19 cuerpos, estaban dispuestos en orden, una al lado de otros y sobre sus compañeros. La salobridad hizo que se mantuvieran y sus rasgos emergieran desde la tierra para contar la verdad.

EL HOMENAJE

El sobrio y sentido acto conmemorativo, que condujo Patricio Arriaza,  se inició en la tarde, a los sones de la banda de laquitas Ñana Pura. Y tras ellas, familiares, hijos, nietos, compañeros, en solemnidad enfilaron hacia el Mausoleo “Para Que Nunca Más”, donde yacen los restos de la mayoría de los ejecutados.

Luis Caroca, Presidente de la Corporación de expresos y expresas de Pisagua, dijo que este año y entendiendo que las fuerzas naturalmente disminuyen por el paso del tiempo, puso el énfasis, en las generaciones que le siguen.

Así, la periodista Carmen Gloria Muñoz, fue invitada a contar la historia comprometida de su padre, que, desde la comunicación radial, y luego, siendo parte de los voluntarios en la búsqueda, para terminar siendo nombrado como perito por el juez muñoz, para que hiciera el registro fotográfico y audiovisual del hallazgo de la fosa clandestina.

Gracias a su trabajo que se dispersó por Iquique, Chile y el mundo, la verdad se impuso, derribando las versiones de la dictadura. Carmen Gloria, hoy periodista y una mujer adulta, recordó que era muy pequeña cuando vio a su padre, parar una radio, la Radio Iquique, cuya atenta era derribada permanentemente. Pero no sesgó en su compromiso informativo. Y más allá, sumándose a la búsqueda.

Emocionada dijo: “Yo no debería estar hablando acá Tendría que haber estado mi padre, pero falleció. Y hoy este es un espacio emotivo, donde lo recuerdo… lo recordamos”, Dijo que en verdad, la labor de Fernando Muñoz fue encomiable y que todo lo hizo, por un auténtico compromiso, sin lucro alguno. Más tarde sus registros fueron vendidos por otras personas, pero él, siguió en la misma línea.

El hallazgo, en Pisagua, lo marcó para el resto de su vida. Honor y Gloria para Fernando”.

Luego se rindió homenaje al indómito juez Nelson Muñoz Mortales, que -y lea bien-, tardó solo tres días, para que la verdad se impusiera y los cuerpos fueran debidamente custodiados. La respuesta del sistema fue el castigo y la humillación. Mauro Zarricueta Rojas, preparó una hermosa y emotiva semblanza del Juez Muñoz, la que fue leída por su hermano Diego.

“Hoy recordamos el día en que la tierra salobre y calichera de Pisagua se abrió para devolvernos una verdad que, durante casi dos décadas, la dictadura cívico-militar intentó ocultar sistemáticamente bajo el manto del silencio y la negación. Pero la verdad, por más profunda que se entierre, siempre encuentra a quienes están dispuestos a buscarla. Y es en este doloroso pero necesario capítulo de nuestra historia donde emerge, con una dignidad imborrable, la figura del exjuez de Pozo Almonte, don Nelson Muñoz Morales”, inició.

A inicios de junio el juez Muñoz llega a Pisagua a partir de una denuncia que obraba en poder de la Vicaría de la Solidaridad. Con estos antecedentes en su poder es posible descubrir la fosa, tras varios intentos.  No era fácil hacer lo que se hizo. “Haciendo uso de todo su conocimiento y de su propia investidura de magistrado, apura el proceso, nombra peritos y se asegura que los cuerpos sean trasladados al Servicio Médico Legal de Iquique, debidamente protegidos y algunos de ellos ya reconocidos por sus compañeros”.

Recordar que Nelson Muñoz fue notificado por Carabineros en Pozo Almonte para que no siguiera, “pero él, indómito, hizo caso omiso y les respondió que no eran ellos quienes debían notificarlo. Y Siguió en Pisagua, con actuarios que se instalaron a un costado de la fosa, tomando declaraciones y con los peritos nombrados in situ, de manera de proteger los cuerpos y la verdad”.

Una tercera persona recordada en el acto conmemorativo, fue Olaf Olmos Figueroa, arqueólogo, que, dotado de un conocimiento y un respeto profundo, orientó cómo debían hacerse las excavaciones para no producir daños en los restos óseos. Y él, personalmente, con un sigilo impresionante, limpiaba cada parte. Pese a la emoción, no dejó que ésta lo doblegara, e hizo su trabajo pericial con extraordinaria dedicación científica.

A Olaf le debemos su pericia profesional, para sacar los cuerpos de la fosa, sin dañarlo, de modo que pudiesen ser reconocidos por sus seres queridos. Más aún, entre los voluntarios conocidos como “paleros”, había expresos políticos y compañeros, que ya ahí, en esa fosa de Pisagua, fueron identificándolos.

Al concluir, Luis Caroca agradeció a los presentes por su compromiso, con la verdad, la justicia y la memoria. También habló a las generaciones que siguen, para que tomen la continuidad de esta lucha.

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