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En Quipisca, Alto Hospicio e Iquique, una lengua vuelve a encontrarse con las nuevas generaciones. Niñas, niños, familias y educadoras tradicionales participan en nidos... Niñas y niños hacen florecer el aymara en Nidos Linguísticos: Programa  Originarias y UNAP  revive la lengua ancestral en Tarapacá

En Quipisca, Alto Hospicio e Iquique, una lengua vuelve a encontrarse con las nuevas generaciones. Niñas, niños, familias y educadoras tradicionales participan en nidos lingüísticos, espacios donde el aymara se aprende jugando, cantando y conversando, conectando lengua, territorio y memoria. La iniciativa forma parte del proyecto “Mujeres y Niñeces Indígenas: Transformando Entornos”, del Programa Originarias de ONU Mujeres, ejecutado en alianza con la Facultad de Ciencias Humanas de la Universidad Arturo Prat.

Más que enseñar palabras, los nidos buscan que el aymara vuelva a habitar los espacios cotidianos. Detrás de cada expresión existe una historia, una forma de mirar el mundo y un vínculo con la tierra, la comunidad y los antepasados.

En la escuela Yatichawi de Quipisca, niñas y niños de ascendencia aymara aprenden mediante memorices, sopas de letras, competencias y actividades grupales. Antonia, Mía, Matías, Emiliano, Luciano y Aníbal valoran aprender palabras, saludos y despedidas, pero también compartir y fortalecer su vínculo con la comunidad. “Del Nido Lingüístico nos gustan varias cosas, porque aprendemos aymara, pero también hacemos amigos y podemos compartir con nuestros compañeros”, cuentan.

La yatichiri y educadora intercultural bilingüe Marisela Challapa explica que el aprendizaje es entretenido y cercano. “No solamente se enseña lengua, sino también costumbres y tradiciones, es un aporte a la revitalización lingüística y la identidad territorial”.

En tanto, para María José Reyes, coordinadora de la escuela Yatichawi, enseñar aymara implica transmitir prácticas, formas de vida y ritos ancestrales ligados a la agricultura. “El aprendizaje adquiere otra dimensión cuando niñas y niños comparten con sus familias y con las personas mayores de la comunidad”.

Por otra parte, Michelle Espinoza, coordinadora general del proyecto, destaca que en Quipisca “la cultura y la lengua confluyen y se potencian. Son los propios niños, quienes muchas veces conocen el territorio y terminan enseñando a quienes llegan desde fuera”.

NUEVAS VOCES PARA UNA LENGUA ANCESTRAL

En la Escuela Chipana de Iquique, las voces de las propias niñeces dan cuenta de este vínculo con la lengua y las raíces culturales. Keysi Quispe, estudiante de octavo básico, relata con entusiasmo que volver a aprender aymara le permitirá comprender mejor a sus familiares cuando visita Bolivia y recuperar palabras que había dejado de utilizar. “Es muy bonito que nos enseñen nuestro idioma y que podamos mantener vivas nuestras lenguas de origen. Creo que no solo para mí, sino también para otros niños, es muy importante. Por eso, los invito a que vengan y aprendan con nosotros”.

Su madre, Maite Quispe, también destaca el valor de esta experiencia para sus hijos y para las familias. “Es importante que ayudemos a nuestros hijos a conocer diferentes culturas e idiomas. Es un gran apoyo que nos están dando aquí en el colegio”.

Mientras el  académico de la UNAP y yatichiri  Daniel Moscoso, responsable de enseñar destaca que “El nido nos permite revitalizar el idioma mediante cantos, cuentos, costumbres e instrumentos ancestrales, promoviendo además el respeto por las culturas en nuestras niñas y niños que están deseosos de aprender”.

Por otra parte, la jefa de UTP del establecimiento, Silvia Basoalto, agrega que la iniciativa acerca a estudiantes y comunidad a las raíces del territorio. “En una escuela donde más del 60% de sus estudiantes posee esta diversidad de origen, la experiencia abre también una puerta para el encuentro intercultural y estamos muy orgullosos  de este trabajo”.

UNA LENGUA QUE BUSCA QUEDARSE

Durante 2026  en el marco del proyecto que se desarrolla en alianza entre el programa Originarias de ONU Mujeres y la UNAP funcionan tres nidos lingüísticos de lengua aymara: La escuela Yatichawi, en Quipisca; Escuela Chipana, en Iquique; y Colegio Metodista Robert Jhonson, en Alto Hospicio.

Para Hazel Barahona, coordinadora general de los nidos lingüísticos, estos espacios permiten que niñas y niños reconozcan su identidad, compartan y hagan comunidad entregándoles una oportunidad invaluable.

En este contexto, la gerenta del Programa Originarias, Rebeca Sanhueza, destaca que muchas familias indígenas permanecen en localidades del interior, mientras otras se han trasladado a Iquique y Alto Hospicio. “Trabajar con las niñeces en estos territorios es fundamental, si pensamos que la lengua es la base de la cultura. Transmitir el idioma y los conocimientos ancestrales a las nuevas generaciones mantiene viva las identidades y patrimonios culturales de esta región. Desde el Programa Originarias buscamos, además, generar espacios de conexión intercultural, para que a través del idioma, los cantos y los juegos se fortalezca la cohesión e inclusión de la diversidad de personas que conforman las comunidades educativas”.

Para la Dra. Marcela Quintana, decana de la Facultad de Ciencias Humanas y directora del proyecto, la iniciativa refleja el compromiso de la universidad con la interculturalidad y los pueblos originarios. “Como Universidad Arturo Prat, estatal y regional, tenemos que  contribuir a la revitalización de las lenguas y culturas de los pueblos originarios. En Tarapacá, los nidos lingüísticos están sembrando mucho más que aprendizajes, están fortaleciendo identidad, memoria y pertenencia. Cada palabra que una niña o un niño pronuncia, cada canción y cada historia compartida, nos recuerda que una lengua no solo se enseña, sino que también  se transmite y, cuando vuelve a las nuevas generaciones, vuelve también a vivir”.

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