Mackarena Calderón, Presidenta del Colegio de Periodista, Tarapacá.-
Cada 11 de julio solemos recibir saludos, fotografías de antiguas redacciones y frases que exaltan el valor del periodismo. Son gestos bienvenidos, pero insuficientes si olvidamos que esta profesión no se sostiene con homenajes, sino con condiciones que permitan ejercerla con independencia, ética y libertad.
Ser periodista nunca ha sido solo informar. Es preguntar cuando otros prefieren el silencio. Es verificar cuando abundan las especulaciones. Es poner contexto donde las redes sociales ofrecen apenas segundos de atención, y muchas veces, es asumir costos personales por cumplir con el deber de informar.
Vivimos una época paradójica. Nunca hubo tanta información disponible y, al mismo tiempo, nunca fue tan difícil distinguir la verdad del ruido. La velocidad suele imponerse sobre la precisión; los algoritmos premian la polémica antes que el rigor; la desinformación circula con una rapidez que obliga al periodismo serio a redoblar sus esfuerzos.
Por eso el periodismo sigue siendo indispensable. No porque los periodistas seamos protagonistas de la noticia, sino porque una sociedad democrática necesita ciudadanos informados para tomar decisiones libres. Sin información verificada no hay verdadero debate público. Sin libertad de prensa, la democracia pierde uno de sus principales mecanismos de control.
Este año, además, el Colegio de Periodistas de Chile cumple 70 años. Siete décadas defendiendo no solo a un gremio, sino también principios que benefician a toda la ciudadanía: la libertad de expresión, el derecho a informar y el derecho de las personas a recibir información veraz.
La conmemoración llega en un momento que también invita a reflexionar sobre los desafíos internos de la profesión. La precarización laboral, las presiones políticas y económicas, la violencia digital, la pérdida de confianza en las instituciones y la irrupción de la inteligencia artificial exigen un periodismo cada vez más preparado, más ético y más consciente de su responsabilidad social.
Hoy, más que nunca, el desafío no es ser los primeros. Es ser los más responsables.
Porque una noticia puede durar minutos, pero una información errónea puede dañar personas, instituciones y comunidades durante años.
El periodismo seguirá cambiando de plataformas, formatos y tecnologías. Lo que no puede cambiar es su esencia: la búsqueda honesta de la verdad, el compromiso con los hechos y la defensa del interés público.
En este Día del Periodista, el mejor reconocimiento no es un saludo. Es valorar el trabajo bien hecho, defender la libertad de prensa y comprender que cuando el periodismo cumple su misión, quien realmente gana es la sociedad.
Porque informar con verdad sigue siendo un acto de servicio público. Y hoy, como hace 70 años, esa misión importa más que nunca.

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