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Héctor Rojas Cabrera, Periodista Senior. «Viviendo Mi Jubileo».- A solo 30 días de que el desierto de Tarapacá se rinda ante el sonido de los... El Desierto ya Empieza a Cantar…

Héctor Rojas Cabrera, Periodista Senior. «Viviendo Mi Jubileo».-

A solo 30 días de que el desierto de Tarapacá se rinda ante el sonido de los bombos, las cajas y los cascabeles, el corazón del norte chileno empieza a latir con más fuerza. La Fiesta de La Tirana no es solo la celebración religiosa más grande del norte grande; es un puente vivo entre el mito, la historia, la fe y la herencia incaica.

Aquí te rindo mi homenaje y te presento una crónica emotiva que viaja desde el origen de la leyenda hasta el fervor actual de la Virgen del Carmen de La Tirana, la «Chinita» que transforma el desierto en un altar. 

La Leyenda de la Ñusta: El origen de «La Tirana»

Todo comenzó en el siglo XVI, en el año 1535. El conquistador Diego de Almagro avanzaba hacia Chile llevando en su expedición a Paullo Inca (hermano del emperador Manco Inca) y al Willac Umu, el sumo sacerdote del Sol. Con ellos viajaba una joven y hermosa princesa inca: la Ñusta Huillac.

Cuando la expedición cruzaba el desierto, el sacerdote y su hija lograron escapar junto a un grupo de servidores. Se refugiaron en un frondoso bosque de tamarugos, en medio de la Pampa del Tamarugal.

Desde ese refugio, la Ñusta organizó una implacable resistencia contra los invasores españoles. Su carácter era indomable y su odio hacia los conquistadores, absoluto. A todo extranjero que caía en sus manos le esperaba una muerte segura. Por su crueldad y firmeza, los prisioneros la bautizaron con un nombre que infundía temor: «La Tirana del Tamarugal».

 El amor que cambió el destino

El destino de la Ñusta cambió radicalmente cuando sus hombres capturaron a un joven portugués llamado Vasco de Almeida, quien se había internado en el desierto buscando minas de plata. Al ser llevado ante la princesa, ocurrió lo inesperado: sus miradas se cruzaron y el amor floreció de inmediato.

La Ñusta, incapaz de decretar su muerte, comenzó a prolongar el juicio del prisionero inventando pretextos. Durante meses, Almeida le habló de una fe distinta, basada en el amor, el perdón y la vida eterna. Le habló de Jesús y de la Virgen María. La princesa, conmovida por las palabras del joven y el sentimiento que los unía, decidió convertirse al cristianismo y pidió ser bautizada.

La tragedia en el Tamarugal

Vasco de Almeida bautizó a la hermosa Ñusta a la orilla de una vertiente. Sin embargo, los guerreros de la princesa los habían estado vigilando. Al ver que su líder traicionaba a sus dioses ancestrales abrazando la religión de los opresores, se llenaron de furia.

Una lluvia de flechas cayó sobre los amantes. Vasco murió al instante. La Ñusta, agonizante, alcanzó a pedir un último deseo a sus capitanes:

Que la enterraran junto a su amado.

Que en el lugar del sepulcro colocaran una cruz de madera.

El Redescubrimiento y el Nacimiento del Pueblo

Años más tarde, hacia 1540, el fraile mercedario Antonio de Rondón cruzaba la pampa evangelizando la zona. En medio del agreste paisaje del tamarugal, encontró la cruz de madera que marcaba la tumba de los amantes.

Conmovido por la trágica historia que le contaron los indígenas del lugar, el fraile decidió levantar en ese mismo sitio una modesta ermita en honor a la Virgen del Carmen. Con el paso del tiempo, la fe andina y la católica se fundieron, y el lugar comenzó a poblarse, adoptando el nombre que unió para siempre la herencia de la princesa inca con el territorio: La Tirana.

La «Chinita» y sus Hijos: El Fervor de hoy

A 30 días de la fiesta, los trajes se terminan de bordar, las bandas ensayan hasta el cansancio en las calles de Iquique, Alto Hospicio, Tocopilla, Arica y Antofagasta, y las familias preparan su peregrinación. Lo que nació como una trágica historia de amor y muerte en el siglo XVI, hoy es el epicentro de la luz y la esperanza.

A la Virgen de La Tirana se le llama cariñosamente la «Chinita», un término que en el mundo andino connota un profundo respeto, amor filial y cercanía. 

Crónica de una Espera: El Desierto ya Empieza a Cantar

Falta un mes. El pequeño pueblo de La Tirana, que el resto del año duerme bajo el sol pacífico de la pampa con apenas unos cientos de habitantes, ya empieza a oler a tierra mojada, a cera de velas y a comida comunitaria. Pronto, más de 250 mil almas romperán el silencio del desierto.

Ir a La Tirana no es solo un acto de fe religiosa; es un reencuentro con las raíces más profundas del norte. Es ver en los ojos de los bailarines el mismo fuego de la Ñusta Huillac, pero transformado en devoción. Es entender que, en pleno siglo XXI, el amor que unió a la princesa inca con el soldado extranjero sigue vivo en cada paso de baile, en cada lágrima que corre por las mejillas de los peregrinos y en el manto protector de la Chinita, que desde su altar en la pampa sigue reinando sobre el corazón de su pueblo.

¡Ya se siente la fiesta! ¡Faltan solo 30 días para volver a ver a la Reina del Tamarugal!

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