1° de mayo: Día Internacional de las y los trabajadores.
Opinión y Comentarios 1 mayo, 2026 Edición Cero 0
Profesor Haroldo Quinteros Bugueño.-
El 1° de mayo de 1886, 200 mil trabajadores estadounidenses organizaron una huelga en varios estados de su país. Organizaron varias manifestaciones en la ciudad de Chicago, los días 1° y 4 de mayo de ese año, demandando al gobierno decretar la jornada de 8 horas de trabajo. Entre otras reivindicaciones, esa era la principal.
La jornada diaria de trabajo alcanzaba las 12 más horas, no solo en Estados Unidos sino en todo el mundo . Hasta esa fecha, los trabajadores norteamericanos habían luchado durante décadas por esa conquista, la que vino a conseguirse tiempo después. A esa demanda, el gobierno del Estado de Chicago respondió con la represión. Ante la primera manifestación convocada por los líderes de los trabajadores, la policía estatal hizo fuego. La represión armada seguiría los días posteriores, lo que refleja, tal como ha sucedido en todas partes del mundo, la crueldad sin límites a la que puede llegar la clase dominante dueña del capital cuando los que trabajan se levantan.
Los hechos que dieron lugar a la conmemoración del 1° de Mayo como el Día Mundial de los Trabajadores, están contextualizados en la Revolución Industrial en los Estados Unidos, que se había iniciado a mediados del siglo 18. A fines del siglo 19, Chicago era la primera ciudad industrial de Estados Unidos y la segunda en número de habitantes. Del oeste y del sudeste norteamericano llegaban allí a trabajar cada año miles de hombres y mujeres, además de otros miles de la etnia afro-americana, poco después de la abolición de la esclavitud. El sistema, simplemente, los necesitaba como obreros.
Aquel sábado 1° de mayo de 1886 en Estados Unidos, unos 200 000 trabajadores iniciaron una huelga por conseguir la jornada de ocho horas diarias de trabajo. El día 2 de mayo, la policía disolvió violentamente una segunda manifestación de más de 50 000 personas. El tercer día hubo otra concentración, esta vez en frente de los cuarteles policíacos. En la tribuna que se levantó en esa ocasión, el sindicalista August Spies tomó la palabra detallando las demandas de los trabajadores. Una compañía de policías, sin aviso alguno, reinició la represión armada. Dispararon a quemarropa sobre hombres, mujeres y niños, causando la muerte de 6 manifestantes en el lugar. Hubo, además, decenas de heridos, muchos de los cuales murieron horas y días después. El periodista Adolph Fischer, redactó una proclama, impresa en 25 000 volantes, que decía:
Trabajadores: la lucha de clases ha comenzado. Ayer, frente a la fábrica McCormik, se fusiló a los obreros. ¿Quién podrá dudar ya que los chacales que nos gobiernan están ávidos de sangre trabajadora? Pero los trabajadores no son un rebaño de carneros… ¡A luchar! Es preferible la muerte que la miseria.
Si se fusila a los trabajadores, respondamos de tal manera que los amos lo recuerden por mucho tiempo. Ayer, las mujeres y los hijos de los pobres lloraban a sus maridos y a sus padres asesinados, en tanto que en los palacios de los ricos se llenaban vasos de vino costosos y se bebía a la salud de los bandidos del orden. ¡Que sequen sus lágrimas, los que sufren y luchen! ¡Tengan coraje, esclavos! ¡Levántense!
Al día siguiente, el 4 de mayo, a las cuatro de la tarde, en la plaza Haymarket, se realizó una última manifestación. A ella llegaron unos 20 000 trabajadores. Un artefacto explosivo estalló entre los policías. La policía abrió fuego contra la multitud matando a 38 personas y dejando más de 200 heridos. Chicago fue declarado en estado de sitio y se detuvieron selectivamente a los dirigentes del movimiento y a otros cientos de trabajadores. Todos ellos fueron golpeados y torturados brutalmente. La clase empresarial no solo de Chicago sino del país entero reclamó un juicio sumario, el que se realizó poco después. Los líderes del movimiento permanecieron en las cárceles.
Fueron declarados reos y sometidos a juicio. El primer condenado fue el periodista Fischer, y la proclama que había redactado se presentó en su contra como la prueba que finalmente sirvió a los tribunales para condenarlo a muerte. La represión no se detuvo allí. En el marco de los sangrientos sucesos de aquellos días, 3 trabajadores fueron condenados a largas penas de prisión, y otros 5 siguieron el destino de Fischer, la horca.
Las irregularidades en el juicio fueron muchas, violándose todas las normas procesales en su forma y fondo. De los condenados a muerte, uno de ellos, de sólo 22 años, carpintero, se suicidó en su celda para no ser ejecutado.
Las condenas se cumplieron el 11 de noviembre de 1886. En el cadalso, el primer líder del movimiento, August Spies, antes de morir declaró a viva voz:
«¡La voz que van a sofocar será más poderosa en el futuro que cuantas palabras pudiera yo decir ahora!».
En nuestro país, conmemoramos el 1° de Mayo como el justo tributo a los mártires de Chicago, mas también a los miles de trabajadores mártires de nuestra patria, a los de la Escuela Santa María, a los obreros de las salitreras La Coruña, Marusia, Alto San Antonio, San Gregorio; como también en el lejano sur, a los campesinos asesinados en Ranquil, en Lonquimay; a los que murieron ametrallados por orden del Estado en Santiago, en la Plaza Bulnes en 1946; años más tarde en la población José María Caro, en Puerto Montt y en tantos otros lugares en que los trabajadores han sido asesinados por exigir justicia y dignidad.
Por supuesto, también es la fecha para homenajear a los mártires del golpe fascista de 1973; es decir, a los hombres y mujeres que eran dirigentes y militantes de los partidos de la Unidad Popular y de la izquierda chilena, por haber defendido y sido parte del gobierno socialista y, por ello, de los trabajadores, que presidió el mayor patriota chileno del siglo pasado, el presidente Salvador Allende.
Finalmente, una reflexión:
Adolf Fischer escribía en su proclama “la lucha de clases ha comenzado,” lanzada a sus compatriotas después de la publicación en Europa del “Manifiesto Comunista,” folleto del filósofo y sociólogo Karl Marx, que junto a la compleja obra “El Capital” del mismo autor, dejó establecido en el mundo el “Socialismo Científico.” La propuesta de Marx tiene como sustento básico, precisamente, la “lucha de clases,” fenómeno que devela la contradicción dialéctica entre capital y trabajo; vale decir, entre patrones y trabajadores. Los representantes políticos de los intereses empresariales no creen que haya tal contradicción, lo que explica porqué el 1° de mayo es para ellos un día como cualquier otro. No participan, ni menos organizan, actos conmemorativos ad hoc, que naturalmente solo son convocados por las organizaciones de trabajadores. Así es, aunque en el mundo el 1° Mayo se celebra universalmente como el “Día internacional de los Trabajadores.”
En esta fecha, quienes deben trabajar para el sustento de sus familias, no solo conmemoran los luctuosos sucesos de Chicago, sino que la jornada es la ocasión que tienen sus dirigentes de exponer a los gobiernos sus demandas reivindicativas. No obstante, el 1° de Mayo no se conmemora en todos los países. Hay dos en que la fecha pasa inadvertida. Ellos son Inglaterra, la fundadora ideológica del sistema capitalista imperante a fines del siglo 18 y comienzos del 19, y, paradojalmente, en el país en que tuvo lugar la tragedia del 1° de mayo de 1886: Estados Unidos, el primer bastión del capitalismo internacional en nuestros días.

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