Edición Cero

Mackarena Calderón Angulo, Presidenta Consejo Regional Iquique del Colegio de Periodistas de Chile.- Los medios comunitarios no tienen luces, auspiciadores ni paneles de expertos.... Cuando nadie nos ve, hablamos igual

Mackarena Calderón Angulo, Presidenta Consejo Regional Iquique del Colegio de Periodistas de Chile.-

Los medios comunitarios no tienen luces, auspiciadores ni paneles de expertos. No ganan premios ni aparecen en los matinales. Pero cuando ocurre algo importante en un pueblo, en una caleta o en una toma, son los únicos que están. Y no para figurar: para informar, acompañar y resistir.

He recorrido por años las comunas más olvidadas de Tarapacá, trabajando como periodista en instituciones del estado vinculados a pobreza, emergencia y desarrollo social. He llegado a lugares donde el único medio es un cartel en la sede vecinal, un parlante colgado a un poste, o una radio artesanal armada con ingenio y voluntad.

Y créanme: en esos lugares, cuando hay que avisar que se cortó el agua, que murió un vecino, que llegó la ayuda o que hay que organizar una protesta, no se espera a que lo cubra la tele. Se activa el medio local.

Esos medios, sin nombre rimbombante ni logo institucional, hacen el trabajo más difícil: informar donde no hay internet estable, donde no hay garantías, donde la noticia no es rentable, y aun así, siguen siendo ignorados por quienes reparten los fondos, diseñan las políticas públicas y deciden qué voces son “importantes”.

En comunas como Pozo Almonte, Pica, Huara o Camiña, la radio comunitaria, aunque esté medio caída, aunque transmita con equipos modestos, es muchas veces el único puente entre las autoridades y la gente, y si ese puente se rompe, lo que queda es el rumor, la cadena de WhatsApp, la desinformación.

El centralismo mediático no es solo geográfico: es también simbólico. Nos dicen que lo que pasa en el norte, en los bordes, en los cerros, no importa tanto como lo que pasa en La Moneda, y nos acostumbramos. Pero no debería ser así. Las noticias no son más valiosas por cuántos likes tienen; son valiosas por su impacto real en la vida de las personas, y bajo ese criterio, muchos medios comunitarios deberían ser reconocidos como esenciales.

Apoyarlos no es un favor. Es un deber democrático. Exigir que reciban financiamiento justo, que se capaciten, que se visibilicen, no es caridad: es construir país desde los bordes hacia el centro, no al revés. Porque aunque nadie los vea, los medios comunitarios están, y mientras estén, el territorio seguirá hablando.

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