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Isauro Covili Linfati, OFM, Obispo de Iquique.-  Queridos hermanos y hermanas, ¡El Señor les conceda la Paz! 1. En esta noche, deseo compartir con ustedes,... Homilía de Misa de Víspera de la Virgen del Carmen de La Tirana

Isauro Covili Linfati, OFM, Obispo de Iquique.- 

Queridos hermanos y hermanas, ¡El Señor les conceda la Paz!

1. En esta noche, deseo compartir con ustedes, en medio de la oración, la danza y el canto algunas reflexiones que pueden ayudar a vivir y valorar nuestro discipulado de Jesús como también, el amor profesado a la Virgen María en esta tierra bendita de la Tirana y de todo el norte de Chile, siendo Iglesia sinodal, peregrina y portadora de esperanza como reza el lema del año jubilar 2025.

María, Madre, pobre y dichosa

2. Toda la vida de María, la Madre y discípula, fue peregrina, y su andar caracterizado por notas típicas de una peregrinación: sobresaltos, perplejidad, sorpresas, miedos, fatigas, interrogantes, alegrías y esperanza. María de Nazaret, con su “hágase” entra en la gran aventura de la fe adulta. Ella es la sierva del Señor; hágase en mí, según su palabra. Es una pobre de Dios y la voluntad de Dios será su voluntad. Fue aquella mujer que dio su sí al Señor, y siendo fiel hasta las últimas consecuencias.

3. Adentrémonos en la felicidad de María, la pobre de Nazaret. Isabel, su prima, en la visitación le dice: “Dichosa tú que creíste que se cumplirá lo que el Señor te anunció” (Lc 1,45). También ante un elogio de una mujer sencilla del pueblo que dijo, “dichoso el vientre que te llevó y los pechos que te criaron”, Jesús enseñó a los que escuchaban: “Felices más bien los que oyen la Palabra de Dios y la cumplen” (Lc 11, 28). Jesús dirá de igual modo: “felices los que tienen el corazón pobre, porque de ellos es el Reino de los cielos” (Mt 5,3).

4. Podemos aprender que en la vida de María y de todo discípulo, la felicidad va unida a la pobreza. Los verdaderamente pobres son alegres. La pobreza como valor evangélico, engendra la felicidad verdadera. María fue proclamada feliz porque creyó en su pequeñez de servidora, en la Palabra del Señor y en su entrega y disponibilidad de pobre. Con María, aprendemos que un corazón humilde y sencillo, está abierto a Dios en la oración y en el diálogo fecundo con los hermanos. Quien es verdaderamente pobre sabe rezar y dialogar. Un corazón pobre, no es cerrado, ni egoísta, menos triste, sino que, por el contrario, celebra la vida y da gracias a Dios que es Padre, Hijo y Espíritu Santo. Más aún, canta permanentemente el Magníficat. (Lc 1, 49-56).

5. Al igual que el corazón de María, un corazón pobre es un corazón profundamente contemplativo, que sabe discernir y descubrir en la vida y en los momentos más difíciles, que a veces vivimos, el paso de Dios misericordioso que sabe penetrar en las necesidades y aspiraciones de cada uno de sus hijos y de un pueblo entero. Les digo que un corazón pobre, es fraterno, porque descubre en el otro a un hermano y una hermana. Así fue María la pobre, la que experimentó la alegría de la salvación. (Lc 1, 28) y la compartió. (Lc 1,41).

Les manifiesto, que el camino para ser asumidos plenamente por Jesús y llevados por Él al cielo, y hacernos participes de la gloria de su Reino, son para los que se atrevan, al igual que María, ser verdaderamente pobres como lo dicen las Bienaventuranzas.

Cristo resucitado, aliento de la Comunidad cristiana.

6. El libro del Nuevo Testamento es claro, la fe cristiana es una experiencia de comunión vital con el Resucitado y con la comunidad. Hoy como ayer, Jesucristo, nos dice: “vayan, ustedes son mis testigos”. El testigo, en este año jubilar, es quien comparte con los demás una experiencia transformadora, provocada por el Resucitado, la que se atestigua con una vida creíble del seguimiento de Jesús. El hoy de la historia nos reclama una vida coherente y creíble.

7. La esencia de la Iglesia es evangelizar. Sin dejar de reconocer los bellos esfuerzos que se hacen por anunciar el Evangelio, les manifiesto, sin embargo, con preocupación que, nuestras comunidades cristianas, bailes religiosos, colegios, organizaciones eclesiales, en su mayoría, viven más bien replegadas sobre sí mismo y poco abiertas hacia los demás, muchas veces, ajenas a los gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias de los hombres y mujeres de nuestro tiempo, sobre todo, de cuantos sufren.

8. En un momento más profesaremos la fe de la Iglesia en el Dios de Jesús, que es un Dios que pone vida donde hay muerte, que levanta al que está caído; siendo la resurrección de Jesús, un sí rotundo de Dios a la vida humana y un no radical a todo lo que atente contra ella y contra la casa común, que sufre como una pobre.

9. Les digo con claridad y como su hermano y Obispo, un Dios que, de una manera o de otra, vaya contra la vida o la dignidad de las personas es siempre un “dios falso”. No es el Dios cristiano. En este contexto se sitúa lamentablemente el proyecto de aborto libre propiciado por el gobierno, con porfiadez, y que en su tarea más propia debe ser custodio y defensor siempre de la vida, desde su concepción hasta su término natural. Las Comunidades cristiana y todo buen peregrino que reconoce a María como su Madre, es invitado por Dios mismo, a ser amigo de la vida, amarla, cuidarla y defenderla apasionadamente, ante tales amenazas, especialmente de aquellos que son los más inocentes e indefensos, los engendrados y aún no nacidos. Les recuerdo lo que Jesús nos enseñó: “Yo he venido para que tengan vida, y la tengan en abundancia”. (Juan 10,10). Hermanos, solo movidos por la pasión de Dios, podemos entrar en una dinámica de lucha a favor de la vida y de estar en contra de todo aquello que provoca muerte.

10. Desde el encuentro con María en este santuario, sabremos caminar con fe y esperanza en medio de un mundo secularizado. Todo ello será posible, si como Iglesia mantenemos la memoria de la Pascua de Jesús, solo si pedimos la luz interior que nos ilumine, si mantenemos una mirada y un corazón purificado para glorificar a Dios y anunciarlo con alegría, solo si nos atrevemos a mirar y abrazar la realidad desde abajo, ya que, por ser el lugar de la Encarnación del Hijo de Dios, es el lugar también de su fiel y pobre esposa, su Iglesia. La sagrada Escritura nos dice que nuestro Dios es apasionado por la justicia y se compromete en hacerla realidad histórica, por eso nos enseña: “Busquen primero el Reino de Dios y su justicia, y todo lo demás se les dará por añadidura” (Mateo 6,33)

Con María, somos la Iglesia de crucificados y taller de restauración.

11. La Iglesia ha aprendido desde los inicios, aunque con algunos olvidos, a caminar en la historia respondiendo al Dios defensor de los crucificados, de los que están caídos en el

camino y ante quienes, muchas veces pasamos de largo. Les invito a hacer lugar en la Comunidades cristianas, en los bailes religiosos y en las diversas organizaciones, al pobre, al inocente calumniado, a los humillados, y a los marginados. Siento que, a veces estamos muy centrados en lo catequético y en lo litúrgico, que por lo demás son dimensiones esenciales, pero, celebrando la fe a espalda de los que sufren de manera injusta. Ustedes saben que el Resucitado sigue mostrándonos sus llagas en las personas y pueblos que sufren hambre, marginación, en las mujeres agredidas y maltratadas en su hogar y en los ancianos abandonados por sus propias familias.

Les recuerdo que nuestra Iglesia diocesana, al igual que toda la Iglesia, es invitada por su naturaleza a ser y hacer memoria de la pasión, muerte y resurrección de Jesucristo y también en dicha memoria, ser recuerdo permanente y aliento esperanzador de los cielos nuevos y de la tierra nueva. Por eso que, en cada eucaristía, memoria de la vida de Jesús, y del amor de Dios por los descartados, exige de nosotros, una práctica liberadora y el anuncio valiente y transformador del Reino de Dios y su justicia. Hermanos, tenemos que bajar de la cruz a las personas y poblaciones crucificadas. Me pregunto y les pregunto, ¿Qué hacemos en nuestras comunidades parroquiales y organizaciones, para salir en misión y ser presencia del Dios que asume la causa de los últimos y que sigue siendo clavado en la cruz en el rostro de muchos?

12. El amor de Dios por el necesitado, que siempre es vida pascual, posibilita que la Iglesia por su identidad y origen fundacional, sea un taller de restauración, constituida por pecadores, por personas dañadas, personas en construcción y en restauración e invitadas todas a mirar al cielo, sin sustraernos de las cuestiones temporales. Los santos, los mártires, han sido restaurados en el taller que es la Iglesia. Este taller ha sido fundado por Cristo, y nos ha dado la fe, nos ha dado los sacramentos, nos ha dado a la Virgen María, nos ha dado al Papa león y nos da a los hermanos, nos da doctrina y la tradición y muchas otras gracias. La espacialidad de la Iglesia como taller de restauración es hacer santos, a ti, a mí, a todos y no solo a modo personal, sino en Comunidad restaurada, sanada y redimida por Jesucristo.

13. Por eso, mis hermanos, les digo que en medio de nuestro devenir de pecado y de violencia, de mediocridad y corrupción, de impunidad y apatía, el Resucitado sigue vivo, inquietando nuestros corazones con hambre y sed de justicia, de paz y de amor, porque la Iglesia siendo taller de restauración, tiene siempre la misión de ser reserva inagotable de esperanza para todos y especialmente para los que nos dejamos restaurar. La sinodalidad en la Iglesia, y nuestras Orientaciones pastorales diocesanas, son el modo que tenemos para ser restaurados. Les manifiesto que, si nos resistimos a ser transformados y ser parte activa del camino sinodal, como suele ocurrir en muchos, seguiremos siendo hijos de una pastoral de mera conservación, pero sin la pasión del Espíritu Santo.

Con María, los santos y los mártires aprendemos a resistir

14. De la mano de María y especialmente en fidelidad al Dios del Reino, los cristianos, los fieles discípulos de Jesús, que aman cantan y danzan a María, en este Santuario, estamos llamados a resistir. Estoy cierto que hablar de resistencia es peligroso, porque no hemos profundizado en ello y hemos domesticado el evangelio de Jesús. Pero permítanme decirles que, en perspectiva cristiana, la resistencia es la capacidad de hacer frente a la adversidad, al mal y las tentaciones de este mundo. No es simple oposición, sino que, implica una postura activa y perseverante basada en la fe en Cristo, celebrando la Eucaristía, contemplándolo en el Pan consagrado y reconociéndolo en el rostro de todos los que padecen. La resistencia se manifiesta en perseverar en la oración ante algunos que la abandonan. Resistir al pecado y fuerzas espirituales, ante personas que confían su vida en la lectura de las cartas, el tarot, en el horóscopo, e invocan a malos espíritus, y visitan

brujos, entre otras tantas supersticiones. Les digo, resistan, confíen en Dios y busquen un buen guía espiritual y cultiven buena vida familiar y de Comunidad. Resistan a toda mentira cultivando una vida centrada en la verdad y haciéndose cargo de la propia vida y no culpar a los demás de lo que me pasa. La resistencia se manifiesta en la defensa de la justicia y contra todo comportamiento de dominio y poder que denigra a la persona, siguiendo siempre el ejemplo de los profetas, de los santos, de los mártires de ayer y hoy, y de María, nuestra Madre.

15. Además, el que resiste, es el que busca siempre la voluntad de Dios en todas las circunstancias, porque confía y cree en la victoria de Cristo y en sus promesas. El que resiste es el que defiende los valores perennes de la verdad, la justicia, de la fraternidad, de la libertad y de la vida y de muchos otros, cuando estos se encuentran amenazados. Todo bautizado está llamado a resistir a rostro descubierto, contra todo lo que daña la dignidad humana, atributo creacional de toda persona.

El verdadero discípulo de Jesús hace resistencia contra todos los fanatismos, las intolerancias, aunque estos ganen prensa.

16. El cristiano peregrino de esperanza es el que se resiste a una vida cómoda. Solamente resistiendo podemos andar por caminos y geografías incomodas e itinerarios evangelizadores nuevos, no frecuentados ni pisados antes, para hacer realidad el envío misionero de Jesús: “vayan a la otra orilla”, siendo así, Iglesia en salida, profética y esperanzadora. Para resistir, los invito a contemplar a Jesús crucificado y resucitado, a mirar a María su Madre, a los pies de la cruz, con un dolor trapazado, pero entera y esperanzada, a los santos y mártires antiguos y del presente. Imágenes que nos enseña, que los que se atreven a vivir la espiritualidad del Reino para resistir, son los mansos y pacientes de corazón y no los violentos. Permanezcan en Dios y en su madre la Iglesia, no se rindan al cansancio, al desanimo como tampoco a la tentación de abandonar.

17. Antes de finalizar, deseo manifestarles con todo mi corazón de hermano y Obispo de esta tierra sagrada que acoge, la grande valoración que tengo de ustedes peregrinos, y especialmente de los bailes religiosos, y de toda su expresión sencilla de fe. Ustedes me enseñan de su amor y devoción a la Carmelita y su confianza en el Señor y en los santos. He escuchado de ustedes sus desvelos y esfuerzos en los meses previos a peregrinar y estos días de fiesta, marcados por el sacrificio, la alegría de estar, y sus vínculos familiares y fraternos, a pesar de sus cansancios.

18. Confío nuestra existencia, nuestra fe, el andar de los bailes religiosos, como también la vida de todo peregrino y peregrina, la vida del pueblo que nos acoge, la vida de nuestra diócesis, como también de Arica, Calama y Antofagasta con sus Obispos y estas reflexiones compartidas, a la Virgen del Carmen de la Tirana, nuestra Chinita.

Así sea.

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