Edición Cero

Pedro Oróstica Codoceo.-  En un estudio  publicado por Texas Heart Institute,  se calculó que la rebaja de al menos 5 factores de riesgo cardiovascular,... Reduciendo enfermedades cardiovasculares. 

Pedro Oróstica Codoceo.- 

En un estudio  publicado por Texas Heart Institute,  se calculó que la rebaja de al menos 5 factores de riesgo cardiovascular, podrían evitar unos 7 millones de casos de demencia en Estados Unidos; esto, aparte de las millones de muertes que causan. Muy importante, entonces, es reconocer estos factores de  riesgos que constituyen potentes amenazas a la salud de las personas.

Entre estos se cuenta: la hipertensión, la diabetes, la obesidad, colesterol alto, los cuales son el resultados de variables medioambientales, sicológicos, hereditarios y especialmente, del consumo alimenticio. Este último, por los  excesos  de azúcares en líquidos y sólidos,  grasas y carnes,  preservantes, saborizantes, drogas, fármacos,  tabaquismo, alcohol. Todos estos,  incorporados en la alimentación y la vida cotidiana de las personas.

Los estudios muestran   que por lo común, un alto porcentaje de personas    poseen  algún grado de suciedad u obstrucción de los vasos sanguíneos a causa de estos productos. Esto,  dado que finalmente  no son  eliminados por el cuerpo, y terminan adhiriéndose  a las paredes de arterias y capilares  impidiendo una normal circulación de la sangre.

Por cuanto, este taponeo de vasos, es  producido por estos elementos  que  consumimos  en el marco de la alimentación como necesidad básica  y  como refinamiento guloso de ella.  Tema   muy importante,  toda vez  que es objeto del marketing y del industrialismo en este ramo de la economía.

Enfermedades cardiovasculares  

 Son estas investigaciones las cuales relevan que “las enfermedades cardiovasculares causan el fallecimiento de millones de personas en el mundo cada año y son  responsables de la mitad de las  muertes que ocurren en EE.UU.”  En el caso de los norteamericanos, su industria alimenticia los hace  afrontar esta realidad cultural, en la cual se  proveen los   altos niveles de grasas obstructivas, azúcares, y químicos de toda índole.

Son estos componentes los   que a la postre   terminan causando las enfermedades catastróficas o muerte.  Y esto, no solo se da en este país potencia,  está presente en todo el planeta, al menos en su  parte occidental. En todo caso, y es también el motivo de esta nota, el visualizar lo curioso de   atribuir  a “las enfermedades”  la culpa como la principal   causa de estos males.

Con esta manera de ver las cosas,  se excluye  la propia responsabilidad,  o decisión individual, en la creación de la enfermedad. No puede perderse de vista el hecho que, es cada persona   quien  acepta en diferentes grados,  consumir los elementos  que finalmente se convierten en estos factores de riesgo.

Esto, por un  lado,  porque  también se encuentran  las autorizaciones oficiales para la utilización, expendio y distribución de alimentos con estos ingredientes. Un  ejemplo puntual puede apreciarse en los químicos utilizados para la   conservación de alimentos procesados.

Conservantes en los  alimentos.

La revista International Journal of Enviromental Reserch and Public Health, que se dedica a la investigación de fenómenos ambientales y salud pública;    ha publicado cómo un químico preservante llamado terc-butilhidroquinona, (TBHQ), que es utilizado en más de 120 alimentos procesados, puede producir complicaciones en nuestro sistema inmunológico para lidiar con enfermedades infecciosas.”

Este TBHQ, en su momento un gran descubrimiento para alargar la vida útil  de  los alimentos, hoy se ha visto cuestionado,  puesto que se plantea  podría “influir en el funcionamiento de las vacunas contra la gripe, como así mismo  estar relacionado con un aumento de las   alergias alimenticias.”  Además y perfectamente también puede hacerlo con las del covid.

De aquí que, han surgido  exigencias para darle prioridad  a las pruebas  de la presencia de estos químicos en los alimentos,  u   otros usos con los cuales tengan relación. De ahí, que estas investigaciones plantean tanto a los servicios  públicos como a las agencias de salud, poner más atención en los permisos que conceden, para que estos ingenios sean utilizados en la alimentación de las personas.

Conclusiones

Respecto a los factores de riesgo cardiovasculares, la buena noticia, es que limpiando estos conductos, el cuerpo físico comienza a regenerarse y  desaparecen enfermedades que hoy llegan a considerarse irreversibles.

Y  no solo culpar a éstas por la falta de salud y muerte. La causa inicial hay que reconocerla en nuestras propias acciones, conductas y actitudes.  Especialmente en lo que comemos.

Quizás, se pueda achacar de estos estados patológicos, a   las estrategias del marketing y del manejo de masas; pero igual significa desligarse de la responsabilidad propia. En todo caso,  las instancias  protectoras  de la salud pública,  deben velar con mayor acuciosidad respecto al uso de tóxicos por parte de la industria en  la alimentación pública.

Finalmente  vale la pena preguntase ¿frente a la actual racionalidad económica, podemos establecer un actuar preventivo  que  contemple  evolucionar en formas de pensar, de sentir y  de  actuar  y así reducir  estas enfermedades?

 

 

    

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *