Edición Cero

Leonardo Escárate, abogado y Candidato Constituyente independiente La última semana hemos sido testigos, una y otra vez, de la vulneración de los derechos fundamentales... El destino está en nuestras manos.

Leonardo Escárate, abogado y Candidato Constituyente independiente

La última semana hemos sido testigos, una y otra vez, de la vulneración de los derechos fundamentales de las personas. El Estado, y el gobierno de turno, que debieran ser los garantes, no hacen más que mirar al lado, poner cara de resignación o tomar palco desde sus residencias de veraneo.

A la grave crisis migratoria que vivimos, se suma el incendio del Hospital San Borja, las trágicas consecuencias de unas inusuales lluvias en la zona central, la situación del desalojo en la toma Laguna Verde y los problemas derivados de una pandemia desbocada en nuestra Región, donde las autoridades demuestran su desidia, aferrados a unas vacunas que quién sabe cuándo llegarán al común de la población, y con una larga cuarentena que nos obliga a encerrarnos, pasando un amargo verano lejos de la pampa y el mar, que todos añoramos.

Es preciso detenerse respecto a la crisis migratoria, humanitaria y de salubridad que vivimos, pues se trata de una situación que se torna cada vez más grave y que no tiene parangón; con una nula respuesta del gobierno si el problema no es de nivel central, sesgada por una mirada militarizada y beligerante que ha demostrado su ineficacia, y con autoridades ausentes o superadas, que no se comunican con nuestros países hermanos buscando solucionar el grave problema en conjunto.

En paralelo, la Región ya no da abasto y no hay respuesta para hacer frente al número de migrantes, más aún en el contexto de pandemia, y que se torna más grave con la preocupante polarización de la ciudadanía frente a la llegada descontrolada, en este caso de venezolanos, que buscan una mejor vida caminando por el desierto incluso con niños. Algunos plantean, sin miramientos, que debieran ser expulsados, olvidando que la migración es un derecho humano y que los migrantes son ante todo personas.

Todo lo anterior demuestra la falta de interés por nuestro bienestar de quienes nos gobiernan. Se suma el colapso de un sistema, que literalmente hace agua por todos lados, cuyo común denominador es la falta de protección de parte del Estado y de regulación en materia de DDHH, dejando en indefensión a la ciudadanía frente a derechos tan básicos como la vivienda (entregada a las reglas del mercado y dejando desamparada a un alto número de familias); la salud pública (abandonada y sólo sostenida en el talento, esfuerzo y sacrificio de sus trabajadores y trabajadoras).

Además, el medio ambiente (donde la construcción de una central hidroeléctrica es más importante que el abastecimiento de agua y la preservación de espacios naturales, permitiendo la depredación indiscriminada);  el agua (secuestrada por unos pocos, que dejan migajas para el consumo humano); o el nulo respeto a los derechos humanos más básicos de los migrantes (abandonados a su suerte por las autoridades), así como a la seguridad y derechos de los habitantes de la Región.

Pero este oscuro panorama, muestra del sistema neoliberal imperante, con un Estado entregado al mercado, incapaz de garantizar derechos y dar respuestas frente a las emergencias, no puede distraernos del mandato y compromiso que implica el proceso constitucional, con la posibilidad única e histórica de cambiar las cosas en el país.

El destino está en nuestras manos y descansa en la voluntad de los ciudadanos de concurrir a las urnas y elegir apropiadamente a sus representantes, privilegiando a aquellos que no pertenecen a grupos de interés, ya sean económico, político, empresarial o de poder, y asimismo en nuestra habilidad para utilizar en nuestro favor las herramientas que tengamos disponibles. En este sentido el llamado es asumir el desafío que implica tomar una decisión tan relevante y, más allá del sufragio informado y consciente, debemos aprovechar y dar la vuelta de tuerca a todo lo que tengamos a mano para lograr el reconocimiento y protección de tan anhelados derechos.

En esta línea cobra relevancia el sentido y alcance del artículo 135 de la Constitución, pues más allá del riesgo de la existencia de límites y de la posible aprobación del TTP-11, podemos entender que los Tratados en materia de DDHH constituirían un piso mínimo a la hora de establecer dichos derechos, lo que nos pone en un buen punto de partida para la discusión, pues, aunque usted no lo crea y a la fecha no haya significado gran diferencia, según estos pactos, ratificados por Chile, aquellos que se encuentran absolutamente desamparados en nuestro sistema, -agua, salud, vivienda, educación, protección al medio ambiente, migración, infancia, seguridad social, deporte y recreación, plurinacionalidad y autodeterminación, género, entre otros-, deberían estar garantizados y tutelados por el Estado, en virtud del rango constitucional y la obligatoriedad de los Tratados a los que el país adscribe.

Sobre ese rango mínimo constitucional se debe iniciar la discusión en cuanto a la protección de los Derechos Fundamentales, superando la brecha de aplicación y dando estricto cumplimiento al mandato de los pactos internacionales en la materia. De esta manera tendríamos como base un amplio catálogo de derechos, los que vale señalar incluyen todos aquellos que hemos exigido en las calles, y podría significar que nos ahorremos la discusión con los grupos de interés, que evidentemente buscaran perpetuar el sistema y que sostienen que los Tratados constituyen un límite a la Convención, y que por ende, quizá sin saberlo y seguro sin quererlo, nos entregan una importante herramienta para que las demandas sociales sean en gran parte satisfechas. El destino está en nuestras manos, tenemos que luchar con todas las herramientas posibles y lo tenemos que aprovechar.

Una respuesta a “El destino está en nuestras manos.”

  1. fco medina dice:

    cómo se podría trabajar el tema de la migración???