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Pedro Buc, Vicerrectoría de Investigación, Innovación y Postgrados, UNAP.- Como el antiguo dios romano Jano, las Universidades modernas presentan dos caras que se desarrollan... Docencia e Investigación, las dos caras de una misma moneda

Pedro Buc, Vicerrectoría de Investigación, Innovación y Postgrados, UNAP.-

Como el antiguo dios romano Jano, las Universidades modernas presentan dos caras que se desarrollan de modo armónico y combinado: docencia e investigación. La primera se ocupa de esa noble tarea de maravillar, ilusionar a mechonas y mechones sobre lo hermoso que es construir en conjunto el saber y los secretos de la profesión elegida. La segunda escudriña realidades, genera conocimientos, enriquece a la primera con datos, hechos, descubrimientos, siempre empujando los límites de la ciencia. Por lo anterior la investigación es pieza fundamental en el proceso de educación superior. Los avances que investigadora(e)s desarrollan en sus líneas de investigación permiten generar la necesaria visión crítica que deben tener nuestra(o)s profesionales del futuro.

La Investigación en la Universidad Arturo Prat (UNAP) se ha venido intensificando en estos últimos 10 años como una actividad paralela a la docencia, pero no ha alcanzado los niveles adecuados y exigidos para los indicadores de productividad científica. En efecto, si bien es cierto que en años recientes se ha observado un aumento del número de publicaciones, la Comisión Nacional de Acreditación (CNA) ha elevado de modo sustancial los criterios requeridos para la acreditación institucional, incrementando la presión hacia una mayor productividad científica en nuestra universidad.

¿Es posible hacer investigación en regiones lejos de la capital?

Violeta Parra cantaba que Chile limita al norte con el Perú, pero para muchos chilenos Chile limita al norte con La Serena. Cuatro universidades estatales componen la macrozona norte. Como la nuestra, todas sufren del aislamiento y la lejanía de la capital, pero no todas ellas viven este alejamiento de la misma manera pues la UNAP, que fue creada oficialmente el 7 de septiembre de 1985 (las otras tres nacieron en 1981), recibe un aporte fiscal inferior a las otras.

Al finalizar el periodo 2009-2013, la UNAP ocupaba el lugar n°25 del ranking en investigación de las universidades chilenas. En respuesta a estas observaciones, la vicerrectoría de la época inició una serie de medidas destinadas a mejorar este indicador. Tres pilares fueron desarrollados: estimulación de la investigación interna a partir de un programa de fondos concursables, definición de áreas y proyectos estratégicos y atracción de capital humano vía becas de perfeccionamiento académico y contratación de doctores. Al finalizar el periodo 2013-2017, la UNAP ocupaba el lugar n°32 del ranking.

¿Cómo explicar el retroceso de nuestra universidad en los rankings nacionales? El análisis de ese periodo muestra una universidad con un elevado número de centros e institutos de investigación en áreas diversas tales como recursos hídricos, estudio del patrimonio, energías renovables, estudios andinos, biodiversidad, etc. Sin embargo, a pesar de la riqueza de las temáticas, nuestra comunidad científica no ha sido muy fecunda: baja publicación de artículos (corriente principal), reducida edición de libros y capítulos de libros con referato, y apenas un par de depósito de patentes. Pero no solo publicamos poco sino además nuestra productividad es baja pues el cociente entre artículo publicado y número de doctora(e)s es de 0.71, es decir un(a) doctor(a) no alcanza a publicar un artículo por año.

La pregunta que se plantea entonces ¿es un problema de disminución de productividad de la(o)s doctora(e)s, o de una reducción del universo de doctora(e)s en actividad de investigación? La respuesta que nos dan las cifras es clara: para el año 2019 de 112 doctores, solo 42 permanecían en actividad, es decir 37.5% del total. Además, el número de académicos con grado de doctor, alcanza al 25% de la comunidad académica. Como consecuencia de lo anterior, tenemos una baja tasa de adjudicación de postulación a fondos concursables nacionales, antiguamente Conicyt y ahora ANID.

Hacia una nueva política de investigación en la UNAP

En medio del estallido social y de la pandemia viral, nuestro equipo rectoral se hace cargo de la universidad. Al miserable aporte fiscal que el Estado entrega a sus universidades, los 12 años de gestión de la rectoría anterior han dejado a la universidad exhausta y al borde del colapso. Repensar la universidad en un periodo de crisis lleva a formular una estrategia de repliegue que se estructura alrededor de ejes fundamentales tales como un nuevo organigrama de la Universidad, y una reorganización de facultades e institutos. En efecto, se hace necesario un cambio mayor en la administración central que mejore las interacciones entre los distintos servicios, rompa las barreras que caracterizaron el crecimiento desproporcionado de vicerrectorías y diferentes unidades prestadoras de servicio.

La estructura actual de facultades tanto en número como en su definición temática no ha permitido el desarrollo de investigación disciplinar y aún menos de una adecuada articulación docencia-investigación. Han sido incapaces de generar un claustro académico que pueda desarrollar programas de posgrado. Las carreras no han logrado un desarrollo pleno a punto tal que solo un porcentaje menor de ellas beneficia de sustantivos años de acreditación. La mayoría de los Institutos y Centros de investigación, a la excepción de algunos de ellos, fallaron en su política de aumentar la productividad científica. Una reducción y rediseño de ellos era obligatorio a la hora actual.

Una radiografía del mundo de la investigación e innovación se hacía necesario afín de realizar proyecciones y preparar un adecuado plan de acción y guía de ruta para los años 2020-2024. Para tal efecto se preparó y se hizo público el primer reporte de productividad científica de la UNAP que recopila las publicaciones de artículos durante los años 2018-2019 que se puede visualizar en el siguiente link https://es.calameo.com/read/005961668160db72b0c7c. Actualmente se está trabajando en la preparación del primer reporte de proyectos adjudicados durante el periodo 2017-2019. Con estos elementos en mano se puede construir un plan de acción para el futuro.

A pesar de lo escuálido del presupuesto destinado a investigación e innovación, diferentes medidas a desarrollar están siendo aplicadas progresivamente. Ellas incluyen, entre otras, aumentar la productividad científica, establecer áreas de investigación de prioridad variable, consolidar las unidades de investigación (centros disciplinarios, núcleos inter-facultades e institutos de excelencia), fortalecer claustros académicos, favorecer la articulación de la docencia con la investigación, incorporar temáticas de género, etc.

Región y sociedad necesitan de una universidad del estado que asegure no solo vacantes en carreras para futuros ciudadanos sino también investigación e innovación que contribuya al desarrollo territorial en generación de conocimientos, resolución de problemas y alternativas de innovación.

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