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Waldo Aguilar Figueroa, Sociólogo y Coordinador zonal Norte, No + AFP.-  De acuerdo a los autores denominados “contractualistas”, el Estado surge de la necesidad... Tecnologías de la información y democracia… ¿Para dónde vamos?

Waldo Aguilar Figueroa, Sociólogo y Coordinador zonal Norte, No + AFP.- 

De acuerdo a los autores denominados “contractualistas”, el Estado surge de la necesidad de establecer un poder, que estando por sobre los individuos, procure regular contener y mediar las pasiones que estos tienen como condición natural y que los llevaría a estar permanentemente en una situación de “guerra” todos contra todos, dicho de otro modo,  dejadas a su libre albedrío, las pasiones humanas sin un poder que esté sobre ellas, harían imposible la vida en sociedad, y en consecuencia, irrealizables los proyectos personales y familiares de vida de las personas.

De esta manera, cada individuo reconoce y delega parte de su libertad o capacidad de mando en este poder, obteniendo protección y seguridad frente a los demás individuos, de manera tal de asegurarse las condiciones necesarias para desarrollar sus propias actividades vitales y perseguir sus propios fines, sin verse coaccionados por la acción de los otros individuos.

De acuerdo con ello, podría decirse que el Estado surge de las relaciones sociales que transforman la pluralidad de intereses individuales en un interés colectivo, debido a la necesidad de asegurar las condiciones mínimas para la realización de cada proyecto individual, en beneficio de la seguridad y la paz de todos.

En este sentido, resulta interesante referirse brevemente a un elemento central en esta transformación de intereses individuales en interés colectivo, a saber: Democracia Estado y Mercado.

¿Cuál es el destino de la democracia en tiempos en que las tecnologías de la información rediseñan los lugares de la política, abaten límites, niegan los vínculos mismos del espacio y del tiempo, eliminan antiguos sujetos y crean nuevas subjetividades?

Con esa pregunta comienza Stefano Rodotá su estudio “Tecno política” donde analiza las dinámicas resultantes de la interacción entre las nuevas tecnologías de la comunicación y la democracia. Dimensiones esenciales del concepto Democracia, tales como la idea de legitimidad, soberanía, privado-público, individuo-colectividad u otros, se ven dinamizados y en ocasiones reconfigurados, en tanto los avances tecnológicos proporcionan nuevas herramientas informáticas y virtuales a las nuevas generaciones, y ellas les permiten modificar limites espacio-temporales automatizando procesos administrativos y de gobierno.

En el área de las comunicaciones, una idea interesante refiere a la manera en que la tecno-política adquiere sus modelos del mundo de la producción y del consumo, es decir del mercado, manifestándose como flujos permanentes de información y productos políticos, asimilándose el terreno de las decisiones públicas, al mundo de la oferta de servicios y mercancías, dando paso a la unidad entre la política, el comercio y el espectáculo. “Así el político aparece como un producto entre los otros, es juzgado con criterios que se aproximan demasiado a los que rigen en el mundo del consumo”.

Conviene agregar aquí, que la inicial unidireccionalidad del mensaje proporcionado por las primeras tecnologías de radio y televisión, se ve transformada con la cada vez mayor interactividad y posibilidades de intercambio de símbolos y mensajes de las personas con las autoridades y las personas entre sí, aunque este paso de la original relación emisor-receptor (que determina pasividad del segundo), a una compleja red de relaciones e interacciones intersubjetivas que le podrían asignar un rol más activo, no asegura una profundización de la  democracia de manera de aportar a la desconcentración de las relaciones de poder.

Por el contrario,  que puede significar la posibilidad de mejorar el carácter ratificatorio, meramente consultivo plebiscitario de las decisiones, es decir, corremos el peligro de que la sociedad continúe operando, en concreto, de manera vertical y autoritaria como ha venido siendo hasta hoy, pero todo esto con “apariencia democrática” gracias a la facilidad con que se pueden exponer públicamente hoy diversidad de discursos análisis e ideologías en las redes sociales.

La transformación de intereses individuales en voluntad generalizada caracterizada por la cesión que hacen los individuos de parte de sus derechos a un ente superior que los gobierna, estaría mediatizada hoy por las posibilidades que brindan los medios de comunicación de masificar discursos, construidos en base a técnica propagandística nacida en las necesidades del mercado y sus formas, incluido el espectáculo.

Perdiendo terreno y debilitándose el rol de los partidos políticos y las organizaciones funcionales como mediadoras entre ciudadanía y gobierno. Esta vez la ciudadanía internetizada, cibernética, tiene la última palabra y es nuestro deber asumir el desafío con responsabilidad, pero sobre todo con decisión en la búsqueda del interés general, del bienestar para las grandes mayorías postergadas por tanto tiempo.