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“Movimiento político y social formado por un conjunto de personas inspiradas en los valores del Humanismo Universalista” El diputado de oposición, Tomás Hirsch, junto... Tomás Hirsch junto a tres ex presidentes del PH, lanzaron el Movimiento “Acción Humanista”

“Movimiento político y social formado por un conjunto de personas inspiradas en los valores del Humanismo Universalista”

El diputado de oposición, Tomás Hirsch, junto a tres ex presidentes del Partido Humanista; Efren Osorio, Marilén Cabrera y Danilo Monteverde, en conjunto a cientos de personas provenientes de diversas regiones del país, presentaron el Movimiento político y social denominado “Acción Humanista” (AH).

Según un documento que contiene las definiciones políticas, Acción Humanista es “un movimiento político y social formado por un conjunto de personas inspiradas en los valores del Humanismo Universalista”, agregando que “la acción política debe realizarse a través de instrumentos que integren las diversas expresiones sociales, culturales y territoriales que conforman el tejido social, pues de lo contrario se corre el riesgo de formar meras orgánicas desconectadas de la realidad, y capturadas por una suma de proyectos personalistas”.

“Apuntamos a construir alianzas con otros movimientos y partidos progresistas pues la dificultad del momento actual exige de grandes esfuerzos de convergencia ya que lo que está en juego es crucial para nuestro futuro. También buscaremos tener representatividad electoral en los distintos niveles, pero entendiendo que esa representatividad tiene por objeto acercar el conflicto social a los centros de poder y toma de decisiones. No queremos cargos electos que se transformen en funcionarios públicos, sino verdaderos referentes sociales capaces de denunciar lo que los demás callan y hacer aquello que los pueblos aspiran y requieren”, añade el documento.

Al respecto, el diputado Tomás Hirsch explicó que “nos hemos organizado para aportar desde el humanismo un Chile como todos soñamos: más justo, sin abusos, en el que todas y todos tengan derechos reales. Sabemos que esto no se puede hacer solo y es por eso que buscaremos la construcción conjunta con organizaciones políticas y sociales, sobretodo en los territorios con organizaciones feministas, de la diversidad sexual, de los pueblos originarios, ecologistas y animalistas por un país mejor y más democrático”.

Por su parte, una de las impulsoras de la nueva colectividad, y Vocera de Tarapacá Claudia Portillo, acotó que “Acción Humanista nace en un momento especial: estamos quienes venimos luchando desde la dictadura por un país digno, pero además están los estudiantes que estuvieron en las marchas del 2006 y 2011 y, por supuesto, los del despertar social del 18 de octubre”.

Añade que “estamos con las ganas de trabajar por un Chile más feminista y con diversidad, animalista, ecologista y más consciente con este mundo que está teniendo otra sensibilidad”.

ESTALLIDO Y PANDEMIA

El nuevo movimiento de Acción Humanista señala que:

A partir de octubre del 2019, nuestro país fue escenario de masivas movilizaciones populares exigiendo profundas transformaciones políticas y sociales. Al año siguiente, al igual que más de mil millones de personas en todo el planeta, entramos en una forzada y necesaria cuarentena, producto de una pandemia que desnudó y exacerbó las ya obscenas diferencias en los accesos a la salud, educación y alimentación”.

“Sabemos que la trágica secuela de hambre y muerte, falsamente atribuidas al Covid-19, es consecuencia de un modelo económico y social injusto e inhumano, imposible de mejorar con simples retoques, por lo que buscamos su transformación estructural y revolucionaria a través de la no violencia activa”.

“Los gobiernos de todo el planeta han aprovechado mañosamente esta pandemia para dictar nuevas medidas de control y disciplinamiento social, haciendo retroceder las libertades cívicas que demandaron décadas de luchas sociales para ser conquistadas. Algo similar ocurre en nuestro país, donde los responsables de toda esta tragedia, (las grandes corporaciones y sus políticos serviles), haciendo caso omiso del reclamo ciudadano, tratan de imponer una “nueva normalidad” que agudizará las contradicciones sociales y aumentará la represión y violencia”.

En todo caso, sabemos muy bien que mientras más pretendan ordenar el desorden creciente, mientras más policías saquen a la calle para reprimir, más se radicalizarán las posiciones y mayor será la agitación general, en un círculo vicioso que puede terminar en un espontaneísmo sin dirección alguna.

Por otro lado, en los últimos años han surgido distintas expresiones del movimiento social, demostrando que la historia en ningún caso había llegado a su fin. Estos movimientos sociales han puesto en discusión lo que para algunos era parte de lo natural e inamovible, así es como el feminismo se ha expresado en todo el planeta denunciando las bases de una sociedad patriarcal; la disidencia sexual, exigiendo nuevos entendimientos para el amor y modificando, incluso, nuestro lenguaje coloquial;  las y los estudiantes, por su parte, no claudican en su lucha tenaz por una educación pública, gratuita y de calidad;  los pueblos originarios buscan nuevas formas de lucha para su reconocimiento y sobrevivencia; el animalismo, veganismo y otras tendencias dejan de ser una mera moda, avanzando hacia un marco ideológico para un nuevo trato hacia los seres sintientes y, por último, la crisis económica se abre hacia otros modelos como el cooperativismo, la autogestión y la economía circular.

Estos antiguos y nuevos movimientos sociales cuestionan un modelo económico y social que explota indiscriminadamente los recursos naturales en aras de un consumismo desquiciado. Hablar de la crisis climática ya no solo es exclusivo del mundo ambientalista pues sus consecuencias se observan dramáticamente en el desplazamiento obligado de grandes conjuntos humanos producto de sequías que se arrastran por décadas, o por los miles de víctimas de inundaciones, aluviones, tornados o huracanes.

 A lo anterior se añade la creciente desconfianza en las instituciones y las dirigencias tradicionales lo que representa una oportunidad para el surgimiento de nuevas opciones. Pero es importante considerar que este vacío puede ser la oportunidad para construir un proyecto progresista y emancipador, aunque también podría ser el terreno fértil para la aparición de peligrosas tendencias neofascistas y personalismos demagógicos. Así, nos planteamos frente a la disyuntiva de ser arrastrados por una tendencia cada vez más absurda y destructiva o dar a los acontecimientos un sentido evolutivo. En definitiva, nos debatimos entre avanzar hacia un caos destructivo o una revolución humanista como dirección superadora del sufrimiento social.

Lo expuesto hasta aquí, nos obliga a replantearnos el rol y la concepción de los partidos políticos, tal como los hemos conocido hasta ahora. Decimos que la acción política debe realizarse a través de instrumentos que integren las diversas expresiones sociales, culturales y territoriales que conforman el tejido social, pues de lo contrario se corre el riesgo de formar meras orgánicas desconectadas de la realidad, y capturadas por una suma de proyectos personalistas. Para nosotros es imprescindible la existencia complementaria y convergente, tanto de los movimientos sociales como de los instrumentos políticos, pues sabemos que lo social sin expresión política no puede avanzar más allá de la protesta y la catarsis social. Asimismo, la política desconectada de lo social termina en insípidas orgánicas burocráticas, carentes de toda capacidad de transformación. Es decir, planteamos “que un partido sin base humana solo se podrá acercar al poder formal, siendo incapaz de introducir la más mínima variación de fondo”.

Nos planteamos como un movimiento con vocación de transformación, más que con vocación de poder, pues queremos llegar al poder para realizar cambios profundos y no para convertirnos en simples administradores de un modelo injusto y violento. En este sentido, apuntamos a construir alianzas con otros movimientos y partidos progresistas pues la dificultad del momento actual exige de grandes esfuerzos de convergencias ya que lo que está en juego es crucial para nuestro futuro. También buscaremos tener representatividad electoral en los distintos niveles, pero entendiendo que esa representatividad tiene por objeto acercar el conflicto social a los centros de poder y toma de decisiones. No queremos cargos electos que se transformen en funcionarios públicos, sino verdaderos referentes sociales capaces de denunciar lo que los demás callan y hacer aquello que los pueblos aspiran y requieren.

Este profundo cambio que vivimos a nivel global hace tambalear las estructuras sociales y cuestiona nuestros sistemas de creencias. En Chile, el despertar social de octubre del 2019 nos mostró la fuerza de un pueblo movilizado, pero al mismo tiempo, nos mostró la barbarie de un gobierno indolente y represor. Y luego, en plena pandemia, la sorpresiva aprobación del retiro de los fondos previsionales fue el resultado de extensos y bulliciosos cacerolazos que obligaron a que la clase política, por primera vez en mucho tiempo, se atreviera a escuchar al pueblo y no cediera a las acostumbradas presiones de los grandes grupos empresariales.

En los próximos meses deberíamos avanzar hacia un plebiscito trascendental para el futuro de nuestro país. Creemos que más allá de su génesis (el amañado acuerdo del 15 de noviembre del 2019 que nosotros no suscribimos) hay que exigir que efectivamente se haga y lograr que la opción Apruebo obtenga una victoria abrumadora. Esta será la clara señal de que la movilización social es la única forma de producir cambios concretos y se experimentará la necesidad de continuar organizados y movilizados para materializar los cambios que todos queremos.

En síntesis, vivimos una gran paradoja. Por un lado, estamos frente a un modelo que los poderosos defienden obstinadamente a pesar de que acarrea muerte y sufrimiento social y, por otro, el despertar de un movimiento ciudadano que se rebela ante las presiones y chantajes, creciendo y fortaleciéndose cada vez más.

Hoy es nuestro tiempo, te invitamos a la acción, a construir juntos este nuevo momento de nuestra historia y aportar lo mejor de cada uno para que Chile sea un país más justo, solidario y no violento.