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Anyelina Rojas Valdés.- Sin duda que el importante fallo de la Corte Suprema, que hemos conocido en las últimas horas y  que anuló las... Relato del exprisionero político Luis Caucoto, cuyos ideales no doblegó la dictadura. Suprema invalida sentencia del Consejo de Guerra que lo condenó

Anyelina Rojas Valdés.- Sin duda que el importante fallo de la Corte Suprema, que hemos conocido en las últimas horas y  que anuló las sentencias por las que fueron condenados tres expresos políticos recluidos en Pisagua, produce alegría, porque se restituye la dignidad de sus nombres, pero también desazón, porque la justicia tardó 46 años en llegar, cuando muchos ya fallecieron. Además, el curso de vida para las personas condenadas en Pisagua mediante los falsos Consejos de Guerra tomó una trayectoria muy distinta, a lo que podría haber sido. Es el caso del periodista iquiqueño y aliancino, Luis Caucoto Ortega, hoy de 70 años y 23 a la hora de su cautiverio.

La noticia la recibió junto a su familia, lo que le produjo una gran alegría. Alegría porque oficialmente se establece que nunca cometió delitos y que  los cargos en su contra, fueron invalidados.

“A la vez pena por no poder compartir este momento con los que partieron y con quienes por mucho tiempo participábamos en política, motivados por nuestras convicciones de alcanzar un país más justo. Compartimos sueños y esperanzas desde nuestra realidad como tantos jóvenes y trabajadores y trabajadoras”, recuerda hoy, con la mezcla de sentimientos que lo acompañan.

En este logro agradece infinitamente al connotado abogado de derechos humanos, Nelson Caucoto, su primo; el abogado Francisco Ugás, que le dio la noticia; y a todas las personas que se las han jugado en la vida, por contribuir a la justicia y la verdad. Por eso, aprovecha la ocasión de rendir su homenaje y reconocimiento a Roberto Garretó

n, recientemente distinguido con el Premio Nacional de Derechos Humanos 2020.

Caucoto, con una larga trayectoria en el Servicio Público, señala que “fuimos condenados a vivir en el infierno de Pisagua y su desfile de compañeros condenados a injustas penas de muerte como de presidio y relegaciones”.

“UNOS PARIAS”

Cuando aquilata lo que significa el fallo de la Corte Suprema, sigue emocionado al recordar . “Fuimos condenados a ser unos parias y a sobrevivir en inhóspitos territorios como fueron nuestras realidades: Islas en zonas de climas adversos”. Y peor aún, recuerda que la dictadura, desde el mismo 11 de septiembre de 1973, “se frustraron muchas vidas, cuando no los mataban. Quebraron proyectos de vida que costaron mucho tiempo articular”.

En su caso personal, y siendo joven, fue padre, pero no puedo estar en el nacimiento de su hijo primogénito, que llegó al mundo un 16 de enero de 1974, mientras él, estaba preso en Pisagua; siendo después relegado y finalmente tuvo que vivir el doloroso exilio. “Se me negó el derecho a ver nacer a mi primer hijo, y a estar con él por un largo tiempo, porque estuve relegado y en el exilio”.

Pese a todo, Luis Caucoto reconstruyó su vida. Se casó con Irene, la madre del primogénito Rodrigo, y de Hugo y Valentina, conformando una hermosa y feliz familia, que abraza los mismo ideales que a él lo inspiraron y que mantiene hasta hoy.

En el proceso del exilio en Ecuador, recuerda que estuvo junto a Alberto Viveros, también exculpado en esta sentencia, pero lamentablemente ya falleció, partiendo de este mundo sin que se hiciera justicia. Con él  y con otros compañeros llegaron a Ecuador, “país que nos brindó la posibilidad de empezar a reconstruirnos”.

SU TRAYECTORIA

Para septiembre de 1973, Luis Caucoto estudiaba Sociología en la Universidad de Concepción, carrera que no logró terminar, luego que sobrevino el golpe. Tenía 23 años y esperaba la llegada de un hijo.

Recuerda que para el golpe, se encontraba  en la universidad, pero por la gravedad de los hechos, decidió retornar a Iquique, específicamente a la Oficina Salitrera Alianza, para reunirse con sus familiares.

Pese a que le advirtieron que la situación era peligrosa, no dudó en venir junto a su familia. Sin embargo, es detenido en la salitrera, llevado al Regimiento de Telecomunicaciones y posteriormente a Pisagua.

En Pisagua fue sometido al Consejo de Guerra que lo condenó acusándolo entre otros supuestos delitos de “asistir a concentraciones y desfiles callejeros portando palos y mástiles de bandera -siendo militantes del Mapu”, imputaciones que acaba de invalidar la Corte Suprema, junto a todas las acusaciones, obtenidas mediante la tortura.

De regreso a Chile se instala en Iquique y conforma la ONG denominada Centro Profesional de Asesoría y Asistencia Técnica, CEPAAT, orientada a los trabajadores pesqueros y mineros.

CEPAAT realizó una importante labor en los años previos a la recuperación de la democracia, siempre liderada por Caucoto, que logró conformar un equipo de dirigentes y profesionales que jugaron un rol clave en el proceso de recuperación de la democracia

Recuperada la Democracia fue nombrado Seremi del Trabajo. Fue profesional del FOSIS, estuvo a cargo del Departamento de Relaciones Internacionales del Gobierno Regional y pasó también por la Municipalidad de Iquique. En el último gobierno de Bachelet, es destinado a la Gobernación Provincial de Iquique, asesorando al gobernador de la época, Francisco Pinto Madariaga, con quien también compartió el exilio en Ecuador.

EN PAZ

La buena noticia, que le devuelve la dignidad legal, o formal, porque digno ha sido siempre, provocó que repasara de nuevo su vida, volviendo a los años 70, al golpe, su paso por Pisagua, la relegación, el destierro…En fin, todo lo que implicó el cambio de trayectoria de vida para los chilenos. Entonces, con esos recuerdos, que lo ubican en cada uno de los escenarios conectándose con cada detalle, le llevan a hacer una síntesis de lo que ha sido hasta ahora su vita, con todos estos avatares; con las penas y alegrías, con los triunfos y las derrotas; con los logros y todas sus experiencias.

Así, desde la tranquilidad de su hogar, junto a los suyos, señala: “Si me preguntan cómo me encuentro hoy, respondo, sin dudarlo, en paz”.

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