Edición Cero

Se trata de Luis Humberto Carvajal Pérez, quien hizo escuchar la voz de los derechos indígenas en la Corte Interamericana de Justicia Luis Humberto... Realizan segunda postulación en Tarapacá, a Premio Nacional de DDHH, en área de defensa de derechos indígenas y del agua

Se trata de Luis Humberto Carvajal Pérez, quien hizo escuchar la voz de los derechos indígenas en la Corte Interamericana de Justicia

Luis Humberto Carvajal Pérez, que se apronta a cumplir 90 años en este 2020, es la segunda persona que es postulada en la región de Tarapacá, al Premio Nacional de Derechos Humanos, por su trayectoria en la defensa histórica de los pueblos indígenas. Su nombre lo patrocina la Fundación para la Superación de la Pobreza. 

La relevancia de su postulación indica que “radica en que la trayectoria de la causa liderada por este hombre, que junto a su comunidad impulsa y visibiliza una lucha de carácter histórico en el reconocimiento de los derechos de los pueblos originarios en nuestro país. Su lucha, logra que se reconozcan los derechos históricos y consuetudinarios de comunidades indígenas ante los abusos de empresas y el lamentable beneplácito de algunos miembros representantes del Estado para la reproducción de tales prácticas. Ideas y resistencias que se hicieron escuchar en Washington, un 20 de marzo 2010, en la Corte Interamericana de Derechos Humanos”.

Su figura es la de un líder, que junto a don Teodoro Papic y Salvador Cayo, dirigentes de la comunidad emprendieron distintas luchas por los pueblos de Chusmiza y Usmagama, durante 14 años. Don Luis, preocupado por el desarrollo de los territorios en donde habitan comunidades indígenas, había aportado en la reconstrucción de la Iglesia de Usmagama y luego en la construcción de un camino hacia esa misma localidad; la cual hoy en día conecta a los pueblos Sibaya, Huaviña y Limaxiña.

Pero aún más destacable fue el lograr influir en las autoridades regionales de la Intendencia y de la Dirección de Viabilidad para que la carretera internacional de Iquique-Oruro pasara por el pueblo de Chusmiza, con el sueño de que estas acciones permitieran el desarrollo de estas comunidades.

Como ya señalamos, don Luis fue director y luego presidente de la comunidad Indígena Aymara de Chusmiza, don Luis, los representó en los tribunales de justicia chilenos por 14 años, y expuso las demandas de su comunidad ante la Corte interamericana de derechos humanos (CIDH) en la ciudad de Washinton D.C.

TRAYECTORIA

De acuerdo con la reseña de la postulación, Luis Carvajal Pérez, nació en un pueblo de la quebrada de Tarapacá llamado Limaxiña, un 7 de agosto de 1930 en el periodo de la gran crisis salitrera. Recién nacido su familia se trasladó a Huara en busca de mejores condiciones.

Ante la temprana muerte de su padre tuvo que enfrentar una infancia de sacrificio, trabajando como lustrador y vendedor de diario mientras estudiaba, pudiendo llegar hasta sexto de educación primaria.

A los 16 años dejaría su hogar para trabajar como ayudante de chofer; para luego trabajar como jornalero en varias oficinas salitreras en Tarapacá. En 1957, en Chusmiza, conocerá a su esposa Serapia Taucare, fruto del amor tendrían cuatro hijos, José, Soledad, Yeliza y Ricardo.

En el año 1958 trabajará como conductor en una empresa constructora Longi, encargada del camino Huara- Arica, hasta que en 1966 se retiraría; dos años después conduciría su propio camión, prestando servicios a la embotelladora de Chusmiza y con ello radicándose en el pueblo.

Fue parte del comité para la reconstrucción de la Iglesia de Usmagama, de gran valor patrimonial para los habitantes y descendientes de esta comunidad. Siendo dirigente del pueblo gestionaría la construcción del camino a Usmagama y que la carretera Internacional pase por el pueblo de Chusmiza. En 1970 se trasladaría a Iquique donde será nombrado Presidente de la Cooperativa de Camiones Caliche Ltda., por su liderazgo y valoración por lo asociativo e integraría el Comité de Zona Franca para la construcción de la carretera Internacional.

Quienes lo postulan lo califican como un hombre visionario, que, “con solo estudios básicos, pero una convicción y amor por su pueblo y quienes habitaban en él, asumiría en 1966, a la edad de 36 años, su mayor desafío: la defensa de las aguas de Chusmiza, ante las pretensiones de inscribir irregularmente aquellas aguas calientes por una empresa privada, dado su alto valor mineral”.

Otra de sus gestiones fue la construcción de un estanque acumulador de  agua  en Usmagama,   pese a las dudas de las autoridades que, como bien relata su hija Yeliza “las autoridades le decían:  ¿para  qué quieres  un estanque, si ahí no vive  más  que tu suegra? y él   contestaba que el agua   acumulada puede regar más chacras,  por eso se construyó ese estanque   y  ahora  varias familias  siembran esas chacras  gracias a él”; agregando que “Pensado en el turismo,  fue  él quien dijo, venderé  todos  mis  camiones y   volveré a Chusmiza  a hacer mis cabañas  para  que se den cuenta  que se puede hacer turismo,  al mismo tiempo  que  lideró su más grande batalla  por la defensa de nuestras aguas”.

Su postulación indica que “fue esa mirada visionaria y fortaleza de decisión en ayudar a su comunidad que, al enterarse que la empresa embotelladora pretendía apropiarse irregularmente de la totalidad del caudal emprendería el mayor desafío de su vida conformando el Comité de Defensa de las Aguas de Chusmiza y posteriormente, en el año 1996 se  conformaría la  comunidad Indígena Chusmiza Usmagama”.