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María Fernanda Guajardo Núñez, Profesora de Historia y Ciencias Sociales, Universidad de Valparaíso. Con motivo de una nueva conmemoración en la cual se cumplen 95 años... CORUÑA: El escenario de una cruenta matanza de obreros. 5 de junio de 1925

María Fernanda Guajardo Núñez, Profesora de Historia y Ciencias Sociales,

María Fernanda Guajardo Núñez, Profesora de Historia y Ciencias Sociales, Universidad de Valparaíso.

Con motivo de una nueva conmemoración en la cual se cumplen 95 años de los trágicos sucesos ocurridos en la oficina salitrera la Coruña y sus alrededores, se presenta el siguiente artículo el cual tiene como objetivo rendir un sincero y respetuoso tributo a los cientos y quizás miles de obreros asesinados por las fuerzas del ejército chileno, y a la vez ofrecer al lector un relato que le permita interiorizarse en uno de los episodios represivos más desconocidos de la historia de Chile.

Los sucesos tienen lugar en tiempos de la denominada cuestión social al interior del corazón de la pampa salitrera, en el cantón del Alto San Antonio, región de Tarapacá. Como todo hecho histórico sus causas no se encuentran en la inmediatez, el origen de los procesos que desencadenaron en la matanza se remontan a varios meses previos a junio de 1925, encontrando en las fuentes los primeros antecedentes en marzo del mencionado año[1], cuando los trabajadores ferroviarios organizados por la FOCH comienzan una serie de infructuosas negociaciones con la patronal quienes demandaban mejores condiciones laborales y salariales. En este contexto se activan los diversos mecanismos de lucha de los obreros organizados, celebrando mítines, ollas comunes y finalmente la huelga.

Las manifestaciones siguen su curso y las negociaciones son improductivas hasta que en el mes de abril los obreros del salitre con su propio petitorio deciden adherir a la huelga, configurándose la tan temible huelga general. Esta se desarrolló entre los días 7 y 12 de abril, movimiento huelguista que al culminar los gremios optaron por negociar por separado. Si bien las negociaciones lograron mejorar muy poco las condiciones de los trabajadores, las diversas manifestaciones, la huelga y la adhesión a la convocatoria demostrada por la FOCH, constituyen una poderosa demostración de poder por parte de los obreros organizados.

Es necesario destacar el agitado clima social que dan cuenta las múltiples fuentes consultadas para este trabajo, y en el cual los obreros deciden regresar a las faenas mineras. Es así que, en el mes de mayo, los obreros organizados por la FOCH comienzan un arduo proceso de debate interno y cuestionamiento en contra de los representantes en cuanto a los resultados de la reciente movilización, mientras tanto las autoridades coordinadas con la patronal deciden que para el mes de junio harían subir tropas del ejército a la pampa para retirar de los cantones a todos los obreros sindicados como comunistas y agitadores sociales.

Estos hechos nos demuestran que las declaraciones de buena fe de las autoridades y el compromiso de respetar al pie de la letra la reciente promulgación de leyes sociales y de sindicatos industriales, estaba por lejos de ser respetada. Además, expone la antagónica posición ideológica de las autoridades para con los obreros organizados, pues las autoridades respaldadas por la patronal se muestran absolutamente convencidas de que la agitación social y las reclamaciones por mayor justicia social, se debían a la acción de los comunistas y/o agitadores y no las paupérrimas condiciones de vida en las cuales trabajadores y sus familias se veían obligados a subsistir.

Los orígenes de la conflictividad se remontan al día 28 de mayo, fecha en la cual la oficina salitrera San Pablo perteneciente al cantón del alto san Antonio se declara en huelga, además a este hecho se suma que el día 31 de mayo desde el puerto de Pisagua son deportados al sur a bordo del vapor Mapocho 33 miembros de la FOCH. Adicionalmente el día 2 de junio el periódico “El despertar de los trabajadores” de Iquique, el principal órgano difusor de las ideas de la FOCH/PC es clausurado y posteriormente allanado por autoridades policiales.

La respuesta de los obreros de la pampa es inmediata y deciden ir a la huelga general en apoyo y solidaridad por los recientes atropellos cometidos en contra de los obreros organizados. Es así que para el día 3 de junio distintas oficinas del cantón del alto san Antonio habían adherido al paro, movilizándose en gran cantidad de personas la noche del 3 al 4 de junio al local de la FOCH ubicado en el pueblo del Alto San Antonio. Las fuentes dan cuenta que al lugar se presentó un número indeterminado de contingente policial, produciéndose serios enfrentamientos entre las partes dando como resultado la muerte de dos guardianes de policía.

Después de esto las autoridades policiales y militares ya presentes en el lugar (debemos recordar que las intenciones de las autoridades eran hacer tomar detenidos a los obreros comunistas y para ello necesitaban tropas en la zona) toman detenidos a un total de 93 personas los cuales son confinados en la filarmónica de la oficina San Pedro.

Durante el trascurso del día 4 de junio la oficina Salitrera La Coruña es tomada por los trabajadores y a ella confluyen cientos de obreros de otras oficinas con el fin de enfrentar a las autoridades. En este punto es necesario señalar que los obreros tuvieron la idea de enfrentarse al ejército y para ello se organizaron mediante la creación de guardias rojas que cuidaron el perímetro de la oficina, asaltaron el polvorín, la pulpería y se organizó el consumo del agua. El principal líder fue Carlos Garrido, quien según algunos testimonios se nombró el “comisario del soviet de Coruña”, y a la fecha de los hechos era secretario general de la FOCH sección Coruña, por lo tanto, miembro activo de la FOCH y no un anarquista desatado como hay quienes lo han querido hacer parecer.

Para el amanecer del día 5 de junio las tropas se encontraban organizadas para comenzar una escalada represiva que contemplaba artillería pesada. El propósito era recuperar las distintas oficinas asaltadas por los trabajadores sin sopesar los costos humanos. En este punto me gustaría destacar que los incidentes y enfrentamientos con las tropas del ejército se extendieron por sobre La Coruña, registrándose conflictos entre obreros y militares en Felisa, campamento Barrenechea, Argentina, Pontevedra. Mientras tanto en el cantón norte se producen altercados en Huara y Maroussia. Por consiguiente, en este punto hablamos de los sucesos en Coruña, pero no exclusivamente en ella ya que se reportan muertes e incidentes en todas las localidades nombradas anteriormente.

En cuanto al hecho de que los obreros tomasen la decisión de hacer frente a las tropas del ejército a sabiendas de su inferioridad militar, se justifica en función de varios rumores que corrían por la pampa, sin embargo, el que más efecto surtió en los obreros fue el que hacía alusión a que las tropas que se encontraban en San Antonio se plegarían a los obreros. La historia tristemente nos ha demostrado que tal hecho jamás ocurrió.

Las primeras oficinas salitreras en ser recuperadas a mando del mayor Acacio Rodríguez son Barrenechea y Pontevedra, ambas ubicadas muy cerca de Coruña. En vista y consideración que estas oficinas fueron bombardeadas y allanadas por la fuerza militar, los obreros que se encontraban reunidos en Coruña deciden mucho antes de que las tropas llegasen a la oficina ofrecer su rendición al comandante de las fuerzas, y para ello enviaron a un parlamentario de nombre José Cerda en representación del comité revolucionario de Coruña a ofrecer la rendición de la oficina. Esta fue presentada al capitán Enrique Caballero, y él en una primera instancia decide admitirla, pero cuando se le notificó al mayor Acacio Rodríguez sobre la rendición de los obreros de Coruña, este arbitraria y criminalmente decide no aceptarla y da la orden de recuperar la Coruña no antes sin bombardear las viejas paredes del campamento, lugar donde se encontraban ubicados los obreros.

Dado que la rendición de los obreros no fue aceptada estos decidieron defenderse hasta que sus fuerzas flaquearon. Un antecedente importante a tomar en consideración y que da cuenta del desproporcionado uso de la fuerza en contra de los trabajadores, es el hecho de que el ejército no  contabilizo ninguna baja en sus tropas, en cambio los obreros muertos a raíz del bombardeo  y posterior represión son estimados según la memoria histórica popular por sobre los dos mil, los informes diplomáticos ingleses de la época hablan de entre 500 y 800 personas asesinadas, mientras que la oficialidad chilena solo reconoce entre 48 y 59 muertos.

Me gustaría detenerme un segundo en la figura de Acacio Rodríguez, este mayor de ejército decide a sabiendas de la poca efectividad de las bombas de dinamita, y de algunas carabinas y revólveres con los que contaban los obreros, Rodríguez quien estaba absolutamente consciente de que la resistencia de los obreros no les significaría ningún daño, aun así, decide utilizar todo el fuerte aparato militar dispuesto en la zona. ¿Qué ordenes había recibido del gobierno central? ¿Qué buscaba con esto? Es acaso posible que se buscaba desarticular el movimiento obrero de forma permanente, ofreciendo un escarmiento y advertencia para futuras movilizaciones pese al costo de sacrificar la vida de cientos de personas que solo demandaban mayor justicia social, y en donde no debemos olvidar la presencia de mujeres y niños.

Tras el bombardeo de la oficina siguió un amplio repertorio represivo lo que incluyo el fusilamiento masivo de trabajadores, entre ellos Carlos Garrido, el famoso “palomeo de rotos” y la deportación y prisión de cientos de obreros al velódromo de Iquique en donde la privación de libertad se extendió por sobre los dos meses.

Volviendo una vez más sobre las competencias y responsabilidades sobre los graves crímenes de lesa humanidad cometidos en contra de los trabajadores de la pampa, no debemos olvidar a nuestro “León de Tarapacá” quien en conocimiento de lo que pasaba en el norte no hizo nada en favor de la clase que lo llevo al poder, también Recaredo Amengual en su cargo de intendente coordinó con el apoyo de la patronal la fuerza policial y militar necesaria para reprimir con fuerzas a los obreros, y por ultimo Acacio Rodríguez quien por sus manos paso la decisión final de asesinar a los rebeldes.

Como hemos podido ver, la serie de movilizaciones que se produjeron entre marzo y abril de 1925 alarmaron a la patronal que junto a las autoridades vieron en la FOCH y sus líderes un elemento desafiante al orden social imperante. Razón por la cual frente a un único y aislado episodio de violencia por parte de los obreros (dar muerte a los guardianes de policía en el Alto San Antonio) se comenzó con un proceso represivo que precipito la toma de la Coruña por parte de los trabajadores. Desde este momento en adelante se utilizó como excusa la rebelión de los trabajadores para dar curso a un programa represivo que ya estaba planificado con anticipación, sin embargo, ahora contaban con la excusa perfecta.

Finalmente, me gustaría terminar estas palabras con una invitación a pensarnos históricamente. A reflexionar como se ha ido construyendo nuestra memoria histórica colectiva, en donde hablar sobre los hechos de la pampa de aquellos años sugiere una especie de normalización de la violencia estatal, inclusive hoy cuando han transcurrido 95 años de estos hechos, parte de la sociedad chilena sigue estando dividida y normaliza el uso de la violencia por parte del estado bajo la excusa de mantener el orden social, y con esto hago clara alusión a los recientes acontecimientos en el marco del 18 de octubre. En este sentido sostengo que jamás, independiente del periodo histórico que se estudie, bajo ningún termino debemos permitir que denunciar la pobreza e injusticia social sea aun considerado un crimen que se debe castigar.

(En Barcelona, 2 de junio de 2020).

[1] Para más detalles ver: Guajardo Núñez, María Fernanda, Rebeldía en el Alto San Antonio. Huelga, represión y muerte en la oficina salitrera la Coruña, 1925, Santiago, Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio, 2018.