Edición Cero

Iván Vera-Pinto Soto/ Antropólogo Social, Magíster en Educación y Dramaturgo Cuando niño nunca me imaginé que esa enorme duna con forma de lomo de... Basura, contaminación y ciudad sustentable

IVAN VERA-PINTO SOTOIván Vera-Pinto Soto/ Antropólogo Social, Magíster en Educación y Dramaturgo

Cuando niño nunca me imaginé que esa enorme duna con forma de lomo de reptil que nos protegía como dios mitológico (Cerro Dragón), pudiera algún día ser intervenida por el hombre y menos destinada para la edificación de viviendas o basurales clandestinos. Hoy, lamentablemente, son muchos los sitios en la ciudad donde la suciedad ha ganado terreno a vista y paciencia de todos los residentes.

Que nuestra ciudad es una de las más descuidadas en tema de aseo y ornato que otras del país, esa es una verdad indesmentible. En nuestros días el pavimento de las calles está cubierto con manchas de aceite automovilísticos, residuos de las comidas rápidas, fecas de animales, colillas de cigarro, chatarras y chicles. Las paredes llenas de garabatos, rayados y un festejo de ruidos en casas, autos y locales comerciales que sobrepasan el límite razonable de decibeles. La gente saca su basura domiciliaria los días que no corresponde, se podan árboles y lanzan desechos a la vía pública, sin tener ningún miramiento por la salud de los demás.

Las personas en condición de calle acostumbran hacer rucas y alrededor de sus precarios refugios acumulan monumentales cantidades de desperdicios y chatarras diversas, con todos los riesgos ambientales y de salubridad que esa práctica conlleva. También es preocupante el hecho que los paseos públicos, las casas particulares, las empresas y todos los muros estén infectados por publicidad, propaganda y grafitis, sin mayor valor artístico. Esta “estética urbana” se completa con una polución visual que satura los espacios públicos. Los postes de luz, árboles, soleras, paredes y cerros se convierten en soportes para todo tipo de anuncios, incluyendo políticos. Estas imágenes alternan con rayados anónimos, utilizando todos los lenguajes acordes a un universo mediático, pero situándolo en nuestro contexto local. Además, como símbolo de esta era comunicacional, antenas parabólicas contrastan con carteles y banderas de campañas políticas pasadas y “viejos pascueros” que aún se mantienen a duras penas en las ventanas y los techos de algunos barrios.

No cabe duda, que a a partir de estas desagradables huellas que ofrece la lectura del espacio urbano, podemos apreciar el interior de las personas y la cultura de nuestra comunidad. Siempre lo más noble y más indigno está representado en aquello que nos rodea y nos atrae. Con estupor observamos como Iquique está siendo invadido por la cultura de la suciedad.

No quiero caer en exageraciones tipificando a Iquique como el centro poblacional más sucio del continente; no obstante, sí estoy seguro que nos encontramos dentro de la tristemente célebre “liga de los sucios y contaminantes”, por lo menos así lo he constado en mis visitas realizadas a algunas localidades nacionales y extranjeras. Por supuesto, existen otras metrópolis que ocupan el indecoroso sitial de ser las más sucias y contaminadas. Por ejemplo, los mismos venezolanos consideran a Caracas “la sultana de la contaminación”. Un caso parecido ocurre con la ciudad de México, la cual ha sido catalogada como la capital más inmunda del mundo.

Siendo realista y objetivo, tampoco ayer éramos los más limpios y menos contaminados, sino recordemos los malos olores que sufríamos entre los años 60 y 70 del siglo pasado (época del auge pesquero), que por costumbre terminamos aceptándolos; o, el ancestral hábito (que aún algunos mantienen) de echar los desperdicios a los techos para que las aves carroñeras y los gatos se encarguen de ellas.

¿A qué se debe este incremento tan acelerado de la basura y la contaminación? ¿Por qué se ha generado esta cultura de la suciedad? Veamos. En el planeta, por razones socio-económicas, existe la tendencia de vivir en núcleos urbanos concentrados y, por supuesto, esto genera un aumento de residuos. Los investigadores del medio ambiente consideran que la intensificación de la cantidad de kilos de basura por persona está íntimamente ligada, entre otros factores, al auge de las industrias, a la proliferación de los locales de comida rápida, al turismo, a las nuevas construcciones, al aumento del parque automotriz y al comercio ambulante.

Las situaciones planteadas anteriormente, nos comprueba la hipótesis que dice que a veces el desarrollo y la protección del medio ambiente son variables que resultan incompatibles entre sí, especialmente cuando no hay una buena planificación urbana y la ciudadanía tampoco está comprometida con estos temas. Está claro que las urbes terminan por sucumbir a los riesgos comunes a su progreso, básicamente, por el desorden de sus planificadores y la desidia de sus habitantes. En consecuencia, las soluciones a estos graves problemas no pasan exclusivamente por tener un buen servicio de recolección de basura o por resguardar con mayor acuciosidad el ornato de las avenidas y calzadas, sino por establecer otro paradigma de ciudad, de carácter sustentable, donde se incluya el tema ambiental dentro de la educación formal e informal de los vecinos y se haga partícipe a la ciudadanía de la planificación e intervención que el Estado o los municipios visualicen en una zona determinada.

Es un hecho que en nuestra región convendría efectuar algunos cambios sustanciales, por citar: Que el Estado haga efectiva la aplicación del sistema de evaluación de impacto ambiental, tanto en la aprobación de las actividades productivas como en el desarrollo de ellas. Dar mayor protagonismo a la sociedad civil, la que actualmente carece de instancias de opinión efectiva y menos de decisión, ya que no tiene una posición fundada por la desconexión que tiene con la comunidad científica. Orientar a las instituciones universitarias en la generación de una investigación aplicada a las necesidades de su medio externo y al servicio del bien común. En definitiva, el capital científico debe estar en todo momento al servicio de la comunidad que lo acoge.

Consecuentemente, es ineludible tender a un cambio en el modelo educativo en función de un desarrollo humano que comprenda el todo y cada una de las partes que componen el todo de la vida. En este constructo educacional convendría incorporar prácticas pedagógicas asociadas, entre otras, a temas ambientales; lo que finalmente llevaría a la formación de individuos reflexivos, con profundos valores morales, éticos, identitarios, críticos y constructivistas. En otros términos, personas que internalicen la sustentabilidad como una visión de vida y con un gran sentido de honestidad con su entorno social económico y ambiental.

Al calor del debate, las soluciones señaladas apuntan a la participación social y local, pues la pérdida de funciones vitales de instituciones sociales anteriormente sólidas como el Estado y los partidos políticos, en tanto representantes de la ciudadanía y del bien común, exigen representaciones nuevas.

Existen muchas experiencias nacionales e internacionales que valdrían aplicarse en la Región de Tarapacá y, en especial, en nuestro puerto. A saber: En Recife, Brasil, se aplica un Programa de Recogida Selectiva y Reciclaje de Residuos Sólidos, este constituye el instrumento básico para la limpieza de la ciudad. El programa propende cambiar el comportamiento de la población para reducir la producción de residuos sólidos, anima y promueve la comercialización de materiales reciclables y estimula la generación de ingresos. En efecto, ayuda a reducir los riesgos para la salud y los gastos municipales en limpieza urbana. Mediante la higiene los ciudadanos aprenden a separar los materiales reciclables en origen y los entregan a los grupos que los recogen, clasifican y venden para vivir. Tenemos conocimiento que este programa recién comienza a aplicarse de manera experimental en nuestra ciudad.

Bien sabemos que, generalmente, las administraciones municipales tienen problemas de recursos financieros, por lo mismo, es indispensable recurrir a las organizaciones sociales y a enfoques comunitarios como alternativas de servicios públicos. De allí la necesidad de crear una administración descentralizada del gobierno municipal, para poder llevar a cabo un programa integrado de saneamiento básico, que incluya la evacuación y eliminación de las aguas residuales, la limpieza urbana y la promoción de la salud. Por lo demás, a al Consejo Municipal le correspondería promover el aprendizaje del reciclado e instalar talleres de reciclaje, por ejemplo, de botellas de plástico y papel. En estas instancias conseguirían hacer participes a los escolares y trabajadores especializados. La producción de reciclaje, a pequeña escala, podría ser usada para satisfacer algunas necesidades básicas de la comunidad, en diferentes áreas productivas. Como corolario, esta iniciativa incrementaría la sostenibilidad del reciclaje y la reutilización, haciendo hincapié en su comercialización y en el reciclaje industrial.

Ciertamente, para que tenga notoriedad este programa de reciclaje de residuos se debe descentralizar y democratizar la municipalidad en todos los ámbitos, a través de un Programa de los Barrios, centrado en la planificación, la programación y la evaluación de las actividades de la ciudad y de los barrios.
Otra medida adoptada por la alcaldía brasileña mencionada ha sido la ejecución de un Programa de Educadores de Salud de la Comunidad, dependiente del Servicio de Salud. Este sistema promueve la salud introduciendo la intervención de educadores, reduciendo la distancia entre la Secretaría Ministerial y los ciudadanos. En el caso brasileño, los indicadores de la salud han cambiado considerablemente en esa entidad de salud. También es interesante cómo el Ayuntamiento de Jabaotao dos Guararapes ha implementado un proyecto para mejorar el vertedero de la comuna, mejorando un área aledaña de sesenta hectáreas, mediante la instalación de un reactor biológico que permite la evacuación de líquidos y gases.

En fin, podríamos extendernos en la explicación de otros programas muy útiles y fáciles de replicar, tal como es el Programa de Mantenimiento y Limpieza Urbana que se focaliza en la movilización, educación y formación profesional. Esta instancia negocia directamente con las comunidades principales y con sus delegados, a través del Programa de los Barrios, con el fin de seleccionar las áreas prioritarias para varios proyectos.

De todas maneras, estos proyectos que han sido exitosos en otras latitudes son los que merecerían implementarse para lograr la meta: “Basura Cero”. Para ello hay que fijarse plazos y objetivos precisos para disminuir la cantidad de desechos que son enviados a los vertederos. Igualmente, al Municipio le correspondería apoyar la reutilización, el reciclaje y los programas de tratamiento de la materia orgánica. De la misma manera, alentar la participación ciudadana, practica comunitaria propia de la democracia, la que puede permitir transfigurar la actual realidad negativa por un futuro más próspero para la salud de los ciudadanos y el ambiente de nuestra comuna. Al final, la estrategia planteada, sin duda, ayudaría a mejorar las condiciones de vida de todos los pobladores de Iquique.