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Jaime Ceballos Sanquea, Poeta y profesor “Que el mundo fue y será una porquería, ya lo sé”. Así dice el viejo tango de Enrique Santos... La Nueva (a)Normalidad

Jaime Ceballos Sanquea, Poeta y profesor

“Que el mundo fue y será una porquería, ya lo sé”.

Así dice el viejo tango de Enrique Santos Discépolo. Sin duda nuestro mundo está metido en serios problemas, y esta Pandemia en curso, no hace sino echarle otro pelo a la sopa, complejizando aún más la crisis global en la que ya estamos.

A continuación, y simplemente a modo de enunciado, voy a plantear tres problemas derivados del Covid-19

Problema Uno: “Los viejos no cuentan”

Llama la atención que la masividad de las muertes, producto del coronavirus, no pasa de ser un dato estadístico. Antes, cualquier accidente que significara la pérdida de tres o más vidas, era noticia obligada y generaba en casi todos, un indisimulado pesar.

En cambio ahora, los muertos se multiplican por cientos de miles en casi todo el mundo y nadie se con-mueve. En Chile, hasta ahora, tenemos 160 muertos, y ese “dato”, merece apenas un rictus. Claro, lo que interesa es “aplanar la curva”.

¿Y por qué pasa esto, será porque los fallecidos, en su mayoría son personas de la “tercera edad”? -me carga el eufemismo-. Hay aquí, un signo de este tiempo; Menospreciamos lo viejo, lo pasado, pero ignoramos que esa falta de pasado nos está pasando la cuenta. Sin pasado no hay presente y sin presente no hay el futuro. Lo repito; los viejos no cuentan, sólo se cuentan.

Aparte de la edad, hay otros factores incidentes en estos casos de muerte; como son el nivel socioeconómico, el lugar que habitan, si son o no migrantes, y otras características de vulnerabilidad. (Pero de esto, nadie dice nada).

Problema dos: “Estamos en guerra”

Resulta llamativo, el “planteamiento bélico” frente al problema. Como si el Coronavirus fuese un ser maligno, un enemigo poderoso que nos quiere destruir, y frente al cuál la mejor defensa sería sacar una pistola.

Esto, obviamente “externaliza” el problema, y faculta a otros para que se hagan cargo, favoreciendo medidas restrictivas de la libertad y permitiendo que esos otros tomen el control.

Este enfoque le resta importancia al sujeto social en tanto ciudadano, y reduce la posibilidad de mirar crítica y autocríticamente la coyuntura de este problema sanitario. No sólo en su origen, sino también en sus consecuencias, y sobre todo, en la conciencia colectiva que debemos asumir.

Pero no, nada de eso se estimula, al contrario, se nos reafirma un rol de sujetos pasivos y obedientes. Olvidamos por tanto, que estamos llamados a protagonizar la circunstancia.

Problema tres: “La economía no puede esperar”

“No hay mal que dure cien años”, decía mi abuela. Esto quiere decir que la pandemia no es infinita, pero tampoco significa que va a terminar mañana; por tanto vamos a “con-vivir” o “con-morir” un buen tiempo, con este virus.

Aquí asoma el gran problema; el mentado virus no sólo mata personas, sino que está “matando la economía”, y eso sí es de cuidado. Por tanto, el desafío urgente es volver a la normalidad.

¿Pero cómo, alguien dirá; si todavía no ha pasado el efecto virus, además en Chile, ni siquiera hemos alcanzado el peak de contagios.?

Ah, interesante pregunta. Por esa razón,  volvemos a una “nueva normalidad”.

Dicho de otro modo, como no se puede esperar que la realidad vuelva a ser “normal”, como era antes del virus, se “opta” por volver a la vida cotidiana con el virus aún activo y vigente, porque es necesario seguir produciendo y consumiendo; esa es la “nueva normalidad”. La economía no puede esperar.

Estos tres problemas enunciados, conforman una problemática mayor.

El coronavirus no ha hecho sino desvelar, el entramado de precariedades y marginaciones que caracterizan nuestra realidad socioeconómica. Ese raro y doloroso des-equilibrio en el que hemos vivido y sufrido todos estos años. Nuestra dura  y “vieja normalidad”.

Creo, finalmente, que este apresuramiento nos puede pasar la cuenta. Este “retorno seguro”, no lo veo tan seguro. Recuerden que tenemos otra Pandemia pendiente. No vaya a ser que:

Aún con miedo, volvamos

a la nueva normalidad del trabajo

Aún con rabia, volvamos a las calles

Y aún con sueños, volvamos

a la plaza Dignidad.

Que el mañana, nos pille confesados.