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Daniel Ramírez G. En este universo en que vivimos solo hay una verdad que no cambia y esa es, que todo lo que existe... Derechos Humanos

Daniel Ramírez G.

En este universo en que vivimos solo hay una verdad que no cambia y esa es, que todo lo que existe está en cambio permanente. Eso es válido también,  y no podría ser de otra forma,  para los derechos humanos.

La violación de los derechos humanos se genera cuando un Estado, que es una organización construida por la voluntad y la confianza de las personas que viven dentro de sus  márgenes, viola esa confianza y descarga todo el peso de sus restricciones, sobre esas personas, abusando de una impunidad auto concedida.

Un Estado está diseñado con un conjunto de normas que reflejan, o reflejaron, el  sentir mayoritario de quienes habitan su espacio de poder y este Estado, es administrado ocasionalmente por un gobierno elegido también por una mayoría ocasional y que por lo tanto, se puede esperar que sea el reflejo ideológico ocasional de esa sociedad.

Las sociedades se desarrollan evolucionando con normalidad, mientras la cultura vigente es la asumida voluntariamente y buenamente por la mayoría de su población. Pero siempre habrá un momento histórico, en que las aspiraciones generadas por el  desarrollo de la ciencia y la cultura, provoquen que esta sociedad entre en ebullición y tienda a liberarse de los marcos históricos que la contienen.

Cuando la evolución encuentra un obstáculo para avanzar  en su desarrollo, en biología la solución es la mutación, en las sociedades la revolución.

Cuando en una sociedad hay una revolución, la nueva cultura que sustentará a esa sociedad está naciendo, con todas las debilidades y falencias de un recién nacido y tomará tiempo, para que las minorías que vienen con toda la carga cultural de la sociedad anterior, acepten como superior a aquella nueva cultura revolucionaria que cambiará radicalmente sus vidas.

La contra revolución despierta en la clase afectada los más fuertes instintos de conservación, que la llevan a defender con violencia los privilegios que gozaban en la sociedad agonizante y a usar de todo su poder e influencias, para acumular la fuerza social y respaldo político que le permita retroceder históricamente.

¿Qué pasa con los derechos humanos cuando se está produciendo el cambio no de un gobierno, sino de la forma de vida de una sociedad? ¿Qué sucede cuando aquellos que han disfrutado  de poder y privilegios sin contrapesos, se encuentran por primera vez enfrentados a un poder mayor, que aplasta los derechos y privilegios que ellos consideran intocables y que les han servido para manejar a la sociedad?

Lo vivimos en Chile. Antes del golpe militar nuestra sociedad fue objeto de la peor ola de atentados terroristas de que se tenga memoria y esta fue llevada a cabo por los grupos armados de la derecha, Patria y Libertad y la Brigada Rolando Matus, dirigidos por hoy connotados personajes que posan de demócratas y claman por los derechos humanos.

Estaba claro que la clase propietaria del patrimonio productivo privado de la nación, se defendería con las armas, de lo que ellos esperaban sería una expropiación de todas sus riquezas personales. Sin embargo, el gobierno representante de la clase en ascenso, respetó rigurosamente el Estado de derecho, a tal punto, que en numerosas oportunidades el desarrollo de la revolución en ciernes, se vio sobrepasada por el accionar policial y de las FFAA, que operaban instigados por la clase en retroceso, allanando fábricas, sindicatos y centros de organización de trabajadores.

Pero estábamos llegando a un  punto en que el  respeto de esos derechos humanos se haría muy difícil, porque se empezaría a luchar contra violentistas que no respetaban el  derecho de la sociedad, a dar un paso hacia un estado superior, más justo, más libre y más igualitario, que el que hasta la fecha había vivido.

Cuando una sociedad está renaciendo ¿Cuáles derechos humanos son más valederos? ¿Los de las mayorías o los de las minorías? ¿Los del individuo?

Creo que una sociedad tiene el derecho a defender su supervivencia y a hacer y defender su revolución. No me atrae el individualismo liberal.

El ser humano tiene derecho a la vida, a la educación, al  trabajo,  a la salud, a la vivienda, a una vejez digna, al descanso, a una libre expresión de sus ideas y a la creación y protección de su cultura. Quienes atentan contra esos derechos, atentan contra los derechos de los humanos. Las sociedades que atentan contra esos derechos haciendo uso de su aparato estatal, están en una violación permanente de los derechos humanos. Lo que sucede es que estamos educados para reclamar derechos humanos, solo cuando están en peligro nuestras vidas individuales.

Todo depende del cristal con que se mira, decía mi abuela. Cuando se reclaman los derechos humanos, la respuesta depende de en qué sociedad lo hagas. En nuestras sociedades capitalistas, el engañoso estado de derecho existente, únicamente te asegurará el derecho a vivir, para que puedas seguir trabajando para otro.

Pero ¿Qué es lo adecuado si esa vieja sociedad está siendo reemplazada por una nueva sociedad? ¿Qué es lo correcto, si se está creando un nuevo estado de derecho? ¿Hasta dónde debe un Estado naciente, respetar los derechos de quienes hacen lo imposible por evitar su nacimiento?

Para mí la gran diferencia está en los fines perseguidos. Creo que es antinatural impedir el desarrollo y progreso de una sociedad humana.

Veamos el caso de Venezuela. Un país con una nueva constitución elaborada y aprobada democráticamente. Con un gobierno elegido democráticamente. Con un estado de derecho en plena consolidación ¿Se violan los derechos humanos en Venezuela?

¿Quién es más culpable de una violación de derechos humanos?

El imperio, aliado a la burguesía venezolana, que sanciona y bloquea económicamente a Venezuela, cortando el flujo de alimentos y  medicamentos para su pueblo, o el gobierno revolucionario de Venezuela, que persigue y sanciona a quienes cometen estas acciones destinadas a destruir la revolución.

Yo no demoraría un segundo en culpar al que impide el avance social y humano. Sin las revoluciones, estaríamos aun en la edad  de piedra.