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Daniel Ramírez G. / Ingeniero Comercial –  Economista Estamos viviendo un periodo socio político de gran importancia para nuestra sociedad y parece que la mayoría... Proceso Constituyente: Entrampado en la desconfianza

Daniel Ramírez G. / Ingeniero Comercial –  Economista

Estamos viviendo un periodo socio político de gran importancia para nuestra sociedad y parece que la mayoría de nosotros no nos damos cuenta de ello. Se están abriendo canales por donde deberían fluir de vuelta todos aquellos rasgos culturales benignos que teníamos antes del golpe militar, que nos hacían una sociedad más igualitaria y más solidaria que la que hoy vivimos. Sin embargo, no logramos identificar esos canales sociales ni las conductas adecuadas, porque nos domina la desconfianza en nuestros conciudadanos y en nuestra institucionalidad.

La desconfianzaes un aditivo clave en la cultura liberal. Ser individualista requiere creerse más importante que los demás, lo que  te lleva a desconfiar de las capacidades de los  demás.

“En la confianza está el peligro”, es una frase de uso común en nuestra sociedad, que retrata la necesidad de ser desconfiado en nuestras relaciones personales.La desconfianzageneralizada que se ha apoderado de nuestra sociedad, ha llegado a ser vital para la clase dominante, porque corroe la necesidad de organización que tiene nuestro pueblo.

¿Cómo afecta esto al Proceso Constituyente que estamos viviendo? Proceso que sería clave y extremadamente serio en el desarrollo de cualquier sociedad.

El hecho que nadie niega es que nuestra sociedad necesita de una nueva constitución. Las diferencias aparecen cuando se discute cual es la forma  más apropiada de hacerla.

Según las encuestas, el 60 % de la población ha oído y se ha interesado en el  proceso constituyente planteado por el gobierno. Todos estaríamos de acuerdo, en que la elaboración de una constitución debe ser lo más democrática posible, o en otras palabras, con la mayor participación ciudadana posible.

¿Cómo podemos explicar entonces, las trabas y objeciones que se oponen a un proceso constituyente, que generará la matriz de las leyes que nos regirán en los próximos años?  ¿Es porque la propuesta la  hace un gobierno y el desarrollo del proceso aparece muy vinculado a él?

Actualmente reconocemos como democrática la elección de representantes, para que en nuestro nombre, ejerzan el poder que les delegamos en la conducción de nuestra sociedad.Pero, el uso reiterado de este derecho por los ciudadanos y el mal uso del poder por los elegidos, más el enorme desarrollo tecnológico y la mayor cantidad y calidad de información con que se inunda a la sociedad en que vivimos, ha llevado a esta, al convencimientode que es necesaria una mayor participación ciudadana en la política. La ha llevado a tomar conciencia de que la representatividad debe ser más limitada y controlada por la participación directa. Esto es sin duda un avance positivo  en el sistema democrático.

Al parecer, quién diseñó el proceso constituyente quiere aprovechar y consolidar este avance democrático y dar a la ciudadanía la oportunidad de participar directamente en la elaboración de su ley maestra. Para ello se proponen varios caminos posibles, la participación individual, la participación en grupos auto convocados y la participación en los cabildos, que pueden ser comunales,  provinciales y regionales. ¿Es posible pedir una mayor oportunidad de participar en una construcción política?

Quienes cuestionan el Proceso Constituyente proponen como mejor alternativa la Asamblea Constituyente, que sin duda es una buena alternativa y tal vez la mejor, dentro de los  márgenes de la forma tradicional de hacer política que  hemos tenido hasta ahora. Pero es una herramienta basada en la representatividad y no en la participación y, siendo un mecanismo tradicional de representación, puede llegar a tener los mismos vicios del actual congreso, puesto que las regiones elegiríamos a representantes que irían a  enclaustrarse  a  Santiago junto con sus pares, durante todo el periodo de elaboración de la nueva constitución. El resultado lo podemos prever.

Como siempre sucede en los procesos políticos transformadores, que comienzan a afectar aunque sea levemente, las estructuras de poder que durante años han acompañado y modelado el desarrollo de nuestra sociedad, las oposiciones vienen desde dos lados: Uno, los que quieren mayor profundidad y rapidez en los cambios y del otro lado, otros que no quieren que nada se cambie. Ambas conductas afectan al proceso, puesto que se potencian entre si y terminan frenando los cambios, si entre ambas logran reunir más fuerza social que el cambio en perspectiva. Nos  sucedió en el gobierno de Allende y nos está sucediendo ahora.

¿Qué es lo que hace que la gente desconfíe del proceso que está en marcha?

Hay varios factores, en lo más general, creo que es la falta de una cultura de participación política que  recién está desarrollándose en nuestra sociedad, además de la falta de una institucionalidad social que facilite esta participación. En lo más específico, es el desprestigio en que ha caído la función política como consecuencia de la falta de ética de la mayoría de quienes la llevan a cabo.

Se piensa que los aportes ciudadanos que se hagan en  la etapa de participación, no serán tomados  en cuenta en las etapas siguientes del proceso, es decir, cuando  lleguen las conclusiones de los cabildos a la presidencia y luego cuando necesiten de la intervención del congreso. Se cree que la constitución ya estaría convenida y prácticamente elaborada por los interesados políticos de gobierno y de derecha.

Nos cuesta asumir la fuerza social que tenemos como ciudadanos y prevalece la falta de conciencia democrática, que nos lleva a no tener presente que tanto el gobierno como el congreso, existen y son quienes son gracias a nuestra voluntad  de delegar nuestro poder.

Mi conclusión es que, si creemos en la democracia, es una obligación ciudadana el participar en el proceso constituyente y si creemos en la democracia, debemos tener la claridad y la convicción, de que no habrá fuerza política o social que logre torcer las decisiones soberanas de un pueblo, si este logra incorporar a su cultura la conciencia de que tiene el poder.

Y el efecto más importante de este proceso constituyente, podría ser provocar un cambio cultural.