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Por primera vez desde 1973, los medios de comunicación chilenos han mostrado una serie de testimonios e imágenes relativos al golpe de estado en... La Batalla de Chile: Ojos que no ven….

allende-Por primera vez desde 1973, los medios de comunicación chilenos han mostrado una serie de testimonios e imágenes relativos al golpe de estado en Chile y la dictadura que no habían sido transmitidos masivamente. No obstante, hay registros de tremenda importancia para el país y su memoria histórica cuya exhibición masiva aún sigue prohibida, entre ellos el documental La batalla de Chile de Patricio Guzmán.

Este testimonio de la época da cuenta del nivel de conciencia política y social que había adquirido hasta ese momento el pueblo chileno. En él vemos a miles de chilenos comprometidos con un proyecto colectivo que luego de mil días sería fragmentado en miles de pedazos.

Esta omisión refleja una tendencia en Chile de relegar al olvido  la capacidad que tiene el pueblo organizado para constituirse como agente de cambio consciente. Fue esa capacidad, forjada durante décadas y décadas de lucha organizada, la que llevo a Salvador Allende al poder.

Es posible pensar que esta omisión de la historia previa al golpe militar es favorable para que el modelo imperante siga seguro en el poder. Las imágenes que hoy vemos –verdaderamente dolorosas pero descontextualizadas– responden a una apertura controlada: Se entreabre la puerta para que podamos ver el horror de los derrotados, pero no nos dejan ver qué era aquello que fue derrotado.

La apelación a la emotividad y no a la política como una forma de conmemorar el golpe militar es una continuación de la lógica del modelo neoliberal que hoy sigue negando el derecho de los chilenos a participar en la vida política.

La clase política hoy se permite entreabrir la puerta de la memoria, y en su discurso democrático promete reformas para satisfacer las demandas de participación popular que fueron truncadas con el golpe militar y que no fueron restauradas durante 40 años, pero que hoy brotan en la calle. Pero tanto en la conmemoración del golpe cívico-militar como en el nuevo discurso democrático se sigue omitiendo la referencia básica a la forma de hacer democracia que se construyó en el pasado y que luego fue destrozada de manera sistemática.

La batalla de Chile es el testimonio visual más claro que existe en Chile de lo que vivió el pueblo chileno en esos mil días de la Unidad Popular. En él vemos un pueblo organizado participando. Vemos a  campesinos y trabajadores expresándose con una capacidad de análisis que pocas personas ostentan en el Chile de hoy.

El gran temor de la clase política chilena –y de los dueños de los grupos económicos–  no es que se vuelvan a repetir las violaciones a los derechos humanos cometidas durante la dictadura. El gran temor de la clase gobernante es otro: Su gran temor es perder el poder –político y económico– y que sea el pueblo que decida de verdad quién va a gobernar y cómo.

De otra manera ¿cómo explicar la permanencia de la Constitución del 80 y del sistema binominal? ¿Cómo explicar que aún persista la Ley de amnistía de 1978 y que el gobierno de Ricardo Lagos haya promulgado una ley que mantiene en secreto durante 50 años miles de testimonios con nombres de torturadores recopilados en 2004? Y ¿cómo entender que desde que se restauró la democracia en 1990 decenas de compatriotas han sido asesinados y un menor desaparecido por representantes del estado?

Ellos, los que han instalado una formalidad de democracia bajo el alero del modelo neoliberal impuesto por la dictadura y consolidado durante 40 años, no quieren que los chilenos veamos la verdadera batalla de Chile, “la historia de un pueblo sin armas”.

Vea esta película haciendo clic aquí: “La Batalla de Chile”

FUENTE: Piensa Chile, Alejandra Dìaz N. e ITV (Chile)