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El Mostrador / El fallo de la CIJ en el caso Colombia-Nicaragua terminó de instalar en el Gobierno y la elite los peores temores de... La semana que se fracturó el diseño de Moreno para el litigio en La Haya

Fotografía: Agencia Uno

El Mostrador / El fallo de la CIJ en el caso Colombia-Nicaragua terminó de instalar en el Gobierno y la elite los peores temores de lo que pasará en el conflicto por límites marítimos con Perú, llevándolos a internalizar que algo se va a perder. Detrás de estos hay una seguidilla de errores de cálculo del Canciller y una mirada reduccionista del problema vecinal. Y aunque aún tiene todo el respaldo del Presidente, las críticas comienzan a instalarse soterradamente.

El ministro de Relaciones Exteriores, Alfredo Moreno, hoy únicamente tiene el apoyo incondicional del Presidente Piñera. Al interior del gobierno, en tanto, crece el malestar con su gestión.

La agitada semana previa a los alegatos de Perú y Chile en La Haya mostró giros inesperados y fisuras en la que hasta el momento había sido la tesis hegemónica en la agenda pública chilena, pauteada por el Canciller: las relaciones con Perú están en su mejor momento y en la disputa por el límite marítimo la posición chilena es de tal solidez jurídica, que no hay nada que temer.

Sin embargo, el fallo de la CIJ en el caso de Colombia y Nicaragua remeció las cosas. La evidencia de que el tribunal internacional no falla en Derecho, y la inédita reacción del Gobierno colombiano de anunciar su retiro del Pacto de Bogotá, cambió el escenario.

El primero en salirse del libreto oficial fue el propio Presidente Piñera, quien puso fin a la estrategia de paños fríos y explicitó su temor dado el fallo que afectó a Colombia, uno de sus principales aliados en la región. “Nos preocupa lo que pasó en el fallo de otros países que han tenido también diferencias respecto de sus límites marítimos”, señaló el mandatario, remarcando que “es muy importante que el tribunal de La Haya actúe en base a derecho”.

Moreno, entonces, no tuvo más remedio que salir a explicar al Presidente, tratando de tapar la fisura comunicacional instalada por el mandatario: “Más que preocupados, estamos ocupados”,señaló.

Sin embargo, el martes 27 se agitarían aún más las aguas. Ese día, Ricardo Lagos y Eduardo Frei, a la salida de una reunión de los tres ex presidentes con Piñera en La Moneda para abordar el tema de La Haya, romperían definitivamente el libreto pidiendo al tribunal internacional que se pronuncie en derecho, y cuestionando con fuerza los “fallos salomónicos”. La reunión con los ex presidentes había sido planificada por La Moneda para dar una señal de unidad y criterio de Estado previa a la etapa oral del juicio, pero terminó confirmando el clima de temor instalado en todos los sectores luego de lo ocurrido a Colombia.

El más duro fue el senador Frei, quien incluso deslizó un eventual desconocimiento de un resultado adverso: “Los acuerdos salomónicos en este caso no pueden funcionar ni Chile puede aceptarlo”, y que el país debe “plantear muy crudamente que el fallo tiene que hacerse conforme a derecho y cualquier fallo salomónico Chile tendrá que tomar su decisión en ese momento”.

El diseño comunicacional de tono conciliador, preparado por la Cancillería, estallaba en mil pedazos. Y aunque al día siguiente la vocera de Gobierno, Cecilia Pérez, salía a explicar que Piñera nunca habló de fallos salomónicos, el daño ya estaba hecho.

Mientras, el mismo miércoles en Arica el canciller Alfredo Moreno  sostenía que “Chile ha sido, es y será un país absolutamente respetuoso del derecho internacional. La postura de Chile tiene fundamentos jurídicos que son muy sólidos y este proceso lo hemos enfrentado con una política de Estado y de continuidad a través de diversos gobiernos”.

Moreno desarrolló una intensa jornada de reuniones explicativas con empresarios y autoridades políticas de la ciudad fronteriza para darles a conocer detalles de lo que se viene en La Haya: “Queremos que la gente de esta región conozca lo que vamos a vivir a contar de la próxima semana cuando se va a iniciar el proceso y que, por primera vez, va a significar que los elementos de este litigio van a ser públicos”.

La Moneda sabe que la argumentación peruana será dura y describirá la imagen de un Chile expansionista, intransigente y no abierto al diálogo, lo que sin duda generará malestar ciudadano y dejará descolocado al gobierno que optó por mantener una relación bilateral con Perú como si no existiese una demanda de por medio, postura que ha defendido a todo evento el canciller Moreno y que es denominada la tesis de las cuerdas separadas.

GOLPEAR LA MESA

En fuentes cercanas a la Presidencia se comenta que  Piñera tenía clara la postura de sus antecesores y quería que fueran ellos los que dieran una señal dura, que fuera tomada como tal en Lima, y de paso darle una mano a Colombia. Esta señal, que es un giro en lo que venía siendo el discurso oficial al respecto, descolocó por completo a Moreno.

Los dichos de Frei y Lagos tienen ese componente no verbal que puede ser interpretado de múltiples formas pero que, cuando tiene como telón fondo la sede del Gobierno, constituye una señal clara.

Para la Concertación era fundamental que la administración Piñera mantuviera una relación fría con Perú, lo que no ocurrió porque la Cancillería optó por distender y restablecer las relaciones al más alto nivel, brindis con pisco sour incluido con Alan García, algo impensado luego de que este se refiriera a Chile como “Republiqueta” (noviembre 2009) y tratara literalmente de mentirosa a la Presidenta Bachelet.

Son estas sutilezas del lenguaje oficial las que Alfredo Germán Moreno, flamante ex presidente de Icare entre 2005 y 2006, alto ejecutivo de Falabella y ex asesor del presidente de El Mercurio, Agustín Edwards, que se inició como consultor del Banco de Chile en 1987, no sabe manejar o más bien no logra comprender del todo.

Moreno es hombre de confianza de Carlos Alberto “Choclo” Délano —amigo personal de Piñera—, y que fue quien le ayudó a consolidarse en el gabinete y en el círculo de hierro del jefe de Estado. No por casualidad Moreno desbancó a Teodoro Ribera, quien estaba en el primer lugar como candidato a la Cancillería, luego de haber estado a cargo del Grupo Tantauco de Relaciones Internacionales.

A pesar de todos los problemas que ha debido enfrentar, sigue siendo hombre de confianza del Presidente, al igual que los ministros Mañalich y Hinzpeter. “A ellos todo se les permite, todo se les perdona”, confidencian en Palacio.

LA LLEGADA

Desde su llegada al edificio Carrera, Moreno no cayó bien en los “empolvados” (diplomáticos de carrera), quienes, desde el primer momento, alertaron del giro que tomaría la diplomacia nacional en manos de un experto en comercio y expansión de modelos de negocios, pero desconocedor de la complejidad de las relaciones internacionales y en particular las vecinales.

Moreno sostiene que el comercio y el mercado todo lo regulan, incluso las relaciones internacionales. Más aún, sostienen sus críticos, él cree que la recomposición de las relaciones exteriores deterioradas por la política tradicional puede ser hecha a partir del intercambio comercial, que no necesita fronteras ni tratados sino solamente el buen ánimo y la convicción de un “negocio redondo” para las partes involucradas. Por eso, Moreno desechó la política de la Concertación que ante la demanda peruana, enfrió las relaciones con Lima y fortaleció la llamada Agenda de 13 puntos como una manera de contrapesar el constante ruido peruano.

Casi de manera inmediata a la instalación de Moreno en sus oficinas, hubo varios embajadores y diplomáticos de carrera y políticos instalados en Europa que hicieron llegar mensajes, recados, algunos urgentes y otros simples, relacionados con el proceso en La Haya y la ofensiva política que estaba desarrollando Perú en el viejo continente, para promover las razones de la demanda contra Chile. Pero Moreno no escuchó ni recibió a nadie.

Los ex representantes de Chile que habían estado en servicio durante los gobiernos concertacionistas, conocían y tenían armada una contundente red de contactos que llegaban, incluso, al corazón de la Corte Internacional de Justicia. Contactos vitales para los objetivos chilenos que no eran otros que neutralizar o al menos sensibilizar a los hombres y mujeres clave de que lo que estaba haciendo Perú era un acto inamistoso y que desconocía unilateralmente los tratados vigentes que no sólo refrendaba Chile, sino que también Ecuador. En ese momento, inicios de 2010, todavía se barajaba la posibilidad de que Quito fuera un aliado de Chile en el contencioso.

Pero el canciller optó por no hacerle caso a esas voces que, —para él y sus asesores más cercanos—, sólo buscaban mantenerse en su condición de funcionarios, sin considerar que sus afirmaciones tuvieran algo de realidad. Este errático paso fue aprovechado por Perú e incluso por Bolivia, que activaron sus redes y lograron posicionar el mensaje de sus gobiernos.

Moreno creyó y así lo hizo saber al Presidente, que bastaba con mantener el equipo jurídico diplomático que había instalado Bachelet para el litigio con Perú, pero el error —explica un fuente diplomática— es que les quitó los enlaces, los vasos comunicantes.

Hoy Moreno ya es enjuiciado en los pasillos de La Moneda y es criticado internamente en la Cancillería, según confidencian en el edificio Carrera. La UDI, por ahora, no ha intervenido de manera directa ante el ministro, que es cercano a la colectividad pero no militante. Pero esta podría presionarlo para que tome una actitud menos ambigua con Perú. También en la UDI ven con preocupación que Moreno no cree en los escenarios críticos en diplomacia, esos que en su momento el ex ministro Andrés Allamand le hizo ver y que le costaron más un encontrón entre ambos, así como el distanciamiento entre este último y el Presidente Piñera.

SIMPLES CHAQUIRAS

Para los detractores de Moreno, la falta de experiencia diplomática, el no saber manejar el lenguaje y los símbolos de ese mundo, hizo que creyera en la propuesta peruana de las relaciones por “cuerdas separadas”, que es el eje de la relación diseñada por Humala con Chile. Una relación que le aseguró a Perú ganar poder y aliados para su causa. Objetivos que claramente han sido logrados por Lima.

Moreno se compró esta tesis, encapsulando (creía él) la demanda. Así los negocios y la presencia de las megacadenas chilenas florecían en el vecino del norte, sin darse cuenta que en lo político Perú daba pasos concretos y firmes para distanciarse de Santiago.

Torre Tagle, la profesionalizada cancillería peruana, en este proceso le dobló la mano a la historia y quebró la alianza de Ecuador y Brasil con Chile. Ambos países se alinearon con Lima. Pero el Canciller Moreno no logró darse cuenta de esa jugada magistral y hasta ahora no logra entender por qué la Presidenta Rousseff no viene a Chile. De hecho, mandó al ex subsecretario Fernando Schmidt de embajador a Brasilia con la misión de que se concrete la ansiada visita.

Moreno no calculó que al propiciar que México entrara al área de influencia de Brasil, iba a generar la molestia de Brasilia rompiendo equilibrios tácitos de poder en las relacionales latinoamericanas.

De hecho el martes, mientras los ex presidentes chilenos cuestionaban públicamente La Haya, la diplomacia limeña dio otro golpe a Santiago: obtuvo el apoyo de Argentina, en una mediática visita que realizó el Presidente Humala a Buenos Aires.

Moreno se dejó engañar por las “chaquiras” que le dieron (cuentas de vidrios de colores usadas por los españoles para intercambiar por oro y plata en la conquista de América). Luego de las últimas señales dadas por Lima, el Gobierno y Moreno están percatándose que Chile cayó en la trampa peruana. Pero ya es tarde para salir.