Núcleo SER, UNAP cuestionan recortes ministeriales: “Sin ciencias sociales y humanidades regionales no hay desarrollo territorial posible”
Crónicas 14 agosto, 2026 Edición Cero 0
Compartimos declaración pública «Sin Ciencias Sociales y Humanidades regionales no hay desarrollo territorial posible», que emitió el Núcleo políticas públicas para el desarrollo territorial: Sociedad, Estado y Región (SER), de la Universidad Arturo Prat, como respuesta a los nuevos recortes del Ministerio de Ciencia y Tecnología, entre otras cosas, «porque el conocimiento que se adquiere mediante a investigaciones, no pueden medirse en el corto plazo».
«…El problema no es solamente cuánto financia el Estado, sino qué entiende por ciencia y cuál considera su función social», señala el documento, afirmando que la investigación pública «constituye un bien público».
Concluye la declaración: «…La pregunta no es únicamente qué áreas se priorizar, sino también como impactan doblemente estos recortes a la ciencias sociales y humanidades regionales, ya que, privar a las regiones de las capacidades necesarias para producir conocimiento social y humanista propio, equivale a mantenerlas navegando a oscuras y en una condición periférica. Un país que aspira a un desarrollo descentralizado, democrático y territorialmente pertinente necesita comprender que fortalecer la ciencia regional no es un privilegio: es una condición para construir un desarrollo verdaderamente territorial».
DECLARACIÓN COMPLETA
Las recientes declaraciones de la ministra de Ciencia sobre las nuevas orientaciones para los concursos postdoctorales revelan una concepción preocupante de la investigación científica. La ciencia de alto nivel no se construye desde el aislamiento, sino mediante colaboración internacional, redes académicas y circulación de conocimiento. Reducir sus posibilidades de desarrollo bajo criterios estrechos de productividad, en desmedro del financiamiento a becas postdoctorales en ciencias sociales y humanidades, supone desconocer que buena parte de los avances que transforman nuestras sociedades nacen de investigaciones cuyos resultados no pueden medirse en el corto plazo, como es el caso de las ciencias sociales y las humanidades en general.
Por eso, el problema no es solamente cuánto financia el Estado, sino qué entiende por ciencia y cuál considera su función social. La investigación científica constituye un bien público: genera beneficios que exceden ampliamente a quienes la producen o financian directamente. Como ocurre con un faro que orienta a todas las embarcaciones y que ningún naviero tendría suficientes incentivos para financiar por sí solo, la ciencia requiere una inversión pública capaz de producir beneficios colectivos que el mercado no genera espontáneamente.
Esta discusión adquiere una dimensión todavía más grave cuando se observa desde las regiones. Más de la mitad de las adjudicaciones de Fondecyt de Postdoctorado se concentran en universidades y centros de investigaciones de la capital, evidenciando una fuerte centralización de las capacidades científicas y de formación de capital humano avanzado. Por lo que, reducir las áreas elegibles para estos concursos amenaza con profundizar esta desigualdad, particularmente en las ciencias sociales y las humanidades, donde las regiones necesitan desarrollar conocimiento situado sobre sus propias realidades para contribuir a que la generación de bienes públicos sea armónica con el patrimonio y las comunidades regionales.
Para territorios como la macrozona norte, esta cuestión resulta fundamental. La crisis climática, la escasez hídrica, las desigualdades territoriales y las características específicas de sus estructuras productivas y sociales requieren desarrollar conocimiento pertinente y situado, orientado a fortalecer las gobernanzas locales en ámbitos productivos, administrativos, patrimoniales y sociales. Esto resulta fundamental para avanzar en mayores niveles de autonomía regional y promover un desarrollo integral y sostenible de nuestros territorios.
Por lo tanto, y de manera complementaria, la pregunta no es únicamente qué áreas se priorizar, sino también como impactan doblemente estos recortes a la ciencias sociales y humanidades regionales, ya que, privar a las regiones de las capacidades necesarias para producir conocimiento social y humanista propio, equivale a mantenerlas navegando a oscuras y en una condición periférica. Un país que aspira a un desarrollo descentralizado, democrático y territorialmente pertinente necesita comprender que fortalecer la ciencia regional no es un privilegio: es una condición para construir un desarrollo verdaderamente territorial.

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