Mucho antes de la “emergencia”
Opinión y Comentarios 22 julio, 2026 Edición Cero 0

Alejandra Troncoso, jefa social de Hogar de Cristo en Iquique.-
Hay personas que, mientras escribimos alertas y recomendaciones, están tratando de mantener seca una frazada. No tienen dónde “resguardarse”, como repiten los informes meteorológicos, porque el verbo supone una puerta, una pieza, un techo. Frente a este sistema frontal, con lluvias intensas, viento e inundaciones, miles de personas en situación de calle no esperan que pase el mal tiempo: intentan sobrevivirlo.
Lo hacen con nylon, cartones, ropa húmeda y refugios empapados que la ciudad considera basura. Esa precariedad no se queda en la vereda: también mata.
Entre 2020 y 2025 murieron 620 personas en situación de calle: 221 fueron asesinadas, 63 fallecieron por hipotermia y en 163 casos ni siquiera se estableció una causa. Solo en 2025 hubo 119 muertes. No son hechos aislados ni inevitables. Son el resultado de un país que tolera esta exposición durante todo el año y que, cuando llega el invierno, actúa como si acabara de descubrirlas.
Según nuestra experiencia, en Chile hay al menos 40 mil personas viviendo así. No todas duermen en una vereda ni aparecen en los registros. Algunas están en campamentos, quebradas o sectores apartados. También hay personas mayores solas, enfermas, en viviendas precarias, sin calefacción y a kilómetros de cualquier ayuda. A ellas no las encuentra una cámara ni una alerta meteorológica. Hay que ir a buscarlas.
Eso hacen durante estos días nuestras rutas calle y hospederías: salir con abrigo y alimentos, abrir un lugar donde pasar la noche y llegar hasta quienes no pueden pedir ayuda o ya dejaron de esperarla.
El problema es que esa red hoy no da abasto. Los albergues están llenos y nuestros programas trabajan al límite. Necesitamos ayuda ahora para abrir más cupos, ampliar los recorridos y llegar a quienes siguen bajo la lluvia. Una frazada, una comida caliente o una cama no resuelven años de exclusión, aunque esta noche pueden significar algo mucho más urgente: que una persona sobreviva. Cuando el temporal pase y las calles se sequen, no habrá forma honesta de llamar inevitable a una muerte que vimos venir mucho antes de que se declarara la “emergencia”.

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