¿Quién era Prat?
Opinión y Comentarios 21 mayo, 2026 Edición Cero 0
Profesor Haroldo Quinteros Bugueño.-
La guerra de los griegos espartanos y atenienses contra el imperio persa (siglo V a. C) registra un combate que ha pasado a la historia universal como el arquetipo del acto heroico en un contexto de guerra. Un pequeño grupo de griegos espartanos tenía la misión de cerrar el angosto paso de Las Termópilas, que conducía hacia el sur de Grecia, a un enemigo que lo centuplicaba en número de soldados y armas.
Los espartanos, a cuya cabeza estaba su rey Leónidas, fieles al cumplimiento de la misión murieron combatiendo hasta el último hombre, sin rendirse. Obviamente, los vencedores de ese combate fueron los persas, pero el ejemplo de Leónidas y sus 300 soldados fue una victoria mayor por su carácter moral. El ejemplo de Leónidas y los suyos, tras años de lucha, llevó a los griegos a la victoria final.
Arturo Prat Chacón, el arquetipo de héroe mayor de nuestra historia, representa nuestra versión de Las Termópilas. Entonces, una vez más, como lo hace todo el país, honramos la memoria de Prat y los héroes de Iquique, y les rendimos nuestro más profundo homenaje.
No obstante, homenajear al Prat enfatizando solo su figura como héroe militar, como normalmente lo hacen los aparatos castrenses chilenos, no es hacerle verdadera justicia. Para empezar, poco se habla de Prat, en el sentido que según la totalidad de sus contemporáneos, su personalidad fue la de un hombre justo, respetuoso, solidario y leal con todos quienes lo rodearon. Su calidad humana natural lo llevó a abogar en tribunales, sin ningún interés pecuniario, en favor de quienes sabía que era necesario defender. Tampoco se menciona debidamente el hecho que, además de su generoso corazón, era un hombre cultísimo, conocedor de los grandes escritores de la literatura universal de su época, un asiduo asistente a las funciones de ballet, de teatro y sobre todo de ópera que se daban en Santiago y en Valparaíso.
Hay más todavía, así como Leónidas, que dio su vida en cumplimiento de las leyes de su patria, Prat fue en vida un ejemplo de defensa de las leyes del Chile de su tiempo y, aun más que eso, de su perfeccionamiento hacia el sistema ampliamente democrático-representativo. El héroe fue un abogado respetuoso del poder civil. Así lo demuestra en su tesis de graduación al terminar sus estudios de Leyes. En ella, cuyo tema es la legislación en materia de elecciones de la época, sugiere ampliar la cobertura electoral, de modo que los comicios reflejen de verdad la voluntad de la mayoría ciudadana.
Prat no eligió la carrera militar en la edad juvenil adulta. Apenas un niño, sus padres lo matricularon en la Escuela Naval de Valparaíso, donde se graduó como oficial de la Marina. En verdad, su mayor vocación yacía en el mundo civil. Poco antes de la guerra y siendo un hombre de armas en pleno ejercicio, se esforzó estoicamente, sacrificando su salud y su atención a su familia, consiguió el título de abogado, y como lo revelan varias de las cartas que envió a su esposa Carmela durante la guerra, su proyecto de vida era abandonar las armas para ejercer la abogacía apenas hubiese terminado el conflicto bélico.
Su respeto por el poder civil lo revela un hecho ocurrido el día de su examen de grado en la Escuela de Leyes. Había ido allí vestido de oficial de la Marina. Antes de entrar al aula en que lo esperaban sus examinadores, se desprendió del cinturón que sostenía su espada envainada, también de su gorra y los colgó en una percha del vestíbulo. Entró a la sala, hizo una profunda reverencia a sus examinadores y dio su examen, que aprobó en excelente forma.
Este actuar de Prat refleja su adherencia al principio del respeto ciudadano a las leyes y, muy especialmente, a la sujeción de los militares al poder civil. Arma sub civilian imperium debió ser el aforismo latino que tuvo en su conciencia en el momento que enfrentó a sus examinadores sin su espada al cinto. Por lo que aquí expongo, es imposible comparar a Prat con sus congéneres que impusieron en el país una brutal e ilegal dictadura en 1973, los mismos que hasta llegaron a erigir una estatua al golpista José Toribio Merino, uno de los cuatro miembros de la Junta militar que gobernó Chile durante 17 años bajo un régimen políticamente polarizado y opresivo, todo lo contrario a lo que Prat quiso para Chile. Menos aun pueden honestamente rendir homenajes a Prat los oficiales torturadores de la Marina que mataron en horribles tormentos a civiles en la nave que hoy lleva el nombre de la corbeta de la que el héroe fue su capitán.
El ejemplo del héroe, tanto como militar como ciudadano respetuoso de la leyes y del poder constitucionalmente establecido, es lo que debe marcar para siempre el espíritu nacional.

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