La logia del silencio en el Poder Legislativo: un pacto de silencio que vulnera la democracia.
Opinión y Comentarios 20 abril, 2026 Edición Cero 0
Ricardo Balladares Castilla, Sociólogo.-
No, no es el guion de una serie de Netflix. Es la cruda realidad de nuestra provincia con nombre de país. Un grupo de diputados y senadores se reúne todos los miércoles en Valparaíso, en un templo masónico, bajo juramento de no «delatar» a sus hermanos. Allí, después de rituales con mandiles y apretones en clave, conversan de leyes, reformas y coyuntura política. Así lo reveló radio Biobío hace uno días en un reportaje sobre el tema. Y la pregunta es sencilla. ¿Esto es legal, o es simplemente la tumba de la democracia representativa?
Partamos por lo básico. La Constitución dice que la soberanía reside en el pueblo. El pueblo vota por un candidato esperando que defienda sus ideas, no las de una logia secreta. Pero estos señores —de Renovación Nacional, Partido Radical, Democracia Cristiana, y otros— han construido un espacio paralelo al Congreso, donde se jura fidelidad a un código oculto. Y ojo, no se trata de acusar a masones por ser masones. Eso sería tan estúpido como perseguir a un club de fútbol o un centro de madres. El problema es el secreto y su inmedible impacto en las decisiones públicas.
¿Qué dice la ley? La probidad administrativa exige conducta intachable y anteponer el interés general. La Ley del Lobby obliga a registrar cualquier reunión donde se gestionen intereses particulares que puedan influir en una ley. Pero ¿cómo registras una conversación en una logia que por definición es reservada? No puedes. Ahí está la trampa. Se construye una zona gris donde se cocinan acuerdos sin fiscalización. Eso no es masonería, es una práctica incompatible con la República.
Esto no es un mal menor. Es un atentado directo a la legitimidad del voto popular. Cuando usted o yo depositamos el voto, lo hicimos pensando que nuestro representante actuaría en conciencia, mirando a sus electores y a su partido, cuyo programa y principios son públicos. Pero si existe una lealtad previa a «hermanos» de otras bancadas, con rituales y juramentos secretos, el mandato queda viciado de origen. El diputado ya no es un representante libre, es un eslabón de una cadena invisible. Y eso, señores, se llama oligarquía de hecho.
Lo peor es el daño a la confianza. Chile ya viene de una crisis de legitimidad política brutal: dietas elevadas, acusaciones de corrupción, puertas giratorias. ¿Ahora resulta que además los parlamentarios tienen su propia «cámara oscura»? ¿Qué sigue? ¿Que juren por el libro de la ley masónica antes de votar una reforma tributaria? Esto es combustible para la desafección ciudadana. Y con justa razón.
¿Qué debería hacer la ciudadanía?
Primero: NO NORMALIZAR. No caer en el «siempre ha sido así» o «todos lo hacen». Eso es el discurso del conformista, y el conformista es el mejor aliado del corrupto.
Segundo: EXIGIR TRANSPARENCIA INMEDIATA. Cada ciudadano puede escribir a la Comisión de Ética de la Cámara y del Senado (que dejo al final de este artículo)* pidiendo una investigación formal. También se puede solicitar a la Contraloría un pronunciamiento sobre si estas reuniones secretas violan la probidad.
Tercero: ACTIVAR LA LEY DE LOBBY. Cualquier persona puede denunciar ante el Consejo para la Transparencia si tiene indicios de que en esas logias se discutieron proyectos de ley sin el debido registro público.
Cuarto: DIFUNDIR Y PRESIONAR EN REDES. Que cada parlamentario miembro de esa logia sea confrontado: «Señor/a, ¿jura usted lealtad a su partido y a sus electores, o a una logia secreta?» El escarnio público es, a veces, la única herramienta que le queda al ciudadano común.
Quinto: ORGANIZARSE EN COLECTIVOS CIUDADANOS POR LA TRANSPARENCIA LEGISLATIVA. No basta con indignarse en el living de la casa. Se pueden crear peticiones, solicitar audiencias con jefes de bancada y, llegado el caso, evaluar acciones legales colectivas por vulneración del derecho a una representación democrática no viciada.
Finalmente, sin perder el foco. Esto no es una guerra contra los masones. Es una guerra contra el secretismo en la política. Si un grupo de parlamentarios quiere reunirse a filosofar sobre la ética o la hermandad, que lo haga en su casa, con las puertas abiertas y sin tocar leyes. Pero si usan el secreto para influir en votaciones, entonces están robándose algo mucho más valioso que un sobre. Se están robando la voluntad popular.
Chile no puede darse el lujo de tener un Congreso con dos caras. Una pública, que jura transparencia, y otra secreta, que se ríe de ella. La ciudadanía tiene el poder de exigir cuentas. Úselo. Porque si no lo hace, el único mandil que terminará usando será el de la indignación eterna.
*Comisión de Ética y Transparencia de la Cámara de Diputadas y Diputados: tg******@******so.cl
Comisión de Ética y Transparencia del Senado: et*****************@****do.cl
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