PNL, la impunidad como regalo y la inmundicia como cambio Epocal
Opinión y Comentarios 27 julio, 2026 Edición Cero 0
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Ricardo Balladares Castilla, Sociólogo.-
¿Supongo no se habrá olvidado de las risas? Esas que soltaron los iluminados del Partido Nacional Libertario cuando se burlaron de la pedofilia y de los niños con TEA. Eso no fue un lapsus, fue un escupitajo a la cara de cualquier mínimo de decencia. Y lo peor, lo hicieron convencidos de que no pasaba nada. De que el algoritmo y el scroll se tragarían el escándalo antes del desayuno. De que la sociedad, esa masa que ellos desprecian, no iba a reaccionar. Y tienen razón en parte. Aún no reacciona como debiera.
Porque esto no es nuevo. Los mismos que se mofan de los más vulnerables son los que escupen sobre los muertos y desaparecidos de la dictadura, los que llaman “zurdos” a medio país como si fuera un insulto, y los que aplauden cuando su líder Kaiser soltó esa joya de que “violar mujeres feas es un castigo”. No es humor, es declaración de principios. Es el manual del odio con patente.
¿Y qué los ampara? La impunidad. La certeza de que, aunque los funen en redes, al otro día su relato estará en la tele, en el Congreso, con sus curules, sus distritos y sus dietas. Porque lo más terrible no es que sean grotescos, sino que tienen representación significativa en el Parlamento. No son un grupo de tuiteros, son políticos con poder de agenda y de voto. Y eso no es una anécdota, es un síntoma de que la democracia chilena está pariendo una criatura monstruosa.
Y aquí viene lo que duele. Esto no es una mera alternancia administrativa, es un cambio de época. La derecha tradicional, esa que siempre fue pinochetista pero con corbata, les ha cedido el espacio. Los ha validado, los ha cobijado, porque saben que estos muchachos hacen el trabajo sucio que ellos ya no se atreven a hacer en público. Pero el trasfondo es el mismo. El desprecio por el otro, por el disidente, por el que piensa distinto, por los débiles.
Frente a esto, la oposición no puede seguir con su eterna resistencia dispersa y defensiva. Los parlamentarios, los extraparlamentarios y los antiparlamentarios tienen que entender que el enemigo es uno solo y que no se combate con declaraciones ni con protocolos. Se combate con ofensiva conjunta, con estrategias combinadas, con calle y con ideas, con denuncia y con propuesta. No podemos darnos el lujo de esperar que se moderen solos, porque no lo harán. La sombra del poder y la impunidad los vuelve osados, y la osadía los vuelve peligrosos.
Así que, señores libertarios, sigan riéndose. Pero sepan que hay quienes no nos reímos, quienes miramos sus caras y sus tuits y los archivamos en la memoria. Porque la historia no recuerda a los que se burlan, sino a los que resisten, enfrentan y construyen. Y aquí, en esta nueva época, la ofensiva es la única resistencia que vale.
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