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Cristian Sánchez López, Ingeniero Civil en Minas y académico U. Central.- Chile posee recursos que el mundo necesita para construir el futuro. El cobre... Del recurso al conocimiento, la estrategia pendiente de Chile

Cristian Sánchez López, Ingeniero Civil en Minas y académico U. Central.-

Chile posee recursos que el mundo necesita para construir el futuro. El cobre impulsa la electrificación global, el litio sostiene las baterías, los salares concentran una riqueza frágil, el sol y el viento abren posibilidades energéticas y el Pacífico conecta al país con Asia.

Sin embargo, esa abundancia no garantiza desarrollo por sí sola. La ventaja natural solo se vuelve poder cuando un país logra transformarla en conocimiento, tecnología, industria y capacidad de decisión. Debemos dejar de mirar nuestros recursos como simples exportaciones y comenzar a gobernarlos como base de soberanía.

Durante décadas, Chile creyó que exportar recursos, atraer inversión y mantener estabilidad bastaba. Ese camino permitió crecimiento, pero dejó una pregunta abierta. ¿Qué queda después de cada ciclo alto? Si queda solo recaudación y exportación, la riqueza pasa sin transformar al país. Si quedan universidades regionales, innovación y proveedores, el recurso se vuelve aprendizaje nacional.

El royalty minero es un avance, pero su valor dependerá de si financia conocimiento. El diagnóstico exige realismo. Chile no será una potencia industrial clásica ni competirá con China, Estados Unidos o Europa. Su mercado es pequeño y su atraso tecnológico es real.

Reconocerlo no implica resignarse, sino repensar todo. No necesita dominar toda la cadena, sino controlar nodos estratégicos donde sí tiene ventaja. En litio, extracción sustentable y reciclaje. En cobre, refinación limpia y servicios tecnológicos.

Chile debe vender, pero también exigir valor agregado, tecnología, inversión regional y respeto ambiental. Cada contrato debería responder una pregunta. ¿Qué capacidad quedará cuando el recurso salga? El Estado debe coordinar empresas públicas, universidades, regiones y comunidades.

Si Chile no cambia, seguirá teniendo litio, cobre, sol y viento, pero dependerá de otros para convertirlos en baterías, tecnología eléctrica e industria. La decisión es profunda: vender futuro en bruto o transformar la riqueza natural en conocimiento, dignidad regional y soberanía real.

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