Pedro Oróstica Codoceo.-
Cuando se habla de reapertura de relaciones diplomáticas entre Chile y Bolivia, encuentro para ello, un lugar con alta pertinencia: Iquique, capital regional. Esto, porque ya en 1906, desde Tarapacá, se solicitaba a las autoridades centrales la construcción de un ferrocarril que nos uniera con Bolivia.
El objetivo, establecer otros medios productivos que superaran la dependencia de un único elemento en la economía regional: el salitre. No hubo eco a lo propuesto. La crisis salitrera fue devastadora para la región. En la década de 1930, se suma la petición de un camino que uniera Iquique con Oruro.
Las promesas fueron variadas pero no cumplidas. A finales de la década de 1950, comienza a instalarse la industria de la harina de pescado, la cual declinaría algunos decenios más adelante. Nueva crisis con “ollas comunes” para la población local. Se repite el factor de quiebre: una economía primaria extractiva. Era evidente la necesidad de diversificar.
En 1964, surge Jorge Soria Quiroga, alcalde de la Municipalidad de Iquique. De una pasantía en EE.UU, regresa con la idea de integrar los océanos Atlántico y Pacífico, pero en el plano sudamericano; tal como lo observó en ese país. Esto, alcanzable a partir de carreteras bioceánicas, con sostenibles aportes económicos, comerciales, turísticos, culturales.
De ahí que Bolivia fue el primer país del Cono Central de Sudamérica, en conocer de sus gestiones paradiplomáticas. Sistemáticos encuentros con autoridades locales y nacionales bolivianas y chilenas, llevarían a la construcción de la ruta internacional Iquique – Oruro; primer tramo del “Corredor Bioceánico Iquique – Santos”, hoy asfaltado y operativo. Inaugurado el 2010 por los presidentes de Chile, Bolivia y Brasil. Igualmente merece mención el denominado “Corredor Bioceánico Central” que parte de Iquique, atraviesa Bolivia, Paraguay, llegando al puerto brasileño de Paranaguá.
Hoy la carretera Iquique – Oruro, es la principal ruta económica comercial que hace de Bolivia el mayor comprador de la Zona Franca de Iquique S.A. Es loable reconocer que las gestiones para su construcción, las realizó en plena Guerra Fría y en momentos en que Chile y Bolivia tenían cortadas sus relaciones diplomáticas. Es recordable que, éstas se encuentran suspendidas desde 1962 a la fecha.
No obstante, se produjo un lapsus excepcional entre los años 1975 y 1978. Hoy, a la vuelta de más de 60 años, han surgido voces en ambos lados, buscando propiciar el reinicio de las relaciones. El 29 de enero de 2026 en Panamá, conversaron los presidentes Paz y Kast al respecto.
Ahora, son los ministros de Relaciones Exteriores quienes tienen el tema en sus manos. En este sentido Francisco Pérez Mackenna acordó con su similar boliviano Fernando Aramayo “siete ejes de colaboración estratégica: conectividad, comercio, migración, seguridad, recursos hídricos e hidrocarburos, integración fronteriza y energía.”
De prosperar este esfuerzo diplomático, podrán instalarse embajadas tanto en La Paz como en Santiago, que superarán a las actuales relaciones consulares. Este avance, y, de lograrse vínculos fuertes en ambos países, se infiere que traerá considerables y mutuos beneficios para Chile y Bolivia, en el contexto de un acuerdo necesario y práctico.

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