Mario Zolezzi Velásquez, Historiador y cronista.-
En Iquique, en 1897, se formó la Compañía Minera de Carabaya y Sandia, con un capital de 20 mil libras esterlinas, con el objeto de adquirir y explotar yacimientos de oro, ubicados en lugares del departamento de Puno, sur del Perú.
Diez años más tarde, 1907, en esta ciudad se organizó otra sociedad por ese mismo capital en moneda británica, para explorar y explotar petróleo en terrenos de la cuenca del vasto lago Titicaca, en el mismo departamento de Puno.
Los capitalistas locales creyeron hacer un buen negocio. En la parte norte del Perú ya se explotaba hidrocarburo. En ese tiempo no existía la avanzada técnica actual para hallar con certeza esa riqueza. La fortuna no acompañó al Sindicato de Petróleo de Iquique.
En los primeros años de la primera década del siglo pasado, se inició la fiebre por la explotación de la riqueza cuprífera del distrito de Collahuasi, en el altiplano tarapaqueño, a 4.500 mts. de altitud. El entusiasmo dio lugar a la creación de numerosas compañías con diversos montos de capital, lo que activó el trabajo de abogados, notarios, conservador de minas, publicaciones legales en la prensa. Habría más fuentes de trabajo.
Sin embargo, solo dos empresas alcanzaron notariedad en la explotación: la Grande Collahuasi y la Poderosa de Collahuasi. En la primera figura como uno de sus organizadores Ángel Priaroni, familiar de mi padre. Más tarde esas dos compañías se fusionaron. El cobre que se extrajo allí no pasa ser más que un » raspado» a lo que hoy se explota.
Iquique continuaba viviendo del «oro blanco», muchos residentes poseían acciones en compañías salitreras y ferroviarias, recibiendo dividendos por las utilidades obtenidas. En Chile no existía el impuesto a la renta, para eso estaba la renta del salitre, la llamada vaca lechera de la hacienda pública.
En los círculos sociales donde era infaltable hablar de negocios, corrió la noticia de la posibilidad de hacer un lucrativo emprendimiento, no se trataba de salitre, cobre, tampoco estaba en Tarapacá ni otra parte del país. Se relacionaba con petróleo y este podía hallarse en un área territorial peruana del lago citado.
Todo proyecto de inversión tiene que ir acompañado con un prospecto o folleto explicativo de riesgos, ganancias y antecedentes de la empresa. Se sabía que había una compañía estadounidense en porfiadas faenas petroleras en la cuenca lacustre. Tal vez este detalle podría atraer más la atención de esos potenciales inversionistas.
Reunidos los interesados, después de estudiar detenidamente el proyecto presentado, acordaron formar una compañía con el nombre de Sindicato, con capital de 20 mil libras esterlinas , que tenía una subida equivalencia en papel Moneda Todavía no se volvía al régimen metálico u oro.
En el grupo de organizadores del Sindicato Petrolero de Iquique se destacan súbditos de Su Majestad Británica: C. Noel Clarke, salitrero, cónsul; William Hardie, salitrero; James Humberstone, salitrero; Alfredo Syers Jones, salitrero; James Mayne Nicholls, salitrero. Además: Segismundo Gildemeister, salitrero alemán; Gil Galte, salitrero francés. Mr. Clark y Mr. Hardie iban a tener un papel decisivo en la represión de la Huelga pampina de diciembre de 1907.
Luis Vergara y Vergara, abogado y director de El Nacional, como representante del Sindicato, Pablo E. Llona, que presentó el negocio, y el ingeniero Juan Carabantes San Román, se dirigieron al puerto de Mollendo y de allí viajaron hasta la zona del lago Titicaca.
Al verse los malos resultados, la iniciativa fue abandonada. Posteriormente, en 1911, un geólogo chileno que hizo un viaje de estudio en esa zona del lago, refiere que allí solo se lamentaba que no hubiera durado más tiempo “esa fina lluvia de oro que iba de Chile a algunos negocios de Juliaca, Pusi y Puno”.
Agrega el profesional que allí no quedaba más que una magnífica máquina de sondaje y accesorios abandonados. Y recalcaba como consejo que creía que en ese lugar jamás se hallaría petróleo rentable.
Este fue el desafortunado resultado de la ilusión petrolera de un grupo de personajes de Iquique que creyó que la diosa fortuna los iba a favorecer en hallar un buen depósito del combustible que posteriormente será el oro negro.

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