Hugo Gutiérrez: el heredero necesario del sueño sorista en Tarapacá
Opinión y Comentarios 23 agosto, 2025 Edición Cero 0
Ricardo Balladares Castilla, sociólogo y analista político.-
La región de Tarapacá se encuentra en un momento decisivo. Tras décadas de lucha por la autonomía, integración internacional y el desarrollo con justicia social, el proyecto sorista -encarnado por Jorge Soria Quiroga- ha demostrado que es posible construir poder desde lo local, con una visión geopolítica audaz y un compromiso inquebrantable con los sectores populares.
Sin embargo, los tiempos cambian, y las conducciones también. Hoy, ante el retiro inevitable de Soria del Senado, surge una figura capaz de recoger su legado y proyectarlo con nueva fuerza: Hugo Gutiérrez.
Gutiérrez no es un recién llegado. Su trayectoria como diputado y convencional constitucional por Tarapacá lo ha consolidado como un defensor tenaz de los derechos humanos, la soberanía popular y la justicia social. Su nombre evoca la lucha contra la impunidad y la corrupción, la defensa de los trabajadores, la protección del patrimonio inmaterial regional y una postura firme frente al centralismo santiaguino. En ese sentido, encarna como nadie la lectura popular del sorismo: aquella que entiende la política como un instrumento de redistribución del poder y la dignidad.
El sorismo nunca fue solo un proyecto municipal o una gestión eficiente; fue, sobre todo, una apuesta por la emancipación regional. Hugo Gutiérrez comprende esto en profundidad. Su trabajo en la Convención Constitucional refleja una mirada descentralizadora y plurinacional que dialoga directamente con el ideario sorista de integración subnacional y justicia territorial. No se trata de repetir consignas, sino de actualizar el proyecto a los nuevos desafíos políticos y sociales.
Además, Gutiérrez representa una convergencia natural entre el sorismo histórico y las fuerzas de izquierda transformadora que hoy conforman Unidad por Chile. Su candidatura al Senado puede unir bajo un mismo techo programático a sectores que históricamente han competido entre sí, pero que comparten un enemigo común: el modelo neoliberal extractivista y centralista que ha postergado a Tarapacá por décadas.
Frente a la diversidad de la izquierda-centroizquierda y la amenaza constante de la extrema derecha, la figura de Gutiérrez emerge como un puente. Es un candidato que puede aglutinar voluntades dispersas, desde el Frente Amplio hasta sectores del PS y el PC, pasando por las bases soristas que aún esperan una conducción clara y con arraigo popular. Su legitimidad no viene de los aparatos, sino de las luchas concretas.
No se puede ignorar el simbolismo de que sea él quien herede la bancada de Soria en el Senado. Representa la continuidad de un proyecto que siempre se entendió como colectivo, aunque tuviera un liderazgo visible. Gutiérrez no viene a reemplazar, sino a profundizar: a llevar el sorismo desde la trinchera municipal hacia la arena nacional, sin perder su esencia regionalista.
En un escenario donde la derecha avanza con discursos de orden y falsa prosperidad, la voz de Gutiérrez es antídoto y alternativa. Su defensa de los derechos sociales, su crítica al abandono de las regiones y su compromiso con una democracia participativa son coherentes con el relato sorista, pero lo enriquecen con una capa adicional de rigor jurídico y constitucional.
La elección senatorial no será fácil. Tarapacá es un territorio de votaciones ajustadas y lealtades disputadas. Pero Gutiérrez cuenta con un capital político acumulado en años de trabajo en el territorio y una imagen de consecuencia que trasciende las siglas partidistas. Es, en muchos sentidos, el candidato que el sorismo popular y verdaderamente regionalista necesita: uno que pueda hablarle al país sin dejar de mirar a Iquique.
Su llegada al Senado significaría llevar la voz de Tarapacá con autoridad moral y propuesta concreta. Sería la oportunidad de traducir en el Senado las demandas históricas por descentralización real, protección de los recursos naturales, desarrollo económico y justicia social para los más vulnerables. Gutiérrez no iría a ocupar un sillón, iría a disputar el sentido de Chile desde el norte grande.
Por todo ello, apoyar la candidatura de Hugo Gutiérrez al Senado por Tarapacá no es solo un acto de justicia política; es una apuesta estratégica por la sobrevivencia y renovación de un proyecto regional y popular que no puede darse el lujo de desaparecer. Él es el heredero natural del sueño sorista. Y Tarapacá, ahora más que nunca, necesita que ese sueño se haga ley.

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